La interpretación en el psicoanálisis y en la hermenéutica1

Juan Vives Rocabert*

e-mail: jvives@data.net.mx

Entendemos como interpretación aquello que pretende dar cuenta, siempre parcial, acerca del sobrante de significado que toda manifestación comunicacional contiene; es, por tanto, una aproximación –una entre tantas– y siempre con la característica de promulgarse como una hipótesis de trabajo rectificable o susceptible de ampliación conforme se van teniendo más elementos de juicio. Uno de los aspectos centrales en el problema de la interpretación es que nadie puede pretender decir la última palabra sobre lo que ocurre en la mente de otros, ni siquiera, como sabemos desde Freud, sobre lo que ocurre en el psiquismo propio.
Tradicionalmente, la interpretación es una materia estudiada, desde el inicio de los tiempos históricos, por la hermenéutica. El término hermenéutica nos remite a conceptos referidos a la expresión de un pensamiento, a la explicación e interpretación del mismo. Se trata de un arte o ciencia que en el medioevo servía para la interpretación de las Sagradas Escrituras. La aplicación más común de la hermenéutica es sobre los productos de otras personas, pero puede dedicarse, como lo hizo Freud, a los propios.
El psicoanálisis vendría a ser una de las aplicaciones de la hermenéutica centrada ahora en el desciframiento del inconsciente. Psicoanalíticamente hablando, la interpretación es un instrumento técnico al servicio de su aplicación terapéutica con el fin de hacer consciente lo que antes era inconsciente, fórmula complementada en la segunda tópica con el agregado de que sirve para promover un cambio estructural gracias al cual donde era el Ello ahora adviene el Yo. Sin embargo, también se aplica el método interpretativo con el fin de iluminar nuestra concepción sobre diversos productos de la cultura y la creatividad humanas.

- I -

Los estudios hermenéuticos tienen una larga historia que se remonta a los tiempos de la Grecia clásica, y nos conectan con una tradición que nos lleva a sus comienzos en la interpretación de los textos homéricos y de otros poetas; de ahí se aplicó a los textos platónicos y sus famosos diálogos en los que Sócrates utilizaba el método dialéctico con el fin de sacar a relucir la verdad en sus interlocutores; también a la Retórica de Aristóteles cuando analizaba los textos literarios, y a su Poética en donde habla del arte de la interpretación. Un poco más adelante, la escuela filológica alejandrina inicia los esfuerzos tendientes a sistematizar un método para la interpretación, basado en la comprensión íntima del idioma, posición con la que de inmediato rivalizó la escuela filológica de Pérgamo donde Crates de Mallos propugnó por la interpretación alegórica. Este tipo de rivalidad vuelve a surgir en la edad media en relación a la interpretación del Antiguo y Nuevo Testamento. De esta pugna surgieron las primeras teorías hermenéuticas de que se tiene noticia. Durante el renacimiento, la filología, la hermenéutica y la crítica entran en una etapa superior, desembocando en la obra de Flacius quien recoge en un sistema doctrinal coherente todo el conjunto de reglas interpretativas encontradas hasta entonces. Así, junto con la corriente que propugna una interpretación gramatical de los textos, Flacius es el primero que opone la importancia del principio psicológico o técnico de la interpretación según la cual “habrá que interpretar los diversos pasajes según la intención y la composición de toda la obra” (Dilthey, 1900a, p. 329). De esta forma, es el primero que recurre al principio de congruencia de las diversas partes que componen una obra, por lo que dice que “de una manera general, las diversas partes de un todo se hacen inteligibles por su relación con este todo y sus demás partes” (citado por Dilthey, 1900a, p. 330).
Las deficiencias formales en la sistematización de Flacius fueron corregidas por Baumgarten quien adiciona el punto de vista etnográfico para la interpretación del Antiguo Testamento. Por su parte, Smeler y Michaelis fueron quienes aplicaron por primera vez una visión histórica del lenguaje, por lo que redujeron la ciencia hermenéutica a dos partes: interpretación por el uso del lenguaje y por las circunstancias históricas, liberando esta disciplina de las rigideces dogmáticas que la escuela histórico-gramatical había impuesto.
Fueron estas las condiciones que privaban dentro de la hermenéutica cuando apareció la figura decisiva de Schleiermacher, quien dio un importante paso al trasladar el centro de atención desde la cuestión de las reglas de la hermenéutica hasta el análisis del comprender. Desde esta perspectiva, toda interpretación de obras escritas descansa en el desarrollo técnico del proceso de comprender que se extiende sobre toda la vida y que se refiere a todo género de discurso y escrito. Entender la íntima relación entre comprensión y producción promueve, lógicamente, la fundamentación del método de la interpretación así como sus límites. Desde las teorías psicológicas de este autor, las diferencias individuales no se hallan condicionadas por diferencias cualitativas de las personas, sino por diferencias de grado en sus procesos psíquicos –tesis retomada luego por Freud al abolir las tajantes diferencias de la psiquiatría clásica entre la enfermedad mental y la salud.
Como podemos ver, Schleiermacher acude a una noción muy cercana a lo que más tarde Jung denominará inconsciente colectivo o a las teorías freudianas sobre la transmisión lamarckinana de la tradición cultural, con el fin de sustentar un sustrato mental común a todos los seres humanos gracias al cual se hace posible la comprensión de los productos mentales y estados emocionales existentes en la mente del otro. La comunidad universal de los procesos mentales sería lo que hace posible el “adivinar” mucho de lo que el otro ha tenido en mente al hablar o al producir un texto –verbal, plástico, musical o de otro tipo.
Schleiermacher, adelantándose a Freud en varias décadas, piensa que todas las partes de un producto psíquico están interconectadas entre sí; por lo tanto, la relación de las partes con el todo y del todo con cada una de sus partes resultará una regla esencial del proceder hermenéutico. De manera paralela, este método se descompone conceptualmente en los dos aspectos contenidos en toda forma de comprensión del lenguaje: la interpretación gramatical y la interpretación psicológica. En última instancia, nos dice este autor, la finalidad última del método hermenéutico consiste en comprender al autor mejor de lo que él mismo se comprendió. No es necesario abundar más para entender que este tipo de hipótesis hermenéutica está basada en una teoría que contempla los aspectos inconsciente de toda creación.
Más adelante, Dilthey enfatizará aún mas la dimensión histórica y psicológica del arte hermenéutico, insistiendo sobre la necesidad de un amplio estudio de toda la obra sujeta a interpretación, de una familiaridad con los aspectos biográficos del autor y, en otros términos, sobre la necesidad de una lectura empática de los textos sujetos a investigación. También hace énfasis sobre el hecho de que la interpretación es una obra de arte altamente personalizada, por lo que su aplicación descansa más en la genialidad del intérprete que en la aplicación metódica de reglas; de ahí que Dilthey hable, en ocasiones, de los aspectos “adivinatorios” de la interpretación. También para este autor, el comprender está en la base de todo intento de aplicación de la hermenéutica, ya que la posibilidad de captar el pensamiento del otro es uno de los problemas gnoseológicos más profundos. Para Dilthey, como antes para Schleiermacher, la posibilidad de la comprensión del otro está sustentada en que no existe ninguna manifestación individual del otro que no pueda hallarse contenida en la vida mental de quien trata de aprehenderla. A partir de esta comunidad universal de los modos de funcionamiento mental, Dilthey extrae las posibilidades del comprender y, consecutivamente, del interpretar. Dado que en todos los seres humanos se dan operaciones lógicas semejantes, la inducción, el análisis, la construcción y la comparación tienden a ser procesos hermanados por un común denominador que es la expresión verbal. Otra de las consecuencias lógicas de sus postulados, le hacen asumir las propuestas de Schleiermacher y su acuerdo sobre la necesidad de comprender al autor mejor que él mismo. “No se trata –nos dice– de un pensamiento abstracto sino de una conexión inconsciente que opera en la organización de la obra y que se comprende partiendo de su forma interior...” (Dilthey, 1900b, pp. 341-2).
Finalmente, llegamos a la época actual en la que imperan, entre otras, las concepciones de Hans-Georg Gadamer (1975, 1986), Paul Ricoeur (1965, 1969, 1976) y, en una dimensión distinta, Jacques Derridá (1967). Gadamer, quien continúa en mucho el pensamiento del “último Heidegger”, ha enfatizado el aspecto ontológico de la hermenéutica por lo que sus indagaciones no están tan centradas en el comprender como sobre una teoría de la experiencia humana acerca del acto del comprender; de ahí su énfasis en la tradición de la que se parte y de los prejuicios que operan como resistencia del acto del comprender. Estas resistencias que preceden a todo acto comprensivo hacen que el sujeto necesite ponerse en un estado de suspensión de todo juicio con el fin de acceder a la experiencia interna del acto cognoscente –concepto que muchos años después desarrollará Bion dentro del campo del psicoanálisis cuando propugna enfrentar la sesión analítica sin deseo y sin memoria. Paul Ricoeur, partiendo de la fenomenología husserliana, aunque criticando su postura idealista, y acercándose al campo psicoanalítico y al estructuralismo, desarrolla una hermenéutica donde interpretación e explicación se entretejen dialécticamente con el fin de superar las insuficiencias de cada una de ellas. Derridá, por su parte, muy cercano a ciertas posturas de Nietzsche (quien es el autor de la sentencia “no existen hechos, sólo interpretaciones”2), ha intentado aplicar los métodos hermenéuticos al estudio de la literatura y de la crítica, mediante sus postulados sobre la desconstrucción (Ferrater Mora, 1979).

- II -

Desde la perspectiva de nuestra disciplina, la interpretación es, para muchos, el instrumento por excelencia del psicoanálisis. En estricto sentido, se refiere a un término técnico que hace referencia a una de las muchas formas en las que un analista puede intervenir en el curso de un tratamiento, y comparte su importancia con otras intervenciones como la construcción, la confrontación, la explicitación, la orientación de carácter pedagógico y otras más.
El psicoanálisis, con su énfasis definitivo sobre la interpretación, comparte un campo común con otras teorías hermenéuticas también basadas, como el método terapéutico y de investigación de Freud, en el arte o la ciencia de la interpretación.
Sin embargo, más allá de la comunidad de intereses que se empalman entre los dos campos mencionados –psicoanálisis y filosofía– existen también una serie de diferencias sustantivas entre la interpretación que se lleva a cabo durante el tratamiento psicoanalítico (y que puede formar parte o no, de un protocolo de investigación, con un diseño de estudio de caso único, Fonagy et al., 1999) y las otras interpretaciones que se desprenden de los distintos métodos hermenéuticos, desde Schleiermacher hasta Ricoeur, pasando por Dilthey y Gadamer.
Para comenzar, señalaré un aspecto diferencial de tipo instrumental que establece una distinción fundamental entre ambas formas de conceptualizar la interpretación. Por una parte, las distintas posturas filosóficas enfatizan que el objeto de estudio de la hermenéutica son los textos –incluso autores como Schleiermacher y Dilthey han expresado que el método hermenéutico tiene su campo de aplicación sobre textos escritos. De la lectura de Ricoeur se desprende que la noción de texto puede ser ampliable a otros productos más allá del registro escrito de un pensamiento, como pueden ser las obras plásticas, los textos musicales, los mitos transmitidos por tradición oral y todo tipo de signos. Sin embargo, la característica de todos estos textos está en sus aspectos de permanencia y fijeza. Por el contrario, la interpretación psicoanalítica pensada como instrumento de la técnica, es decir, tomada en consideración desde la dimensión terapéutica del psicoanálisis, está basada en elementos dialogales y fugaces, en el discurso del paciente y en la transitoriedad del fenómeno transferencial-contratransferencial, siempre cambiante y fluente como río heracliteano.
Otro aspecto diferencial de primera importancia entre los métodos hermenéuticos de las diversas concepciones filosóficas y las interpretaciones psicoanalíticas reside en el sitio en el que se sitúa el saber. Las diversas y a veces controversiales posturas hermenéuticas, coinciden, sin embargo, en situar al conocimiento del lado del intérprete: son las investigaciones del sujeto cognoscente de un determinado texto lo que deriva en la interpretación o interpretaciones del mismo. De ahí que las posibilidades de las interpretaciones complementarias correspondan y se multipliquen hasta abarcar el mismo número de potenciales lectores e interpretes de la obra en cuestión. Dicho en otras palabras, las asociaciones en torno del texto corresponden a las del intérprete o exégeta del mismo, ya que los textos –cualquiera que sea su carácter– por su fijeza y permanencia, no pueden “aportar” nada que no esté allí de antemano. El arte del intérprete estará determinado por la meticulosidad de sus búsquedas y su capacidad para comprender e interpretar desde lo que ha logrado integrar, relacionar, diferenciar, a partir de un procedimiento que lo remite de las partes del texto al todo de la obra; desde lo escrito con lo ocurrido con el autor durante su existencia, pero siempre desde el criterio del propio investigador y a partir de las asociaciones mentales del intérprete. En psicoanálisis, por el contrario, la investigación parte y culmina con el sujeto mismo de la enuciación del discurso; es decir, la interpretación se basa en el conocimiento derivado como resultado de las asociaciones e indagación del propio hablante y no en las de su analista.3
El psicoanálisis es una hermenéutica de lo efímero, de lo inasible; en este sentido es profundamente heracliteano. La interpretación psicoanalítica, como bien lo sabe todo analista y todo supervisor, es una disciplina del a posteriori, a toro pasado: el discurso del paciente o la interpretación del analista es una materia con la consistencia inapresable del agua que nunca más ha de pasar por debajo del mismo puente. Al mismo tiempo, está basado en una hermenéutica auténticamente dialéctica, viva, en el sentido del diálogo socrático cuya mayéutica nos remite a la metáfora de una comadrona cuya tarea es la de ayudar al otro a parir sus propias ideas. Por el contrario, toda tentación de adoctrinación por parte del psicoanalista cancela cualquier ulterior posibilidad de psicoanálisis. Como podemos ver, si algo caracteriza al procedimiento psicoanalítico y al uso de la interpretación dentro de esta disciplina, es la centralidad del proceso gracias al cual el paciente se aventura por la senda que conduce a la adquisición de esa difícil libertad del pensar por si mismo.
Por el contrario la hermenéutica aplicada a los textos, tal como la han propugnado Schleiermacher, Dilthey, Gadamer, Ricoeur y Derridá, es un procedimiento esgrimido sobre un producto fijo, rigidizado, muerto podríamos decir, por lo que no tiene la capacidad de réplica.4 Sin embargo, el estudio del texto tiene la gran ventaja y virtud de que se puede volver a él una y mil veces, siempre está allí esperando la ocasión de que podamos leer más profundamente en él, o que advirtamos nuevas conexiones antes no vislumbradas.
El psicoanálisis tiene la virtud de ser un proceso vital, fluente y auténticamente dialéctico, pero con la desventaja de lo efímero e inapresable. La hermenéutica de textos tiene la ventaja de poder volver siempre al texto, de ampliación –potencialmente al infinito– de las perspectivas previas, de que puedan acudir nuevas ideas sobre lo mismo. Es un procedimiento siempre susceptible de una nueva revisión crítica. Tiene la desventaja de tener como objeto de su indagación y comprensión un producto muerto e inerte, por lo que sólo resulta aplicable en materiales estáticos, acabados –y pensamos que hay que enfatizar ambos sentidos de dicho término.
Un texto no puede rectificarse, está inerme ante nuestro deseo: podemos distorsionarlo, utilizarlo torcidamente o, por el contrario, extraer de él contenidos de una riqueza insospechada por su creador. Lo último constituye su más noble y valiosa virtud, pero lo primero representa un peligro del que Freud nos advirtió cuando hacía la crítica de los onirocríticos que hacían derivar sus interpretaciones de las asociaciones del intérprete, en vez de sustentarse en las del soñante. Esto no ocurre o queda considerablemente reducido en el caso de la dialéctica del proceso psicoanalítico durante la cual el deseo del intérprete-analista puede ser formulado y expresado como interpretación, incluso puede pretenderse imponerlo. Sin embargo, si esta no coincide con las representaciones psíquicas del paciente o no está referida a su realidad fáctica, dicha interpretación será rectificada por el paciente, o por lo menos ignorada; y esto sucede incluso cuando se halla sometido a la poderosa influencia de la transferencia y sus afectos positivos le hacen proclive a aceptar cualquier cosa que venga de su analista para agradarle y, de esta forma, congraciarse su cariño. Los clásicos trabajos de Freud sobre la validación de las interpretaciones y las construcciones, son un claro ejemplo de esta imposibilidad de adoctrinamiento de los pacientes. Esta posibilidad de validación o falseamiento es única en el campo de la hermenéutica psicoanalítica.
Para terminar, quiero recordar un ejemplo donde la interpretación del discurso de un paciente es interpretado distorsionadamente por su analista y rectificado luego por el propio emisor del discurso: durante el tratamiento de Hilda Doolittle, en una ocasión, Freud –de 77 años– abre una sesión con Hilda –de 47 años– diciéndole: “Estaba pensando en lo que me ha dicho, que no vale la pena amar a un anciano de setenta y siete años”; a lo que su paciente agrega: “Yo no dije que no valiera la pena, dije que tenía temor” (Assoun, 1993, pp. 124-125).
A manera de conclusión, podríamos decir que al evaluar los resultados de la dinámica y génesis de las interpretaciones que se ofrecen en el curso de un tratamiento psicoanalítico, así como las que se proponen como resultado de la aplicación de alguna de las metodologías de corte hermenéutico, podemos advertir que son formulaciones metodológicas complementarias. Las sesiones psicoanalíticas pueden ser vistas como textos sujetos a una tarea de desciframiento –como de hecho propone Ricoeur– y los textos escritos cobran vida si seguimos con rigor la metodología propuesta por los hermeneutas modernos. Al final podemos entender que, de hecho, cada uno de los enfoques estudiados permite superar las deficiencias del otro, principalmente en lo referente en la investigación de los resultados y los procesos del tratamiento psicoanalítico.

Resumen
Se entiende la interpretación como aquello que pretende dar cuenta acerca del sobrante de significado de toda comunicación. Tradicionalmente, la interpretación ha sido el objeto de estudio de la hermenéutica, materia que comenzó desde los tiempos de la Grecia Clásica, luego se concentró en la interpretación de los textos de las Sagradas Escrituras, para posteriormente ser sistematizada por Schleiermacher quién trasladó el centro de atención al análisis del comprender, ya que pensaba que todas las partes de un producto psíquico están interconectadas entre sí. Posteriormente Dilthey hará un mayor énfasis sobre la dimensión histórica de la interpretación, por lo que todo estudio hermenéutico deberá abarcar toda la obra del autor y los aspectos biográficos de su vida con el fin de estar en condiciones de realizar una lectura empática de los textos. Finalmente, Gadamer, Ricoeur y, en una dimensión distinta, Derridá, establecen distintas metodologías para llevar a cabo lecturas hermenéuticas. Posteriormente, se recuerda que el psicoanálisis había sido definido por Freud como el arte o la ciencia de la interpretación y que la teoría de la cura psicoanalítica está basada en sus aspectos más fundamentales sobre la interpretación. A partir de estas definiciones se establecen las diferencias formales entre la aplicación de la interpretación desde las diversas metodologías hermenéuticas, en las que ésta está sustentada en las asociaciones del intérprete, y la interpretación en psicoanálisis, que está basada en las asociaciones de analizando.
Palabras clave: Interpretación, métodos hermenéuticos, psicoanálisis.
Summary
The interpretation is understood like that, that seeks to give bill about the surplus of meaning of all communication. Traditionally, the interpretation has been then the object of study of the hermeneutic, matter that began from the times of the Classic Greece, it concentrated on the interpretation of the texts of the Sacred Writings, for later on to be systematized by Schleiermacher who transferred the center of attention to the analysis of understanding, since he thought that all the parts of a psychic product are interconnected to each other. Later on Dilthey will make a bigger emphasis on the historical dimension of the interpretation, for what all hermeneutic study will embrace the author's work and the biographical aspects of his life with the purpose of being under conditions of carrying out a reading of the texts. Finally, Gadamer, Ricoeur and, in a different dimension, Derridá, establish different methodologies to carry out hermeneutic readings. Later on, it is remembered that the psychoanalysis had been defined by Freud like the art or the science of the interpretation and that the psychoanalytical cure’s theory is based on its more fundamental aspects about interpretation. Starting from these definitions, the formal differences settle down among the application of the interpretation from the diverse hermeneutic methodologies, in those that this is sustained in the interpreter's associations, and the interpretation in psychoanalysis, which is based on the analyzand’s associations.
Key words: Interpretation, hermeneutic methods, psychoanalysis.

Bibliografía

ASSOUN, P.-L. (1993). Freud y la mujer. Trad. Pablo Betesh, Buenos Aires: Ed. Nueva Visión, 1994.
DELEUZE, G. (1967). Nietzsche y la filosofía. Trad. Carmen Artal, Barcelona: Ed. Anagrama, 5» ed., 1998.
DERRIDA, J. (1967). La escritura y la diferencia. Trad. Patricio Peñalver, Barcelona: Ed. Anthropos, 1989.
DILTHEY, W. (1900a). Orígenes de la hermenéutica. En: Obras de Wilhelm Dilthey, Vol. VII: El mundo histórico. Trad., prólogo y notas de Eugenio Imaz, México: Fondo de Cultura Económica, 1978, pp. 321-336.
DILTHEY, W. (1900b). Comprensión y hermenéutica. En: Obras de Wilhelm Dilthey, Vol. VII: El mundo histórico. Trad., prólogo y notas de Eugenio Imaz, México: Fondo de Cultura Económica, 1978, pp. 337-342.
FERRARIS, M. A. (1998). La hermenéutica. Trad. de José Luis Bernal, México: Ed. Taurus, 2000.
FERRATER MORA, J. (1979). Hermenéutica. En: Diccionario de filosofía, Madrid : Alianza Ed., Vol. 2, pp. 1493-1498.
FONAGY, P., KÄCHELE, H., KRAUSE, R., JONES, E. y PERRON, R. (1999) An open door review of outcome studies in Psychoanalysis. Londres: International Psychoanalytical Association.
GADAMER, H.-G. (1975). Verdad y método I. Trad. de Ana Agud Aparicio y Rafael de Agapito, España: Ed. Sígueme, 6» ed., Salamanca, 1996.
GADAMER, H.-G. (1986). Verdad y método II. Trad. de Manuel Olasagasti, España: Ed. Sígueme, 2» ed., Salamanca, 1994.

1 Trabajo leído durante el XXXIX Congreso Nacional de Psicoanálisis de la Asociación Psico-analítica Mexicana, Universidad Intercontinental, México, D..F., el 4 de diciembre de 1999.
* Psicoanalista didácta y presidente de la Asociación Psicoanalítica Mexicana.
2 Punto de vista muy controvertido, que ha sido discutido con amplitud por Deleuze (1967) y por Ferraris (1998).
3 Hay que mencionar, sin embargo, que el proceso asociativo del paciente es escuchado desde una atención flotante en el analista, posición que a su vez incluye las asociaciones que emergen en este último como parte de su propia escucha y que son parte de su contratransferencia. Así, contemplar el proceso analítico como resultado de una dialéctica no invalida el que el analista procure constantemente descolocarse del sitio del supuesto conocimiento.
4 Textos escritos.

 
back
 

Sede Central: Bosques de Caobas 67, Bosques de las Lomas, Deleg. Miguel Hidalgo 11700 México, D.F. Conmutador: 5596-00-09 • 5596-74-27 • 5596-83-72 • 55-96-72-92 • 5251-95-90 Exts.13 e-mail: administracion@apm.org.mx