Reflexiones en torno a la transmisión y enseñanza del psicoanálisis en la APM1

Griselda Sánchez*

e-mail: gzago@itesm.mx

Alfredo Valencia**

e-mail: psialvama@mexis.com

Mireya Zapata***

e-mail: rexfermir@mexis.com

El presente trabajo tiene como propósito, comunicarles una serie de reflexiones, apenas iniciales, acerca del problemático pero fecundo asunto de la formación institucional de psicoanalistas: de la formalización de la enseñanza y de la transmisión del psicoanálisis. Estas reflexiones, insistimos, apenas apuntes de trabajo, son el resultado del diálogo, la confrontación, la plática y el compartir de ideas y experiencias que acerca del tema hemos tenido psicoanalistas y psicoanalistas en formación de la APM. Los firmantes del trabajo agradecemos a nuestros compañeros la fructífera, pero también difícil, experiencia de las reuniones donde nuestros singulares puntos de vista fueron expuestos con toda libertad.
La propuesta central del trabajo es señalar la urgente necesidad de que se constituya un seminario de trabajo, abierto a todos los miembros de nuestra institución y a sus psicoanalistas en formación, donde puedan ser planteadas y, en la medida de lo posible, resueltas las inconsistencias institucionales acerca de la formación de los futuros psicoanalistas de la APM. Los autores de este trabajo somos conscientes de que las decisiones en torno a este tema se toman en el seno del Instituto de Psicoanálisis de la APM, uno de los comités de nuestra asociación, sin embargo, y dada la importancia del asunto, creemos fundamental la participación en esto de toda la membresía. Esta propuesta que hacemos, no está por demás decirlo, es ya el resultado de haber transitado, frente al intento de pensar cómo remendar las inconsistencias, posibles alternativas. Sabemos que es un trabajo arduo el que la institución tiene por delante, no obstante ello, creemos que en este punto se juega el devenir de nuestra institución.
El psicoanálisis se constituyó, hay que tenerlo claro, rompiendo con los saberes instituidos, oficiales; no saca fuerza de una revalorización de saberes ocultos y reprimidos que han estado ahí siempre, sino del intento por explicar racionalmente fenómenos marginados: el sueño, el chiste, la histeria. Freud afirmó siempre su rechazo de ver al psicoanálisis encerrado en un enfoque demasiado positivo.
El discurso de Max Eitingon en el IX Congreso Psicoanalítico Internacional de 1925, aborda la cuestión de la formación en el campo del psicoanálisis; en el segundo apartado de su trabajo dice:
“el ciclo de formación de un candidato2 debe inscribirse en un esfuerzo colectivo y comprometer la responsabilidad de la Asociación regional de la que depende este candidato. Con estos objetivos, se deberían crear en cada país instituciones adecuadas que deberían funcionar según los mismos criterios y tener la misma organización, aunque incorporando las diferencias locales”.3
En la actualidad, el Subcomité Latinoamericano del Comité de Psicoanálisis y Sociedad (CPS), considera útil reconocer que existen prioridades locales, propias de cada sociedad. Propone “fortalecer aquellas iniciativas de las sociedades que puedan tener importancia y, también, servir de estímulo para la acción de otras sociedades”.4
Señalamos con esto la importancia que se da al reconocimiento de las diferencias como estímulo para el desarrollo y la consolidación institucional.
En infinidad de prácticas el entrenamiento calificado implica transmisión y dominio de un cuerpo de conocimiento por necesidad consensual, esto facilita los modos de regular el poder y favorece la observancia de cualquier fenómeno autoritario. En psicoanálisis esto no sucede, pues, en evidente consistencia con su práctica, lo consensual no puede darse, no se da, de hecho. Por tanto, aquella facilitación, lo consensual, queda obstruida, siendo entonces posible que el autoritarismo quede privilegiado como modalidad de cohesión de un entrenamiento calificado, de tal suerte que éste se instituye así para dominar la falta de consenso.
Toda organización, al igual que un organismo viviente, tendrá siempre como finalidad primera la continuación de su existencia. La sobrevivencia tiende a tornarse su objetivo principal, al que cualquier otro debe ceder su lugar.
El psicoanálisis se distingue por dos particularidades: una, que su fundación y su elaboración fueron asunto de un solo hombre, y la otra, que estuvo amparado, para sobrevivir, por una organización construida precoz y conflictivamente. Se tomó esta disposición porque su fundador preveía que una investigación en el dominio del inconsciente debería, sin duda, hacer frente a dificultades excepcionales.
La historia de la institución psicoanalítica es un tema que ningún psicoanalista debe pasar de largo, en ella encontramos las vicisitudes propias del problema de la formación de psicoanalistas; el asunto del Freud fundador y elaborador del psico-análisis es central para el psicoanalista, en su atisbo nos jugamos la transferencia con él y, por tanto, ahí se dirime la transmisión del psicoanálisis. Dejemos claro que formación y transmisión no son equivalentes y son conceptos que deben ser claramente acotados.
Hay malestar en el psicoanálisis –nos dice Safouan– que no proviene de él, sino de las sociedades psicoanalíticas y de lo que se denomina la formación de los psicoanalistas. Proclamado sin cesar, este malestar no impide al psicoanálisis proseguir su camino a tumbos por el planeta. No ha de rehuirse un malestar; se lo debe describir y analizar.
En las jornadas del norte de la Organización de Candidatos de América Latina, celebradas el 30 de enero del presente año, se habló de las diferencias de formación de cada uno de los institutos de latinoamérica, observando que México es uno de los poco países en donde el sistema de seminarios es rígido, no solo en cuanto a sus contenidos sino también a su protocolo de impartición, donde la participación de los analistas en formación es prácticamente nula en las diferentes comisiones que atañen a su entrenamiento.
Esta situación, por demás problemática, ha sido múltiples veces denunciada, siendo ya un lugar común del malestar institucional. Ejemplos de esto tenemos muchos.
Decía el Dr. Palacios: “Anteriormente, al finalizar la segunda guerra mundial, la educación centrada en el estudiante se desvaneció. En oposición, la aspiración de regresar a la libertad, entusiasmo y creatividad de los primeros años psicoanalíticos, devino en la rigidez de las sociedades y de la educación médicas las cuales –según algunos– constituyen las más limitantes en nuestras realidades institucionales heredada a nosotros por el instituto de Berlín”.5
Anne-Marie Sandler, en 1982, llama la atención diciendo que el peligro [de la formación] ahora es ir hacia una tendencia de conservadurismo poco saludable que puede resultar en una rigidez, en una especie de osificación y una ausencia de apertura a los cambios adaptativos.6
Kernberg (2001) recuerda que el papel de los institutos psicoanalíticos de transmitir el conocimiento psicoanalítico no debe ser encomendada a una función dogmática; que la preocupación sobre el relativo estancamiento de los métodos educativos deriva de las actuales estructuras educativas – particularmente la burocratización de muchos de los institutos, y la preocupación sobre los cambios sociales y el ambiente cultural que requieren de una respuesta activa de las instituciones educativas.
Tenemos aquí un primer ejemplo de la necesidad de acotar conceptos que permitan aclarar de qué habla un determinado autor; si bien podemos coincidir en que los institutos no debieran caer en una función dogmática, el acento de Kernberg está puesto en las instituciones psicoanalíticas como estructuras que se sostienen en métodos educativos. Hay que considerar, sin embargo, que la preocupación de las instituciones psicoanalíticas debe ser la transmisión del psicoanálisis en tanto experiencia del inconsciente, lejos pues del método educativo universitario, ya que hay que considerar que la transmisión es el “acto mediante el cual un sujeto accede al enigma de la interpretación en el que lo que espera es una verdad que ningún saber escribe. Es el ombligo de la escritura...La dialéctica que la vincula con la escritura de los saberes es el resorte mismo de la transmisión”.7
Si bien la crítica de Kernberg acierta sobre la estructura pedagógica –importante en la formación de los psicoanalistas–, si somos coherentes con nuestro deseo de analizar, podremos estar de acuerdo con Castoriadis (1998) quien piensa el problema de la formación de analistas diciendo que, los desenlaces de los análisis y, por tanto, la calidad de los psicoanalistas y la intervención que hacen de las modalidades de la cura, es responsabilidad de sus psicoanalistas y sus asociaciones. Hagamos énfasis de la directa relación entre calidad de los analistas y el desenlace de los análisis, punto central en cualquier puesta en juego sobre la formación y su carácter de experiencia del inconsciente y no solo experiencia pedagógica sobre él.
Kernberg continúa diciendo que, si los institutos quieren brillar y ser más creativos, ellos deben generar excitación intelectual y cambio. Necesitan abolir la monopolización de ciertos seminarios e incorporar a profesores calificados de otros campos, frontera del psicoanálisis.
Douglas Kirsner (2000) advierte que los institutos psicoanalíticos han estado notoriamente cerrados. Sus sólidas paredes los han aislado y marcado con un sello de misterio del mundo exterior, incluidos los profesionales de la salud y la academia
Para él, como lugares para la transmisión de las ideas psicoanalíticas a las nuevas generaciones, los institutos son la fuerza vital del movimiento psicoanalítico. Son una central de poder, prestigio y conocimiento.
Los institutos, con los analistas didácticos en funciones se volvieron cada vez menos críticos y más dogmáticos. El entrenamiento se convirtió en la transmisión de dogmas y en la recepción de verdades dentro de la seductora ilusión del conocimiento, más que en un método basado en la ambigüedad, lo incierto y lo desconocido, olvidando la experiencia del inconsciente y su forma de transmisión. La institución se resguardó en una forma pseudo académica de saberes constituidos.
La didáctica para el psicoanálisis debe generar formas de enseñanza y de evaluación que faciliten los procesos de transferencia con los textos psicoanalíticos. Siendo la transferencia la única forma de transmisión del saber psicoanalítico.
Muchos institutos psicoanalíticos no son asociaciones libres de psicoanalistas. En ellos el espíritu de dudar libremente ha sido reemplazado por el inculcar de recibir la verdad de aquellos que se suponen tienen el conocimiento, y no hay otros, obviamente, y según la estructura de la didáctica, que los psicoanalistas didácticos. En los institutos así estructurados no existe la duda como método, sino la demanda como necesidad de prestigio.
El énfasis, durante años, y en concordancia con lo anotado por Kernberg, ha sido el marco pedagógico y su necesaria renovación, ¿es posible que en esta renovación haya lugar para algo tan fundamental pero inactual como la transferencia con el texto emanado del psicoanálisis, empezando por el de Freud? Si es posible esto ¿cómo evaluarla? La transferencia puede gestar una vocación, pero esta no se confunde con aquella, así como el saber no se confunde con la verdad. En estas preguntas el asunto del didáctico tiene un lugar central.
José Camacho, en 1990 nos dice: “Los institutos psicoanalíticos se han preocupado por revisar muchos de los temas inherentes al proceso formativo, principalmente las que se refieren a los aspectos del análisis didáctico y la supervisión, pero se han preocupado poco por investigar los temas referidos a la evaluación del proceso de aprendizaje y la posible incorporación de experiencias y modificaciones pedagógicas que, sin perder de vista los objetivos de una formación completa y de calidad profesional máxima, la complementen, la enriquezcan... La Asociación Psicoanalítica Mexicana, que tuvo un origen, gestación y nacimiento en el contexto de esta trayectoria histórica, se ha propuesto, a través de su instituto, hacer el intento de revisar estos aspectos de incluir elementos de la teoría didáctica y pedagógica en el diseño del plan de estudios de materias teóricas y clínicas”.8
¿Estamos seguros de haber revisado los aspectos del análisis didáctico y la supervisión, con tal profundidad como para pasar, ahora sí, a la revisión de las nuevas técnicas didácticas y pedagógicas? La cita es importante; hace ya doce años que la propuesta del Instituto de la APM pareció moverse hacia tres aspectos indudablemente importantes: el proceso de aprendizaje, las experiencias pedagógicas y la teoría didáctica y pedagógica. Es revelador que los conceptos de transmisión y transferencia, en su referencia a la formación de psicoanalistas, se den implícitamente como asegurados, pues, en ese entonces, se pensó que estábamos en el tiempo de “enriquecer y complementar”, dando a entender que los fundamentos marchaban sobre ruedas. ¿Qué otra cosa podemos suponer, o mejor, asegurar, que es el fundamento del psicoanálisis y por tanto de la formación de psicoanalistas en la APM, en el orden estrictamente “pedagógico”, si no la lectura y estudio de la obra de Sigmund Freud? ¿En la APM estamos en condiciones de asegurar que las nuevas generaciones formadas en nuestro instituto, al menos desde hace 12 años, leen, estudian, critican, justifican, defienden en el más estricto sentido académico la obra de Freud? ¿En nuestra institución se trasmite “la pasión” por Freud emanada de una necesaria transferencia con ese texto?
Seis años más tarde, en 1996, el actual director del Instituto, Félix Velasco asevera que “el Instituto de la APM se encuentra desde hace varios años, sumido en lo que podríamos calificar un grave proceso de deterioro”.9
Asegurar haber analizado un asunto y pasar a otro, puede que nos condene a confundir analizar con reprimir, estar, por tanto, condenados al retorno de lo reprimido.
Ahora bien, ¿qué hacer frente a ese “grave proceso de deterioro” por lo visto, y según los textos, tan claro y crónico? Habría que partir de que el Instituto es la metonimia de la Asociación, por tanto, no podemos ver la solución emanando sólo de aquello que en el Instituto se dirima, cualquier acción debe ser dispuesta por la membresía, es decir la Asociación toda. Según la cita del Dr. Velasco, no es la APM la que sufre el deterioro, sino el Instituto, ¿quiere esto decir que la estructura misma de éste, así como las decisiones tomadas en su seno nos ha llevado a la situación actual? ¿Qué papel de participación en este proceso de deterioro tienen los comités de selección, de docencia, de investigación, de promoción y grado, o el consejo directivo o la junta general del cuerpo de psicoanalistas didácticos?
¿Qué hacer frente a este deterioro? Varias opciones, al menos como proyectos, se han venido planteando cada vez más agudamente en estos últimos años, sobre todo en estos últimos dos, que no podemos más que valorar por su profundo viso de apertura, sin embargo, de lento desarrollo por necesidad; son muchos y variados los intereses que retardan y desvirtúan los cambios por venir.
Como parte del deterioro ha aparecido dentro de nuestra asociación un discurso maniqueo en los últimos años que refleja la dificultad para llevar al diálogo las diferencias en los modos como se vislumbran las salidas a los problemas de nuestra institución. Desde luego que las diferencias existen, son rotundas e inoperantes ante cualquier intento de homologación, son también necesarias y fructíferas, pero ante la sensación amenazante de perder quién sabe qué cosa, se convierten en performativos que incapacitan la resolución de los procesos de deterioro. Las diferencias son de diversos órdenes: teóricas, ideológicas, políticas, de proyectos, de necesidades, de deseos, académicas, de prestigio, de concepciones, etcétera. Más allá de que enarbolemos dicotomías absurdas para descalificar al diferente: terapeuta-psicoanalista, francés-norteamericano, analizado-no analizado, lacaniano-kernberiano, político-ingenuo, inteligente-no inteligente, extranjero-mexicano, pasional-light, habrá que hacer la pregunta de si en nuestra asociación podemos estar todos o no.
Al parecer, y como parte de las opciones planteadas para enriquecer a nuestra institución, se ha desarrollado el nuevo programa del CEP, ¿son posibles otras alternativas? Creemos que sí, indudablemente. Una de ellas radica en la renovación total de la estructura de base de la comisión Instituto de Psicoanálisis. Insistimos, ésta es tan sólo una de ellas, hay otras que están ahí, y que van desde la renovación funcional del Instituto, renovación no estructural, hasta la conformación de nuevos grupos avalados por la APM.
La renovación estructural del Instituto tiene varias alternativas, todas con dificultades, tanto políticas como prácticas, una de ellas es la configuración de dos estructuras organizativas de la formación de psicoanalistas en el seno de la APM. Esta propuesta tiene sentido en función de los años en los que se ha vislumbrado un deterioro crónico del instituto actual y está en perfecta concordancia con el artículo 5 inciso a, b y c de los estatutos sociales de la APM, los cuales dicen:

La APM es una asociación de carácter científico y tiene por objetivo:

A) Promover y facilitar el estudio y la investigación de la disciplina psicoanalítica.
B) Educar y adiestrar en psicoanálisis a nuevos miembros.
C) Preparar a miembros titulares para las funciones de docencia y terapia.

Más allá de la simpleza de decir que dos es mejor que uno, la opción de crecimiento de la asociación, al plantar la modificación de la estructura del actual Instituto está en concordancia con lo que decía el Dr. Camacho “en nuestro medio, la utilización del psicoanálisis como herramienta terapéutica es poco reconocida y muchas veces distorsionada por los profesionales que trabajan en el campo de la salud mental, quienes, en general, no dominan las bases teóricas y técnicas desarrolladas a partir de los postulados descubiertos por Sigmund Freud, enriquecidos y modificados posteriormente por el estudio e investigación de otros muchos autores en lo que va de este siglo. Producto de esta situación es la multiplicación de “entrenamientos psicoanalíticos” paralelos y externos a los institutos, con la particularidad común de hacer énfasis de porciones de teoría psicoanalítica con graves en la práctica clínica (sic.) En algunos institutos de nuestros países latino-americanos, la enseñanza ha sufrido también una disminución de calidad, tanto por los procesos de selección y cambios en el requisito de ingreso, como por la falta de actualización de los sistemas de instrucción, en las técnicas de enseñanza y en los contenidos pedagógicos”.
A pesar de que se asume que sólo en la APM se hace y se enseña psicoanálisis, ésta en su estructura actual, no se ha dado cuenta de que la banalización de los textos freudianos y de que la estructura administrativa ejercida en las sociedades psicoanalíticas tradicionales como la nuestra, han sido fundamentalmente los facilitadores de las condiciones del nacimiento, existencia y propagación de las agrupaciones criticadas (Castoriadis, 1998).
Tenemos que reconocer que es derivado del ejercicio dogmático “la multiplicación de entrenamientos psicoanalíticos externos y paralelos a los institutos” y que “la enseñanza ha sufrido una disminución de calidad”. Lo necesario sería girar la mirada a los procesos de selección y cambio en los requisitos de ingreso de nuestra propia institución, así como en sus métodos pedagógicos. Es decir en una renovación, insistimos, estructural del Instituto de nuestra Asociación.
Un grupo de psicoanalistas y psicoanalistas en formación nos reunimos durante algunas semanas para plantear un método de trabajo que nos permitiera abordar las diferentes opciones de dicha renovación estructural. Nuestra propuesta es que a partir de un seminario se discutan las variantes posibles de reforma estructural para la formación de psicoanalistas en la APM.
Proponer la constitución de una reforma estructural del Instituto de Psicoanálisis de la APM implica la ardua tarea de resolver diversos problemas políticos y administrativos. Hay diferentes maneras de hacer la propuesta; cada una establece modos de trabajo diversos y compromisos singulares; todas deberán estar legitimadas por los estatutos actuales de la APM.
Hemos encontrado seis opciones contenidas en los estatutos de la APM y de la IPA, a saber: a) la creación de un nuevo instituto como comisión de la APM; b) un nuevo comité de docencia de la actual comisión instituto de psicoanálisis; c) un nuevo grupo según el reglamento de la comisión nuevos grupos de la APM; d) constituir una sociedad provisional según los estatutos de la IPA; e) constituir un nuevo grupo de estudios según los estatutos de la IPA; y f) conformarse como una entidad federativa según los estatutos de la IPA. Ninguna de éstas supone la amenaza de una escisión, en tanto se convoca a la membresía a un seminario donde sean dialogadas estas opciones. Se trata desde luego de abordar el problema de la formación de los psicoanalista en la APM, para desembocar en una renovación y enriquecimiento de nuestra institución.
Para terminar citaremos a Etchegoyen, quien dice:
“El gran debate de los próximos años, que pertenecen al tercer milenio, se va a dar en la difícil articulación de distintos campos del saber y en el valor de la democracia en el siglo XXI; entre los que la conciben como una responsabilidad compartida y quienes no. La salud mental volverá a ser un bien apreciado y el psicoanálisis será entonces un instrumento insustituible para afianzar esa libertad que viene de adentro, que fluye del inconsciente, que recupera el dominio de la razón haciendo conciente lo inconsciente”.10 Etchegoyen.
Nosotros pensamos que la APM puede colaborar de manera sustancial y acertada en este proceso.
Resumen
Reflexiones en torno a la transmisión y enseñanza del psicoanálisis en la APM.
La propuesta central del trabajo es señalar la urgente necesidad de la constitución de un seminario de trabajo abierto a todos los miembros y psicoanalistas en formación de la APM; en este espacio se discutirá una reforma estructural de la comisión Instituto de Psicoanálisis. Se hace una somera revisión de los orígenes, críticas y actual situación de los Institutos de Psicoanálisis a nivel internacional y sobre todo de la actualidad del Instituto de la APM. Los temas centrales que se debaten son la enseñanza y transmisión del psicoanálisis con relación a una reforma estructural del Instituto.
Palabras clave: Transmisión, enseñanza, formación, instituto

Summary
Reflection about de transmission and teaching psychoanalysis in the APM.
The aim of this paper is to indicate the need of a panel of discussion for a structural reform of the psychoanalytic institute in the APM. This paper give a revision about the origins and actual situation of this psychoanalytic institute specially APM institute. The themes in discussion are the teaching and transmission of psychoanalysis in APM institute.
Key words: Transmission, teaching, didactic formation, institute.

Recibido el 7 de junio de 2002, revisión recibida 14 de agosto; aceptado para su publicación 12 de septiembre de 2002.

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1 Trabajo presentado durante la XXIV Reunión Científica Anual de la APM, celebrada en Tequisquiapan, Qro. el 4 de mayo de 2002.
* Psicoanalista en formación. Instituto de Psicoanálisis. APM. Generación XXV.
** Psicoanalista de la APM.
*** Psicoanalista de la APM.
2 Ahora denominados psicoanalistas en formación.
3 Eitingon, M, 1925 Sesiones de estudios técnicos. Debate preliminar sobre las cuestiones de enseñanza, 3 de septiembre de 1925. Citado por M. Safoan (1995).
4 Eizirik, C. y Bernardi, R. http://www.ipa.org.uk/CPS/CPS-Carta.htm International Psychoanalytical Association About the CPS New York Symposium 1998 Montevideo Meeting.
5 Palacios, A.(1998). La formación del psicoanalista. Asociación Psicoanalítica Mexicana, A.C.
6 Sandler, A. (1982). The Selection and Function of the Training Analyst in Europe. International Review of Psychoanalysis, 9:386-398.
7 Cornaz, L. en Sánchez-Zago, G. (2001). Enseñanza o transmisión del psicoanálisis. Presentada en el Pre-Congreso de IPSO. Niza, Francia.
8 Camacho, J. y Cols. (1990). Integración didáctico-pedagógica del plan de estudios del Instituto de Psicoanálisis de la Asociación Psicoanalítica Mexicana. XXIX Congreso Nacional de Psicoanálisis.
9 Velasco, F. y Cols. (1996). La enseñanza en el Instituto, una evaluación actual y una propuesta. Trabajo presentado en el Congreso Predidáctico de noviembre de 1996.
10 Etchegoyen, pág 47.

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