|
Precursores
del concepto de pulsión de muerte. Juan Vives Rocabert* e-mail: jvives@data.net.mx |
| Cuando
escribe Más allá del principio de placer (1920), Freud
admite en un pie de página, la existencia de un par de pensadores
que anticiparon, de alguna manera, el revolucionario y tan controvertido
concepto de pulsión de muerte. En el mencionado pie de página,
da testimonio de las personas que le precedieron con las siguientes palabras:
En un trabajo muy rico en ideas, aunque para mi no del todo transparente,
emprende Sabina Spielrein una parte de esta investigación y califica
de destructores a los componentes sádicos del instinto
sexual (Die Destruktion als Ursache des Werdens, en Jahrbuchfür
Psychoanalyse, IV, 1912). De un modo distinto intentó
A. Strärcke (Inleidig by de vertálig, von S. Freud.
De sexuelle beschavingsmoral, etc., 1914) identificar el concepto de
la libido con el que teóricamente hay que suponer de un impulso hacia
la muerte.2 No deja de ser interesante que Freud no haya mencionado el trabajo de W. Stekel titulado El lenguaje de los sueños3 y aparecido en 1911 (el año anterior al escrito de Spielrein) donde consagra siete capítulos a los símbolos de muerte en los sueños, donde también adelanta el concepto de una pulsión de muerte. Por lo que toca a August Stärcke, luego de leer el trabajo de Freud, le hizo llegar una carta en la que aclaraba que su escrito de 1914 nada tenía que ver con la hipótesis freudiana de una pulsión de muerte, dado que él había escrito acerca de los componentes destructivos de la pulsión sexual. A vuelta de correo Freud le contestó con una misiva por demás cortante y directa, proponiéndole que interrumpieran su correspondencia,4 fruto de una evidente contrariedad y ejemplo de esa parte intolerante y un tanto tiránica del descubridor del inconsciente. ¿Quién es Sabina Spielrein? Para muchos es, aún hoy, una figura aún desconocida dentro del movimiento psicoanalítico internacional; sin embargo, fue una de las pioneras del psicoanálisis y la segunda mujer asistente a las reuniones de los miércoles en la casa de Freud. No fue sino hasta 1977 cuando se tuvo noticia de la importancia de ciertos documentos encontrados en los archivos de Edouard Claparède que, a su muerte, fueron cedidos por su viuda e hija a un distinguido profesor de neurología suizo llamado George de Morsier. Sabina Spielrein había tenido una relación personal con Claparède en virtud de que la esposa de éste último era Hélène Spir, una joven judía rusa, como ella. De Morsier se puso en contacto con Carlo Trombetta, biógrafo de Claparède, informándole sobre el descubrimiento de una caja en los archivos del Palacio Wilson de Ginebra, Suiza antigua sede del Instituto de Psicología caja en la que se hallaron importantes cartas de Sabina Spielrein dirigidas a Jung y a Freud, y que han venido a ofrecer un significativo esclarecimiento sobre las relaciones iniciales entre Freud y Jung, ya que Trombetta, a su vez, hizo partícipe al analista junguiano Aldo Carotenuto de sus hallazgos. Posteriormente fue descubierta en los archivos familiares de los descendientes de Edouard Claparède una segunda caja de documentos conteniendo un diario de Sabina Spielrein, otras cartas inéditas y documentos que ayudaron a develar otras notables partes de esta relación triangular Jung-Spielrein-Freud. A partir del material encontrado en estos archivos, Aldo Carotenuto se dio a la tarea de estudiar con todo cuidado el material encontrado y al descubrir la trascendencia del hallazgo se abocó al rescate histórico de Sabina Spiel-rein, una pionera del psicoanálisis casi desconocida, estudio que luego nos hizo llegar a través de su documentado libro titulado Una secreta simetría.5 Este primer material abarcaba la correspondencia autógrafa entre Sabina Spielrein y Jung: 46 cartas de Jung y 12 de Sabina; la correspondencia entre Sabina Spielrein y Freud, 21 cartas de Freud y 2 cartas de Sabina; el diario de Sabina Spielrein de 1909 a 1912, además de cartas de Bleuler, Rank, Stekel y otras personas menos conocidas.6 Más adelante y después de la aparición del libro de Carotenuto, de Morsier dio a conocer una tercera caja encontrada en los archivos del Instituto de Psicología. Estos nuevos documentos que dieron lugar a multitud de trabajos sobre el tema que fueron documentados con gran precisión por John Kerr en su libro La historia secreta del psicoanálisis, donde se establece con mayor claridad las vicisitudes de estas relaciones entre los protagonistas de una de las etapas más controvertidas de la historia del psicoanálisis: nos referimos a los comienzos del llamado movimiento psicoanalítico, y la necesidad en Freud de crear la Asociación Psicoanalítica Internacional, cuyo primer presidente fue, justamente, Carl Gustav Jung, delfín en aquel tiempo de un esperanzado Sigmund Freud que deseaba no ver identificados sus descubrimientos como algo limitado al estrecho territorio del mundo de lo judío. El ario Jung le aseguraba, desde su muy particular perspectiva, una más amplia difusión de la disciplina que estaba construyendo. También Nicolle Kress-Rosen hizo su contribución al tema en un libro titulado Tres figuras de la pasión7 donde aborda el tema de la relación de Sabina Spielrein con Jung y Freud y su destacado papel en la postulación de una disociación de la pulsión, con un componente sexual y otro destructivo. Sabina Spielrein había nacido en Rusia en Rostow sobre el Don, en 1885, hija mayor de los cinco hijos de un matrimonio judío con fortuna. De hecho, el abuelo y el bisabuelo habían sido rabinos en su comunidad. La hermana que le seguía murió y los tres hermanos restantes eran varones: Isaac, Jean y Emile. Desde niña dio muestras de poseer una gran imaginación por lo que su mundo interior estaba poblado de fantasías extraordinarias. A partir de la alucinación de dos gatitos, comienza a padecer de terrores nocturnos con la sensación de que será atacada por animales amenazantes. Posteriormente comenzó a retener sus heces y a sentarse sobre su talón para obstruir el ano y evitar la defecación, lo que lograba hasta por semanas. Después de los siete años, sustituyó esta práctica por la masturbación. Durante la adolescencia presentó un empeoramiento de sus problemas mentales, era incapaz de mirar a nadie y aparecieron graves crisis depresivas y arrebatos de llanto, risas y gritos.8 Debido a este cuadro sus padres decidieron internarla en la clínica Burghölzli de Zurich, en Suiza, en aquel entonces uno de los más prestigiados establecimientos del mundo en materia de enfermedades psíquicas, en parte debido al prestigioso nombre de quien encabezaba aquel grupo de esforzados psiquiatras: Eugen Bleuler, nosocomio en el que Sabina Spielrein estuvo internada entre el 17 de agosto de 1904 y el 1¼ de junio de 1905.9 Uno de los ayudantes más prometedores de Bleuler era un joven entusiasta y muy inteligente llamado Carl Gustav Jung, quien a la sazón estaba realizando una serie de interesantes investigaciones en torno de las asociaciones de palabras ante un estímulo determinado. Cuando esta joven rusa ingresó en la institución, fue puesta al cuidado de C. G. Jung quien, lector de las primeras comunicaciones de Freud, realizó con ella su primera incursión en el campo de la terapia psicoanalítica. De hecho, Jung en su segunda carta dirigida a Freud (carta del 23 octubre de 1906) le pide consejo sobre el tratamiento que ha emprendido con una joven estudiante rusa de 20 años a la que califica como de un caso difícil.10 Se trata de la primera supervisión psicoanalítica (aunque su pedido lleva implícito cierto deseo de análisis, ya que como preámbulo al caso, le advierte a Freud: Tengo que abreaccionar con usted un acontecimiento reciente.11 Sea como fuere, en esta segunda carta Jung le describe a Freud una paciente que lleva seis años enferma, aunque a continuación específica: Primer trauma: a los 3-4 años de edad. Ve cómo su padre pega a su hermano mayor en las posaderas desnudas. Intensa impresión.12 La contestación de Freud contiene, entre otras cosas, un adelanto de la noción de carácter anal (orden, avaricia y testarudez) que dos años más tarde publicará en su artículo El carácter y el erotismo anal (1908). Ahora bien, a partir de las pesquisas llevadas a cabo por Carotenuto y publicadas en su libro de 1980, sabemos que Sabina Spielrein llegó a la clínica Burghölzli en agosto de 1904 para ser tratada en forma gratuita de un cuadro agudo diagnosticado por Jung como una Psicosis histérica. También sabemos que Spielrein evolucionó rápidamente hacia una mejoría, suficiente al menos como para poder ingresar en la Facultad de Medicina en abril de 1905, y para pasar a ser una colaboradora de Jung en sus investigaciones sobre las asociaciones de palabras con pacientes psicóticos. Tenemos que tener en cuenta que en aquel tiempo, cuando Jung estaba tratando a Sabina Spielrein, aún no había salido a la luz ningún estudio más o menos sistemático acerca del método a seguir para la aplicación de un tratamiento psicoanalítico excepción hecha de lo relatado en el último capítulo de los Estudios sobre la histeria13 y una que otra observación más o menos desperdigada entre los trabajos posteriores de Freud. Sin una guía segura para orientarse en un campo tan difícil y peligroso, Jung no podía ofrecer una técnica depurada, ni siquiera medianamente consistente. Dado que era un hombre joven e impetuoso, que solía ejercer un impacto profundo sobre las personas que le conocían y por ciertos aspectos de su personalidad que le hacían poderosamente atractivo a la mujeres, además de una actitud con frecuencia seductora, no es de sorprender que entre Sabina Spielrein y Carl G. Jung se estableciera una relación intensa, rápidamente coloreada por un aspecto romántico y, al poco tiempo, de francos tintes eróticos. Tanto Aldo Carotenuto y Zvi Lothane14 que tienden a disminuirla, como Bruno Betelheim15 y John Kerr que la dan por cierta, se ha discutido con amplitud el carácter erótico de la relación entre Sabina Spielrein y C. G. Jung, así como su relación con el inicio de la correspondencia entre éste último y Freud. De hecho, como ya apuntamos anteriormente, Jung hace un tímido intento de lo que hoy conocemos como supervisión con Freud desde la carta ya mencionada. El hecho es que Sabina Spiel-rein pudo dejar la clínica Burghölzi y matricularse en la escuela de medicina en la Universidad de Zurcí en 28 de abril de 1905 y luego de culminar sus estudios en marzo de 1911, presentó su disertación doctoral con una tesis que versó sobre la psicosis, titulada Sobre el contenido psicológico de un caso de esquizofrenia (publicada ese mismo año de 1911 en el Jahrbuch, en el mismo volumen donde apareció el estudio de Freud sobre Schreber). No deja de ser interesante que durante sus estudios, Sabina Spielrein estuvo muy interesada en las aportaciones del filósofo Ernst Mach sobre el tema de las sensaciones, y sumergida literalmente en la lectura de los estudios realizados por August Weismann sobre la inmortalidad de los organismos unicelulares, biólogo citado muchos años después por Freud en Más allá del principio de placer (Freud, 1920) con el fin de sustentar biológicamente su tesis sobre la existencia de la pulsión de muerte (Lothane, 1999). En su tesis doctoral, Sabina Spielrein subraya el mecanismo de la transformación en lo contrario utilizado por los pacientes psicóticos, herramienta que le acerca al concepto de ambivalencia usado por Bleuler. Asimismo, llega a la intuición de la necesidad de una escisión en el Yo, mecanismo gracias a la cual Bleuler había acuñado el nuevo término de esquizofrenia término de Spielrein utilizó por primera vez en una comunicación académica y que ya había sido adelantado por otro analizando de Jung, Otto Gross, quien había propuesto el nombre de Dementia Disjunctiva en sustitución de la vieja expresión kraepeliniana de Dementia Praecox, con el fin de resaltar el elementos disociativo encontrado en este tipo de psicosis. A partir de estos conceptos que servían de apoyatura a los componentes ambivalentes, Sabina Spielrein pasó a considerar la dualidad existente dentro de la pulsión, por lo que propuso la existencia de un componente sexual y otro destructivo de la misma. Esta tesis fue formalizada en su trabajo de 1912 denominado La destrucción como causa del nacimiento [o del ser, o del devenir, según diferentes traducciones]16 y publicado en el Jahrbuch ese mismo año y que según algunos entre quienes está incluido el propio Freud, según dejó constancia en la nota de página mencionada con anterioridad constituye una primera formulación, pionera, de la hipótesis de la pulsión de muerte. Dicho trabajo fue presentado en una de las reuniones de los miércoles con el grupo vienés. Según Numberg y Federn, editores de las Minutas de la Sociedad Psicoanalítica de Viena, a primera vista podría parecer que, bajo el influjo de Jung, Spielrein formuló la hipótesis de que el instinto de vida consiste en dos fuerzas opuestas, instinto de vida e instinto de muerte. Pero un análisis más cuidadoso muestra que la autora no expresó dicha teoría, sino que piensa que el instinto sexual, vale decir, el instinto de vida, el instinto creativo de por sí, contiene un componente destructivo.17 Esta opinión es también la suscrita por Cristina Schalayeff, al comentar el antes mencionado estudio de Carotenuto en torno de la personalidad y contribuciones de Sabina Spielrein. Para esta autora, en el artículo La destrucción como causa del ser, si bien es cierto que Spielrein se refiere a un instinto de destrucción, lo incluye como parte integrante del instinto sexual.18 Victor Tausk, aunque calificó de metafísico al concepto presentado por Spielrein, advirtió que la idea de la resistencia a la sexualidad provocada por elementos destructivos, tiene que ser tomada en consideración.19 Los editores de las Minutas... no dejaron de consignar, en su momento, que la autora del trabajo había sufrido, durante sus estudios de medicina, un episodio psicótico,20 opinión que nos ofrece una pincelada sobre la forma como se podía usar el argumento ad homine durante las discusiones de la Sociedad de Viena, además de que nos advierte sobre cierta intuición en relación a la estrecha relación existente entre la pulsión de muerte y las psicosis, sobre todo en los mecanismos relacionados con la decatectización del mundo externo (manifestada clínicamente por la vivencia de desrealización) e interno (que explica los sentimientos de despersonalizazión), ya que este retiro de las ligaduras catécticas esta desligadura, para hablar con propiedad es uno de los atributos esenciales imputados a la forma de acción de la pulsión de muerte. Al día siguiente de la presentación del trabajo de Sabina Spielrein, los comentarios que Freud le escribió a Jung giraron en torno de ciertas objeciones dirigidas a la forma como la autora, basada en las ideas de Jung, trataba los temas mitológicos.21 También Freud advirtió el componente personal existente en la comunicación de Spielrein, lo que no dejó de comentar con Jung con las siguientes palabras: ...su pulsión de destrucción no me es simpática, ya que lo considero como personalmente determinado. Me parece que tiene más ambivalencia de la normal.22 Lo cierto es que, en su trabajo de 1912, Spielrein escribió: como lo prueban algunos hechos biológicos, el instinto reproductivo, aun desde el punto de vista psicológico, está constituido por dos componentes antagónicos, y que por consiguiente existe tanto un instinto de nacimiento como un instinto de destrucción;23 agregando después: La libido tiene dos aspectos: es la fuerza que todo lo embellece pero que también, a veces, todo lo destruye.24 Como ha dejado escrito Garrabé,25 este trabajo de 1912 deriva directamente de la tesis Sobre el Contenido Psicológico de un Caso de Esquizofrenia, en cuyas conclusiones apunta: Quisiera nuevamente subrayar la enorme importancia que tiene el descubrimiento de Freud, la representación por el contrario, para la génesis de las imágenes de la locura. Un caso particularmente notable concierne a la representación de la actividad sexual por un símbolo ligado a la muerte. La causa de este fenómeno reside, según yo, en la naturaleza misma de la actividad sexual; para explicarme más claramente, en los dos componentes antagónicos de la sexualidad.26 Como podemos ver, Spielrein estaba ya en del camino que había de conducirle a la postulación de un componente destructivo de la sexualidad, de una pulsión de muerte, como solía nombrar a este componente en sus charlas privadas con Jung. Lamentablemente, no hemos podido tener acceso a este artículo de Sabina Spielrein por lo que no podemos hacer más que repetir las opiniones de quienes han tenido la oportunidad de leerlo. Sin embargo, no deja de llamarnos la atención que esta pionera del concepto de pulsión de muerte (aunque parecería que aborda el problema desde una perspectiva muy semejante a la esgrimida muchos años después por Laplanche) haya estado interviniendo en los inicios de la relación de Jung y Freud, una de las relaciones más conflictivas de la historia del movimiento psicoanalítico. La tesis de que ambos contendientes tuvieron que cuidar mucho su separación formal debido a lo que cada uno sabía del otro: la psicosis del primero era conocida por Freud, y el lío con la cuñada que culminó en un aborto era del conocimiento de Jung,27 no deja de suscitar toda una serie de reflexiones a pesar de que resulta una tesis no comprobada y sujeta a discusión. La pulsión de muerte es un concepto que puede ser central principalmente en la comprensión de las psicosis como una forma de ataque al aparato psíquico y su funcionamiento lo que tanto Jung como Sabina Spielrein sabían muy bien por la vía introspectiva de la experiencia personal, ya que la segunda fue tratada por el primero por padecer una psicosis histérica y Jung se había autodefinido como un gemelo psíquico de Otto Gross, su paciente, quien padecía un trastorno de tipo esquizofrénico. Sin embargo, gracias a sus posibilidades de deflexión hacia el afuera, conocemos a la pulsión de muerte por sus manifestaciones en forma de impulsos heterodestructivos. Sabina Spielrein fue una de las pioneras de este concepto, y la analista de personas tan prominentes como Piaget y Luria, aunque luego su memoria quedó oscurecida por un destino adverso, ya que luego de regresar a su Rusia natal, ahora convertida en la Unión Soviética, y de haber sido miembro muy activo de la Asociación rusa, cuando Stalin decretó la prohibición del psicoanálisis y sus miembros purgados sin compasión, Sabina Spielrein fue vista por última vez en 1941 cuando era llevada junto con sus hijos y otros judíos al interior de una sinagoga, donde fueron fusilados. |
| Resumen Cuando Freud escribe Más allá del principio de placer (1920), admite en un pie de página, la existencia de un par de pensadores que anticiparon, de alguna manera, el revolucionario y tan controvertido concepto de pulsión de muerte. En ese lugar da crédito de las personas que le precedieron con las siguientes palabras: En un trabajo muy rico en ideas, aunque para mí no del todo transparente, emprende Sabina Spielrein una parte de esta investigación y califica de destructores a los componentes sádicos del instinto sexual (Die Destruktion als Ursache des Werdens, en Jahrbuch für Psychoanalyse, IV, 1912). De un modo distinto intentó A. Stärcke (Inleidig by de vertálig, von S. Freud. De sexuelle beschavingsmoral, etc., 1914) identificar el concepto de la libido con el que teóricamente hay que suponer de un impulso hacia la muerte. No deja de ser interesante que Freud no haya mencionado el trabajo de W. Stekel titulado El lenguaje de los sueños ya aparecido en 1911 (el año anterior al escrito de Spielrein) donde consagra siete capítulos a los símbolos de muerte en los sueños, en donde también adelanta el concepto de una pulsión de muerte. August Stärcke, luego de leer el trabajo de Freud, le hizo llegar una carta en la que aclaraba que su escrito de 1914 nada tenía que ver con la hipótesis freudiana de una pulsión de muerte, dado que él había escrito acerca de los componentes destructivos de la pulsión sexual. A partir del hallazgo de cierta correspondencia y diarios de esta psicoanalista (hasta hace muy poco tiempo casi desconocida), Sabina Spielrein aparece como una figura de primera importancia en las relaciones entre Jung y Freud. Sabina Spielrein fue una de las pioneras del psicoanálisis y la segunda mujer asistente a las reuniones de los miércoles en la casa de Freud. Sabina Spielrein había nacido en Rusia en Rostow sobre el Don, en 1885, hija mayor de los cinco hijos de un matrimonio judío con fortuna. Desde niña dio muestras de poseer una gran imaginación. A partir de la alucinación de dos gatitos, comienza a padecer de terrores nocturnos. Posteriormente comenzó a retener sus heces y a partir de los siete años, sustituyó esta práctica por la masturbación. Durante la adolescencia presentó un empeoramiento de sus problemas mentales por lo que sus padres decidieron internarla en la clínica Burghölzli de Zurich, en Suiza, en aquel entonces uno de los más prestigiados establecimientos del mundo en materia de enfermedades psíquicas, en parte debido al prestigio de Eugen Bleuler, donde Sabina Spielrein estuvo internada entre el 17 de agosto de 1904 y el 1¼ de junio de 1905. Luego de su recuperación estudió medicina y se hizo psicoanalista. Después de llevar a cabo su tesis que versó sobre la psicosis, redactó un estudio denominado La destrucción como causa del nacimiento [o del ser] presentado en una de las reuniones de los miércoles con el grupo vienés y publicado en 1912 y que según algunos entre quienes está incluido el propio Freud constituye una primera formulación de la hipótesis de la pulsión de muerte. Palabras clave: Pulsión de muerte, Sabina Spielrein. |
|
Summary Recibido 4 de junio de 2001, revisión recibida 5 de agosto; aceptado para su publicación 7 de septiembre de 2001. |
|
Bibliografía BETELHEIM, B. (1983).
Prólogo. Escándalo en la familia, trad. S. Ferrente, a A.
Carotenuto. En Una secreta simetría. Sabina Spielrein entre
Freud y Jung. Barcelona: Ed. Gedisa, 1984, pp. 9-36. 1 Trabajo presentado
durante el XXIII Congreso Latinoamericano de Psicoanálisis, Gramado,
Brasil, el 5 de septiembre del 2000. |
| Back |