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Eduardo Dallal y Castillo
(coordinador)
Caminos del desarrollo Psicológico Vol. III*
México: Plaza y Valdés Editores, 2001
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Terminé de
instalar las claves de acceso al Psychoanalytic Electronic Publisher
con el acervo de las principales publicaciones de nuestra materia de 1924
a 1998, y como es lógico, abrí el programa y me puse a revisar
su funcionamiento haciendo un corto recorrido por la tabla de autores
y la de publicaciones, hice una búsqueda temática de un
par de artículos que me interesaban, revisé la lista bibliográfica,
la imprimí y me fui a los anaqueles de libros y revistas a curiosear.
Debo decir que estas incursiones en bibliotecas, librerías, sitios
web de bases de datos y de texto completo, son generadoras
de más preguntas que de respuestas, aunque uno se queda siempre
con la sensación agradable de haber obtenido algo nuevo y enriquecedor
con cada revisión o lectura; a sabiendas de que la capacidad editorial
es muy superior a nuestras posibilidades reales de lectura y comprensión.
En eso estaba, cuando tropecé con unas cajas con libros recién
impresos, los delataba el olor a papel y a tinta fresca del linotipo.
Apareció al rato el doctor Eduardo Dallal, colega, amigo y cómplice
de proyectos de enseñanza psicoanalítica, así que
conversamos un rato acerca de la sorprendente facilidad de tener una biblioteca
electrónica (que no cabría físicamente en el espacio
reducido de repisas y libreros), recién instalada en el disco duro
de la computadora de la biblioteca, y del destino que podrán tener
a futuro las publicaciones tradicionales y sus lectores. Como respuesta,
me comentó, orgulloso, de la publicación del segundo volumen
de Caminos del desarrollo del que es coordinador y cuidador de
la edición; y en diciendo esto, abrió una de las cajas,
sacó un ejemplar, lo puso en mis manos y me preguntó si
querría hacer un comentario para la presentación del libro
durante el Congreso de Guadalajara. Me sentí halagado, y, de alguna
manera, colaborador-invitado al final del proceso editorial de esta publicación.
Seguimos revisando los anaqueles y hojeando libros y revistas. Le comenté
a Eduardo acerca de la gran variabilidad de la práctica clínica
de las psicoterapias incluyendo el psicoanálisis, hasta llegar
al extremo, y no en un sentido figurado, de que podría existir
una psicoterapia por cada terapeuta que la ejerce. Hablamos de la gran
variedad de formas en que se utilizan los recursos teóricos y técnicos
de las psicoterapias, lo que nos lleva a un grado importante de incertidumbre
con respecto al beneficio que se obtiene de la aplicación de nuestros
conocimientos, y a la desconfianza que suscitan las terapias psicológicas
como formas de tratamiento, ya que, a fin de cuentas no suelen cumplir
con los beneficios esperados (o fantaseados) tanto por los terapeutas
como por los pacientes y sus familiares. Al mismo tiempo, coincidíamos
al observar la acentuada costumbre de dejar que sea la propia experiencia
el único eje que nos lleve a tomar decisiones, indicaciones e intervenciones
terapéuticas, lo que indudablemente es un procedimiento equívoco
porque se sustenta en el sesgo individual y reducido que constituye la
praxis individual.
Ustedes se preguntarán por qué estoy escribiendo críticamente
de las terapias y los métodos de actualización de conocimiento,
cuando se trata de comentar un libro que tiene que ver más con
los aspectos teóricos de la normalidad del desarrollo. Y es que
preocupa grandemente la falta de interés por la lectura y la actualización
biblio-hemerográfica que se observa en general después de
obtener una especialidad. En este caso, el déficit de actualización
acerca de lo que son los procesos normales constituye un obstáculo
serio para comprender cabalmente muchos de los aspectos de la psicopatología,
la cual es resultado de las alteraciones, detenciones y desviaciones del
proceso normal del desarrollo. Quizás este sea el momento de adentrarnos
en la descripción de lo que este libro nos ofrece.
Se trata de un volumen de 264 páginas, publicado por Plaza y Valdés,
distribuido por la propia Asociación Psicoanalítica Mexicana,
con impresión bien cuidada y en papel adecuado. La portada recuerda
efectivamente un camino iluminado desde el horizonte por un astro blanquecino.
Fechada en abril de 2001, la edición tiene un tiraje de 2000 ejemplares.
Coordinados por Eduardo Dallal, encontramos como autores y coautores varios
psiquiatras y psicoanalistas de niños y adolescentes y a psicoanalistas
involucrados en la investigación, de quienes se comentarán
brevemente sus contribuciones.
Víctor Albores, por ejemplo, nos lleva de la mano a la continuación
de un paseo alrededor de la identidad de género en México.
Realiza una revisión exhaustiva sobre las aportaciones acerca de
este problema dentro de nuestro país y dentro de nosotros mismos,
resalta la incapacidad que hemos tenido para integrar los aspectos raciales,
indígenas y españoles de nuestros orígenes a pesar
de 500 años de existencia de nuestra raza asimilada. Describe los
conflictos derivados de pertenecer a una u otra raza; a uno u otro género,
o los de la formación de una identidad genérica, con la
perenne ausencia para niños y niñas de una figura paterna
que facilite, social e individualmente, el proceso de separación
e individuación cuyo tránsito normal permite estructurar
las bases de la identidad de género y de la individual.
En el segundo capítulo me volví a encontrar con Eduardo
Dallal, hablando en primera persona acerca de la experiencia que nos transmitirían
algunos de nuestros pequeños entrevistados, diciéndonos
cómo entiendo que soy un niño, y ella, cómo
entiende que es una niña. Nos narra el tránsito de la
etapa preescolar a través de ese camino-complejo denominado de
Edipo, eligiendo a un objeto amado, organizando los aspectos genitales,
estableciendo la primacía fálica y después heredando
el funcionamiento de ese par de instancias que conocemos como superyó
y yo ideal
En seguida, durante el tercer capítulo, el mismo Eduardo nos habla
de cómo se reproduce en la edad escolar la organización
interna proveniente desde la más temprana infancia, y de que es
en esta edad cuando coinciden la maduración y el crecimiento biológico
de las funciones previas y la preparación de las funciones nuevas,
es decir, se establecen los periodos de organización cognoscitiva
de la latencia. En general, revisa también las relaciones objetales
y se definen, como en el capítulo anterior, las funciones integradoras
y los aspectos familiares que acompañan a todos estos procesos.
El capítulo cuatro lo escriben los doctores Juan Vives y Teresa
Lartigue. Hacen una revisión del concepto adolescencia desde el
punto de vista histórico, mitológico y sociocultural. La
hacen aparecer como una etapa de transición muy importante, marcada
por las ceremonias alrededor del espanto por la sangre menstrual en las
culturas primitivas; espanto que sigue vigente en nuestra propia cultura,
que en ese sentido, sigue siendo primitiva a pesar de estar instalada
en plena época postmoderna. Proponen seguir líneas de desarrollo
para estudiar el proceso adolescente, e incluyen, por cierto, muchas referencias
literarias, me gustó en especial la clásica de Demian, de
Herman Hesse, un libro leído por muchas generaciones de adolescentes
en el que han encontrado un espejo que refleja una multitud de facetas,
llámense desarrollo psicosexual, emocional, cognoscitivo, vocacional
y hasta liberal, al encontrar una realización desplazada del incesto
habiendo apenas salido del cascarón.
En el siguiente capítulo, los mismos Teresa Lartigue y Juan Vives
nos relatan su experiencia con las adolescentes embarazadas atendidas
en instituciones y en la práctica privada. Hacen notar los estragos
que pueden causar la coincidencia de dos crisis psicobiológicas,
adolescencia y embarazo y sus repercusiones en la persona, en la pareja
y en las familias, con resultados regresivos a veces muy intensos, otras
no tanto. Por primera vez en este tipo de publicaciones se hace uso de
viñetas clínicas (20) estudiadas a profundidad con metodología
de investigación cualitativa, muy acorde con el pensamiento psicoanalítico,
a partir de lo cual presentan varias conclusiones por el método
inductivo.
Finalmente, el capítulo 6, escrito por el doctor Manuel Isaías
López, nos propone la forma en que el adolescente habrá
de autoconstruirse, una tarea implícita en el proceso de
hacerse adultos, pero hasta ahora poco difundida y estudiada como tal,
y por tanto, novedosa. Manuel parte del conocimiento psicoanalítico
clásico de la adolescencia y relaciona las diversas líneas
del desarrollo con la autoconstrucción, citando a Ortega y Gasset
El hombre es imposible sin imaginación. Define al adolescente,
la palabra y la persona, en términos etimológicos: Derivada
de adolecere, verbo que equivale a crecer, robustecer, y no a adolecer
en el sentido de padecer algún defecto. Salpica su narrativa con
varias citas originales en latín, debidamente acotadas y traducidas,
que nos dan luz y sobre muchos detalles importantes y hacen aparecer a
su texto como culto, bien informado y bien escrito con excelente manejo
del idioma español. Manuel hace un sesgo y toma en cuenta factores
como el temor al proceso de crecimiento y se permite agregar autores no
psicoanalíticos como Maslow, haciendo una interesante y novedosa
interpretación de la famosa pirámide. Por otro lado, cita
a Murraz, el creador del TAT y describe a los sujetos
orientados al éxito (los que tienen mayor motivación a lograr
sus objetivos que miedo a fracasar), y los que se orientan de manera opuesta.
Incluye a manera de corolario, una cita, quizás conocida por muchos
de ustedes: El Bachillerato ha muerto, viva el Bachillerato,
hecha por un joven de 17años, temeroso de la mediocridad y del
futuro que se llamó Sigmund Freud, y quien realmente se autoconstruyó
a lo largo de su carrera como los adolescentes habrán de hacerlo
a lo largo de sus vidas.
Con estas líneas y las ideas adyacentes, recomiendo a todos la
lectura, o cuando menos, la consulta de este tercer volumen de Caminos
del desarrollo, a sabiendas de que serán buenos caminos por
donde nos habrán de conducir las aportaciones de todos estos autores
y amigos.
Pablo Cuevas Corona
Trabajo leído
el 3 de noviembre de 2001, durante el XLI Congreso Nacional de Psicoanálisis
El Psicoanálisis frente a la posmodernidad de la Asociación
Psicoanalítica Mexicana, celebrado en la cd. de Guadalajara, Jal.
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Esperanza
Pérez de Plá y Silvia Carrioza (compiladoras)
Sujeto, inclusión y diferencia*
Investigación psicoanalítica y psicosocial sobre el Síndrome
de Down y los problemas del desarrollo
México: Universidad Autónoma Metropolitana, 2000 |
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Al encontrarse con
un trabajo de investigación como el que ahora nos presenta la Dra.
Plá y el equipo Tonalli se abre un nuevo horizonte frente a nosotros
como psicoanalistas: la posibilidad de ubicar nuestra disciplina más
allá del diván y la asociación libre. El objetivo
de esta reflexión no es discutir si un enfoque como el psicoanalítico
corresponde a un objeto de estudio tan sui géneris como la discapacidad
intelectual, representado en este trabajo a través de la patología
del síndrome de Down y las vicisitudes del desarrollo de
estos niños. Deseo proponer como meta en este documento el presentarles
algunas de mis reflexiones que esta experiencia de trabajo me ha motivado,
resaltando lo que a mi juicio personal pueden ser sus aportaciones.
El trabajo de 20 años de experiencia clínica psicoanalítica
del equipo invita a pensar que dicho campo de estudio, compuesto por un
sinnúmero de eventos de frustración y no deseo, algo tiene
para aportarnos y enriquecer nuestro saber sobre el sujeto psíquico
y su constitución, conceptos centrales abordados en esta investigación.
Menuda tarea se propusieron: el sujeto psíquico y su constitución,
visto a través de la discapacidad intelectual en el niño.
Me parece que este problema detectado en la clínica diaria resulta
la aportación más importante en este trabajo, no sólo
por las posibilidades que nos abre de pensar en torno a este hecho, sino
porque también proyecta una forma de considerar los hechos diferentes
como posibles de ser integrados a los procesos de la vida diaria. ¿Los
niños Down piensan?, ¿simbolizan? ¡Son discapacitados
intelectualmente! El grupo Tonalli nos invita a plantearnos interrogantes.
Propone pensar en las detenciones y distorsiones en el proceso de subjetivación
de dichas personas e insisten en el tratamiento psicoanalítico
centrado en el estudio de las dificultades vinculares tempranas. Sustentan
como objetivo de la integración educativa hacer del discapacitado
una persona con deseo propio, en igualdad de oportunidades.
La psicoterapia psicoanalítica individual, en el caso del síndrome
de Down y el acompañamiento terapéutico, resultan
dos modalidades de intervención aplicables no sólo para
estos casos en particular sino para los diferentes trastornos que incluye
el retardo mental, patología central que motivó este proyecto.
Su matriz generadora, el grupo Teseo; un grupo como la Dra. Plá
lo refiere en su libro, de amigos profesionistas que hace mucho tiempo
coincidían no sólo por amistad, sino que compartían
ideas e intereses teóricos comunes en un tema muy difícil
de abordar, como lo es el retardo mental y la psicosis.
De estas ideas fundadoras para quien no conoce sobre las personas
que integran este equipo de investigación surgió además
AMERPI una asociación de profesionales, psicólogos, psicoanalistas,
pedagogos, maestros especialistas, todos ellos dedicados al estudio y
tratamiento de niños que presentan este tipo de patología
y que requieren de innovadores modelos de trabajo, como el propuesto en
esta investigación, para que puedan lograr una integración
a la vida como cualquier persona no discapacitada.
Volviendo a la temática del libro, los diferentes trabajos clínicos
van abordando otros aspectos de primer orden: la contratransferencia en
el trabajo con este tipo de casos; el trabajo con los padres de dichos
pequeños, el cual resulta central para el manejo terapéutico
integral; las repercusiones a nivel de representaciones y del pensamiento
que el tratamiento psicoterapéutico psicoanalítico aporta
en los casos de retardo mental. Finalmente, cómo considerar a la
luz de esta aportación conceptos como discapacidad e integración
educativa, entendiéndose esta última como política
educativa y social para estos casos.
Todo este trabajo clínico no podría rendir frutos si no
se hubiera ordenado, como todo proyecto de investigación, bajo
el marco de una metodología específica, que en este caso
se realizó con el auspicio de un enfoque psico-social que complementó
la visión psicoanalítica, ambas como disciplinas que aportan
conocimientos tanto en lo psíquico como en lo social.
En este punto me parece importante hacer un paréntesis para insistir
en la necesidad de construir espacios trans-disciplinarios e interdisciplinarios
en la investigación de este tipo de problemas, y donde el enfoque
psicoanalítico sea una visión eje entre las varias disciplinas
que participan. Es frecuente encontrar aportaciones aisladas que los diferentes
campos de estudio proporcionan: el enfoque pedagógico, el psicológico-cognitivo,
médico-biológico o social, lo cual en ocasiones resulta
poco integrador. Es difícil encontrar, como en este trabajo, un
desarrollo entre varias disciplinas, lo que permite una conceptualización
integradora entre el fenómeno de la discapacidad intelectual, el
fenómeno subjetivo y su dimensión social.
Dos de las hipótesis planteadas resultan ser, en mi opinión,
el eje teórico de orden psicodinámico para pensar en las
condiciones de organización de la estructura subjetiva del niño
Down: a) el considerar como factible el hecho de que el niño
Down puede desarrollar una estructura subjetiva y b) el problema
de la constitución de un sujeto del inconsciente.
Al interior de dichas proposiciones hipotéticas nos enfrentamos,
según lo anterior, a ubicar las particularidades de la constitución
subjetiva y las vicisitudes por las que estos niños atraviesan
para lograr emerger como sujeto en una forma autónoma y diferenciada
y junto a esto, la necesidad de interrelacionar dicho desarrollo con las
funciones mentales.
Uno de los escollos a los que se enfrenta el investigador es el darse
cuenta que la necesidad de todo niño de llegar a reconocerse y
ser reconocido como sujeto independiente en su deseo es, en estos casos,
un proceso seriamente perturbado desde el nacimiento. La madre vive una
profunda herida narcisista al reconocer que su bebé, por razones
físicas u orgánico funcionales, no responde a su propio
deseo inconsciente. Como claramente describe la autora: la vivencia
de decepción que la madre experimenta la conduce a responder
con rechazo hacia un abandono mortífero de su hijo, no sólo
a nivel psíquico sino también en la realidad concreta...
Por tal motivo, no es poco frecuente encontrar en el niño con retardo
a un sujeto sujetado como se menciona en la investigación,
construido por el otro para ser su propiedad, su prolongación
para no evolucionar hacia la diferenciación... Así,
el niño termina funcionando como un sujeto que no logra pensar
ni actuar con autonomía sino en función del otro,
quien no favorece un proceso libre de diferenciación.
Al hacer una revisión de los diferentes elementos que participan
en este proceso de construcción subjetiva, la autora refiere algunos
hallazgos detectados en el caso del niño Down como procesos
particularmente modificados o distantes de una situación común
de vinculación madre-bebé.
La autora refiere: Hemos encontrado que uno de los procesos más
afectados en niños con Síndrome de Down es justamente
el de la organización de una imagen especular adecuada (Lacan,
1972), lo cual acarrea una serie de problemas en el proceso de construcción
del aparato psíquico [...]. La opacidad de la mirada de la madre
ante un hijo anormal, su depresión y su dificultad de reconocerlo
como propio impide que el niño se vea, se encuentre, se identifique
como diferente: no se refleja y entonces lo que ve es a la madre, con
dificultad puede encontrarse a sí mismo.
A esto se refiere la Dra. Plá cuando ubica estas vicisitudes como
accidentes de la subjetivación, los cuales dependiendo
del momento en que son atendidos pueden o no ser reversibles. Una parte
fundamental de estos procesos alterados la juegan esos elementos de maduración
neurológica y de fallas orgánicas del bebé, lo real
del cuerpo, que se resiste y que marca límites imposibles de negar.
Un punto importante para dar a conocer en esta investigación son
los hallazgos que a nivel clínico manifiestan los niños
Down en relación a la madre y el padre que viven la experiencia
de un niño discapacitado. Tres aspectos interjuegan en este problema:
a) La alteración física del bebé, b) El trauma y
resignificación del impacto que sufren los padres y el medio circundante,
y c) La capacidad de estos padres de comunicar e interpretar a ese bebé.
A un niño decepcionante se hace difícil verlo, atenderlo
y aceptarlo, se vuelve potencialmente persecutorio, acaso ¿ominoso?
como diría Freud. La deseada disponibilidad parental se desvanece.
Apenas consigue la madre atender las necesidades físicas del bebé,
cuando no lo destinan a una nana o cuidadora que en casos
bastante conocidos se vuelve la rescatadora de ese niño discapacitado.
En palabras de Esperanza Plá: La matriz simbiótica
(referida al describir los procesos normales del desarrollo), la ilusión
primaria de unión madre-bebé se ve truncada porque esa diferencia*
se instala en el vínculo como una alteridad impuesta precoz y traumáticamente.
La esencial especularidad que tiene como base la mirada de la madre, espejo
por excelencia, se dificulta mucho...
La posibilidad de la madre de poder integrar a su hijo como parte suya,
en estos casos resulta imposible; es un niño sentido como ajeno,
extraño. Dice la autora: Esto acarrea una anticipación
brutal y precipitada de la diferencia y de la separación del bebé
respecto a sus padres [...] el temor de no saber o no poder responder
a las necesidades especiales de este hijo es inevitable. En mi opinión,
la ambivalencia en el vínculo se establece como modalidad intersubjetiva
de funcionamiento, lo cual perturba al tan necesitado feed-back madre-bebé
que estos niños, más que cualquiera, necesitan para el nutrimiento
psíquico que permita lo que los autores señalan como reanimación
psíquica.
Dirían ustedes, ¿y después de este panorama nos quieres
decir que no existe solución posible a las vicisitudes de la subjetivación
en estos niños? Yo les respondería que, si existen terapeutas
como el equipo Tonalli y personas que aceptamos comentar este tipo de
trabajos, es porque creemos y tratamos de encontrar alternativas terapéuticas
para esos niños. La tarea es pues estudiar los casos clínicos
y adentrarnos cada uno en esta aventura teórica.
Antes de finalizar este comentario deseo hacer una última reflexión
en torno al concepto de: la diferencia y, por lo tanto, la
aportación de complementaridad que esta visión proporciona
al enfoque reeducativo de la discapacidad en el campo de la educación
especial. Si bien nadie podría negar la importancia de que una
persona discapacitada tenga a la mano en el curso de su desarrollo y educación
los elementos suficientes que le permitan una habilitación de funciones
para un desarrollo social y educativo satisfactorio, no podemos negar
algunos excesos de este enfoque rehabilitatorio en el curso de la historia.
Mucho antes de los movimientos de política social y educativa que
promovieron la integración del discapacitado (Mariela, 20001) era
muy frecuente encontrarnos con clínicas, instituciones de rehabilitación,
escuelas que en su deseo de obtener resultados óptimos en la rehabilitación
de funciones, realizaban a los pequeños pacientes entrenamientos
tan rígidos que no importaba el sufrimiento físico y psíquico
de los pequeños, ya que era por su bien, para que pudieran
ser como los demás niños. Durante mis años
de trabajo institucional me tocó conocer casos así, básicamente
en el área de audición y parálisis cerebral infantil,
en donde este tipo de suplicio sado-masoquista se llevaba a cabo cotidianamente.
Como es lógico, me tocó enterarme de niños que después
de ocho, diez o doce años de reeducación, ya en la adolescencia,
llegaban a suicidarse. Dos aspectos llaman la atención en este
caso: el tipo de discapacidad y el fenómeno consecuente, la muerte
como solución. ¿Tendrá algo que decirnos este hecho
histórico?
Como esta investigación nos muestra el cuerpo, la escucha, el lenguaje
en desarrollo, son ingredientes fundamentales para que se produzca, a
través del vínculo con la madre, una experiencia de subjetivación
que permita al discapacitado concebirse como un ser con deseo propio;
un ser inclusivo y diferente en su entorno psico-social.
Martha Inés
Mariela Marino
Trabajo presentado
en las Jornadas de AMERPI-Abril 2000 y leído el 3 de noviembre
de 2001, durante el XLI Congreso Nacional de Psicoanálisis El
Psicoanálisis frente a la posmodernidad de la Asociación
Psicoanalítica Mexicana, celebrado en la cd. de Guadalajara, Jal.
* Las negritas son mías
Mariela, M. I (2000)
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Paulina
Kernberg, A. Weiner y K. Bardenstein
Trastornos de la personalidad en niños y adolescentes*
México: El Manual Moderno, 2002 |
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Dado que estoy haciendo
la presentación como traductora, del libro Trastornos de la
personalidad en niños y adolescentes, en ausencia de sus autores,
me gustaría comentarles brevemente que la doctora Paulina Kernberg,
a quien muchos de ustedes ya conocen, tanto por sus libros y publicaciones
relacionadas al tema de la infancia y la adolescencia, como por su presencia
en diversos congresos y talleres en nuestro país; es profesora
de Psiquiatría de la Universidad de Columbia, y de la Universidad
de Cornell, es directora del Departamento de Psiquiatría de la
Infancia y la Adolescencia del programa de la Universidad de Cornell en
el New York Presbyterian Hospital, División de Westchester y es
psicoanalista didáctica graduada del Instituto Psicoanalítico
de Topeka, Kansas. La doctora Kernberg, además de ser profesora,
supervisora, escritora, conferencista y directora de tan reconocida institución,
es una investigadora apasionada de todo lo relativo a la infancia, por
lo que ha constituido lo que ella denomina la terapia vincular, todo esto
en su firme convicción de que se necesita un trabajo preventivo
en el campo de la salud mental que debe de iniciarse en la primera infancia.
La doctora Kernberg recibió en 1997 el primer premio de Investigación
Infantil otorgado en los Estados Unidos, éste es: The American
Academy of Child and Adolescent Research Award, por sus sobresalientes
contribuciones a este campo, muchas de las cuales ven luz en este libro.
Los co-autores, Karen Bardenstein, su hija, es doctora en psicología
clínica, tiene su práctica privada en Ohio y ejerce también
como profesora en el Case Western Reserve University; Alan Weiner, también
es doctor en psicología clínica y colabora en la Universidad
de Cornell, en el departamento de psiquiatría de niños y
adolescentes, con la doctora Kernberg. Ellos comparten el entusiasmo de
la doctora en este campo, y han contribuido en toda la sistematización
de la investigación para hacer posible este libro.
Actualmente los trastornos de la personalidad en la vida adulta han adquirido
una gran significancia en el medio de la salud mental, sin embargo la
etiología y desarrollo de estos trastornos en jóvenes adolescentes
y sobre todo en niños, no ha recibido la atención que requiere,
no se han enfatizado sus precursores en el desarrollo temprano, incluso
la posibilidad de la presencia de trastornos de la personalidad en la
infancia ha sido cuestionada. El propósito de los autores es presentar
evidencia contundente y precisa, basándose en diversos autores
como Anna Freud, Erik Erikson, Stern, Bowlby, Brazelton, Akhtar, Ainsworth,
Mahler, Main, O. Kernberg y Piaget, pero aportando novedosas y recientes
investigaciones, junto con observaciones clínicas, que han recopilado
a lo largo de muchos años y con innumerables casos que las ilustran.
La parte nuclear del libro es la descripción de cada trastorno,
examinando la nosología del DSM IV, que no siempre reconoce la
existencia del trastorno en edades tempranas, por lo cual haría
imposible su detección y obviamente su tratamiento y prevención.
En lo cotidiano, estos trastornos se asocian, con cadenas patológicas
generacionales que inciden en disfunciones académicas, sociales
delincuencia, abuso de sustancias, desempleo, suicidio, etc., pero existe
una negación a creer posible que un niño puede desde la
más tierna infancia presentar alteraciones que tengan consecuencias
de esta magnitud. La comorbidad con trastornos de angustia, afectivos,
cognoscitivos y de la alimentación empeora aún más
la funcionalidad del individuo y su repercusión en la sociedad.
La primera parte del libro, es la perspectiva del desarrollo, los
autores mencionan que muchos clínicos e investigadores se han enfocado
más a los trastornos del Eje I, dado que los trastornos de la personalidad
en los niños son menos evidentes en un incio. En esta parte se
describe el surgimiento de los rasgos de personalidad en la infancia,
lo que incluye la aparición del sentido de identidad, la modulación
de los afectos, la forma del pensamiento y la relación con el mundo
externo, los cuales tienen implicaciones para el desarrollo de los trastornos
de la personalidad en los niños. Por ejemplo, se considera que
la emergencia del sentido de la vergüenza, la cual implica auto-consciencia,
se da, antes de los dos años (Lewis, 1993), el reconocimiento de
uno mismo ante el espejo ocurre a los tres años de edad (P. Kernberg,
1992), la impulsividad no modulada y desbordada, tiene una base biológica
y si está siendo no adaptativa, sería otro precursor de
trastornos limítrofes de la personalidad (Achenbach, 1995 y Bernstein
et al., 1993). La empatía, otro ejemplo, se considera indispensable
para el adecuado funcionamiento interpersonal, ésta, ya se puede
evaluar a los dos años de edad y sus desviaciones recaerían
en componentes de los trastornos narcisistas y antisociales de la personalidad
(Hoffman, 1977; Selzer et al., 1987). Otros componentes de la personalidad
serían el estilo de pensamiento y la presencia de un sistema de
razonamiento operacional concreto, el cual debe de manifestarse en la
infancia media para lograr la capacidad de abstracción en la vida
adulta (Piaget, 1950).
Los autores consideran también, el estudio del apego de fundamental
importancia si pensamos en la continuidad a través de las etapas
del desarrollo. Los patrones de apego determinan las características
de las relaciones interpersonales y la representación mental del
otro; estas clasificaciones de apego son descriptivas de estilos de personalidad
que influyen en el patrón de interacciones del individuo a largo
plazo con los demás. También en esta sección, los
autores describen y diferencian temperamento, identidad, género,
trastornos neuropsicológicos del desarrollo, afecto y mecanismos
de defensa. Cada trastorno de personalidad representa un complejo proceso
biopsicosocial. La vida real es todavía más
compleja porque en muchos niños los trastornos de la personalidad
no son tan puros, sino que ocurren juntos y parciales al inicio;
es por esto que deben de evaluarse los componentes de la personalidad,
las interacciones y los mecanismos de defensa a fondo, considerando al
niño de manera simultánea como el objeto y el agente de
la energía formativa.
La segunda parte, describe los diferentes trastornos de la personalidad,
los subgrupos de acuerdo a la organización de la esta y los rangos
de mayor a menor gravedad. Es decir, se inicia en los trastornos neuróticos
de la personalidad, pasando por la organización limítrofe
y finalizando en la organización psicótica. Esto abarca
de la sección dos a la cuatro y es descriptiva de las características
de cada trastorno. También involucra los instrumentos de detección
lo cual abarca desde las pruebas psicológicas hasta las entrevistas
estructurales y la evaluación clínica. La doctora Kernberg
a partir de esta investigación publica simultáneamente,
el CPTI, o Children´s Play Therapy Instrument,
el cual es un método completísimo de evaluación sistematizada
de parámetros psicoanalíticos y del desarrollo en los niños
y que nos permite ubicar elementos del mundo interno del niño,
sus fantasías, deseos y preocupaciones, así como los estilos
de defensas que utiliza para finalmente concluir si estamos en el terreno
neurótico, limítrofe o psicótico de organización
de su personalidad. Este instrumento también resulta útil
para detectar eventos traumáticos infantiles de abuso, efectos
del divorcio de los padres, duelos, etc.
Para tomar un solo ejemplo, dado que no podemos extendernos con la descripción
de cada uno de los trastornos, tomemos el trastorno antisocial de la personalidad,
el cual no es reconocido por el DSM IV hasta los
18 años de edad como tal, sin embargo, la evidencia de un trastorno
de conducta antes de los 15 años es un criterio clave. T. E. Moffit
(1993) ha demostrado que pacientes con trastorno antisocial de la personalidad
lo han evidenciado desde la temprana infancia. Se ha utilizado el término
de continuidad heterotípica para comprobar la clara existencia
de los precursores de la patología. Lo anterior, es en contraste
con muchos adolescentes que presentan comportamientos antisociales sólo
en la etapa adolescente. Muchos investigadores han coincidido en sus observaciones,
hay incidencia de una personalidad narcisista por una parte y una conducta
delincuente por la otra.
Una manera de distinguir el trastorno antisocial de la personalidad o
psicopatía, es en términos de la socialización. El
DSM III identifica diferentes subcategorías
del trastorno disocial: los agresivos no socializados, los agresivos solitarios
y los de tipo indiferenciado que están incluidos en el grupo psicópata;
los trastornos disociales socializados, tanto de tipo agresivo como no
agresivo, incluyen a gran parte del grupo no psicópata. Los niños
agresivos socializados manifiestan alguna capacidad para relacionarse
con sus compañeros, apego, culpa, vergüenza y remordimiento;
mientras que aquellos agresivos no socializados son incapaces de entender
las reglas o los sentimientos de los otros. Dado que ambos tipos tienen
resultados diferentes, es de lamentarse que el DSM IV no considere la
distinción entre los niños socializados y los no socializados.
Los problemas conductuales de niños con trastorno antisocial de
la personalidad son crónicos y pueden aparecer muy temprano en
la infancia, pueden ser tan chicos como de dos años. Esto es cuando
son impulsivos, resistentes a los límites, no reaccionan ante el
castigo ni el premio y fallan en sus reacciones empáticas. La falta
de control interno combinado con crueldad, perversión y ausencia
de culpa, es lo que hace la diferencia con las historias de otros niños
y su pronóstico es altamente reservado. Confundir al niño
antisocial con características primero de impulsividad, o conflictuado
con la autoridad, para posteriormente verlo como oposicionista desafiante,
hasta llegar a disocial, antes de poderlo diagnosticar como francamente
antisocial, desmerece en tiempos de tratamiento, en abordajes de contención,
y por lo tanto en repercusiones destructivas tanto en sí mismo
como en su familia y en la sociedad.
La parte final trata de los temas especiales como son los factores
sociales como antecedentes culturales y de divorcio. Continúa con
los problemas de nomenclatura de los síndromes de la infancia y
la adolescencia en el DSM IV y se concluye con mayores
interrogantes para hacer futuras investigaciones, además de una
revisión de las indicaciones para llevar a cabo una investigación.
El esfuerzo de las investigaciones que conforman este libro y las implicaciones
en diferenciar la normalidad y la patología desde la primera infancia,
hacen una diferencia significativa en la prevención de la enfermedad
mental de adultos que además repercuten destructivamente no sólo
en sí mismos, sino en sus respectivas familias y en toda la sociedad.
Los invito a adoptar éste como un libro de cabecera de la psicopatolgía
de la infancia.
Olga Santamaría
Pombo
Trabajo leído
el 3 de noviembre de 2001, durante el XLI Congreso Nacional de Psicoanálisis
El Psicoanálisis frente a la posmodernidad de la Asociación
Psicoanalítica Mexicana, celebrado en la cd. de Guadalajara, Jal.
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Paulina
Kernberg, A. Weiner y K. Bardenstein
Trastornos de la personalidad en niños y adolescentes*
México: El Manual Moderno, 2002 |
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Agradezco profundamente
a la Dra. Olga Santa María, su invitación para elaborar
la reseña del libro Trastornos de la personalidad en niños
y adolescentes, escrito por una de las más destacadas psicoanalistas
de niños y adolescentes: la Dra. Paulina Kernberg, profesora de
psiquiatría en Cornell University Medical College, así
como por el Dr. Alan Weiner, profesor asistente de psiquiatría
de la misma universidad y por su hija, la Dra. Karen Kernberg de Bardenstein
profesora de Psicología y Psiquiatría en Case-Western
Reserve University.
El libro cubre un vacío muy grande en lo referente a la psicopatología
de las etapas de latencia y adolescencia. Los siete volúmenes del
Tratado de psiquiatría del niño y del adolescente,
compilados por Serge Lebovici, René Diatkine y Mitchel Soulé,
publicados hace más de una década (con una segunda edición
revisada recientemente), si bien constituyen una fuente de consulta magnífica
para los interesados/as en los aspectos psicodinámicos de las enfermedades
mentales, no aborda el rubro de los trastornos de personalidad; tampoco
lo hace la Décima Clasificación de la Organización
Mundial de la Salud en su edición de 1996.
La obra que nos ocupa, está dividida en seis secciones, en la primera
se enfatiza la perspectiva del desarrollo temprano, en la segunda el proceso
de evaluación de los trastornos de la personalidad. Las secciones
tres, cuatro y cinco analizan y describen los tres tipos de organización
de la personalidad propuestos por Otto Kernberg; en la organización
neurótica se agrupan los trastornos histéricos e histriónicos,
el trastorno de la personalidad por evitación, así como
el obsesivo compulsivo. En la organización borderline, se
incluyen los trastornos limítrofe, narcisista y antisocial y por
último en la organización psicótica, los trastornos
esquizotípicos, paranoides y esquizoides de la personalidad. La
sexta sección es particularmente relevante, debido a que está
dedicada a temas especiales e implicaciones para la investigación,
donde se abordan las relaciones existentes entre los trastornos de la
personalidad y la cultura en estos tiempos, donde coexiste lo premoderno,
con lo moderno y lo posmoderno. Es cada vez más evidente la pluralidad
y la heterogeneidad, además del fenómeno migratorio, no
sólo al interior de los países, sino entre países
o continentes. El libro trata lo relativo a las patologías de género,
así como las vicisitudes del desarrollo en niñas y niños
cuyos padres se han divorciado y vuelto a casar.
Sus principales contribuciones radican justamente en esta manera de concebir
la psicopatología desde la perspectiva del desarrollo, a partir
de la formación de un nuevo ser que atraviesa por diferentes etapas
a lo largo de su ciclo vital, y si bien existen discontinuidades en este
proceso, también es posible seguir la evolución o fijación
o regresión en las diferentes líneas del desarrollo. Al
igual que en el libro compilado por Marcelo Salles, se resalta la importancia
de la evaluación de la historia del desarrollo, así como
el tópico central que se indaga o explora en la entrevista estructural:
la identidad con las diferentes características que la conforman.
Cabe hacer notar que la Dra. Kernberg y colaboradores, basados en la entrevista
estructural de O. Kernberg, diseñaron la entrevista de evaluación
de la personalidad (PAI por sus siglas en inglés)
que tiene una duración de 45 minutos, a través de la cual
se exploran las siguientes variables: representaciones del sí mismo
y del objeto, cognición, afectos, capacidad reflexiva de un yo
observador y empatía con el entrevistador/a. Se destaca de igual
manera la importancia diagnóstica del instrumento de terapia de
juego para niños (CPTI), construido también
por la Dra. Kernberg y colaboradores/as. El proceso de evaluación
incluye además los resultados obtenidos en las pruebas psicológicas
(psicométricas y proyectivas), así como la evaluación
exhaustiva de los mecanismos de defensa.
De las tres secciones que se ocupan de los tipos de organización
de la personalidad, la más ampliamente desarrollada es la limítrofe
o borderline (de las páginas 117 a la 197).
Si bien, en las diferentes clasificaciones de los trastornos de la personalidad
se basan en las descripción fenomenológica del DSM-IV,
los autores la amplían y desarrollan en forma abundante y generosa,
en virtud de que incluyen no sólo la perspectiva del desarrollo
como ya se mencionó, sino también los principales indicadores
que se manifiestan o advierten a través de las pruebas psicológicas,
las indicaciones e tratamiento y en algunos trastornos, las investigaciones
relativas a la dinámica familiar. Tienen el mérito además
de que algunos trastornos de la personalidad como el histérico,
el histriónico, por evitación, obsesivo-compulsivo, se ejemplifican
con viñetas clínicas que nos permiten aproximarnos a la
singularidad y subjetividad de casos específicos en tratamiento
psicoanalítico o psicoterapéutico.
Por todo lo anterior, me permito recomendar ampliamente esta obra que
pone al día el debate de las continuidades y discontinuidades del
desarrollo, así como el amplio estudio de los componentes de la
personalidad: el temperamento, la identidad, incluida la identidad de
género, los afectos, mecanismos defensivos y los trastornos neuropsicológicos
del desarrollo, que tienen que ver con el déficit en el funcionamiento
cognoscitivo y yoico, que afectan la manera en la que la niña o
el niño pueden procesar, organizar y recordar la información.
La revisión de la literatura es exhaustiva, mas de 350 referencias
dan cuenta del cuidado y amplio análisis de la literatura relevante
sobre el tema, clásica y actual respecto de los trastornos de personalidad,
que desde la teoría psicoanalítica se conceptualizan como
trastornos de carácter.
A guisa de conclusión, deseo citar de manera textual a los tres
autores del libro: Los trastornos de la personalidad tanto en niños
como en adultos resultan identificables de manera confiable y muestran
un patrón de persistencia que hace que su impacto sea generalizado
y grave; asimismo se asocian con los trastornos de los Ejes I y II. Es
importante subrayar que los trastornos de personalidad en la evaluación
diagnóstica de los niños puede resultar en un tratamiento
más eficaz; de esta manera se constituye en una acción de
prevención secundaria evitando que las y los niños, así
como sus familias experimenten años de sufrimiento y oportunidades
desperdiciadas. Felicito a la Dra. Santa María por su excelente
traducción.
Teresa Lartigue
Becerra
Trabajo leído
el 3 de noviembre de 2001, durante el XLI Congreso Nacional de Psicoanálisis
El Psicoanálisis frente a la posmodernidad de la Asociación
Psicoanalítica Mexicana, celebrado en la cd. de Guadalajara, Jal.
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Víctor
Albores García, Marco A. Corona, Pablo Cuevas Corona, Eduardo Dallal
y Castillo, Lauro Estrada-Inda, Teresa Lartigue Becerra, Norma Alicia León,
Manuel Isaías López, J. Martín Maldonado-Durán,
Ramón Parres Sáenz, Esperanza Pérez de Plá,
Marcelo Salles Manuel, Juan Vives Rocabert. Marcelo Salles (coordinador)
Manual de terapias psicoanalíticas en niños y adolescentes*
México: Editorial Plaza y Valdes, 2001, 2da. Ed. |
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En la segunda edición
de este libro participan como autores, colegas que tienen una amplia experiencia
en el campo clínico del psicoanálisis y de las terapias
psicoanalíticas en niños y en adolescentes. Aparecen como
coautores cinco colegas que no participaron en la primera edición.
Ellos son el Dr. Martín Maldonado-Durán, La Dra. Teresa
Lartigue Becerra, El Dr. Juan Vives, el Dr. Ramón Parres y el Dr.
Marco A. Corona. Ya hemos mencionado en la introducción al libro
el sensible fallecimiento del Dr. Rodolfo Ortega, uno de los autores originales.
Con la participación fresca de los nuevos coautores, más
los originales, se consiguió darle un nuevo ímpetu y dirección
a este volumen.
Por un lado reorganizamos la presentación del material, de tal
modo que dividimos al libro en dos partes. En la primera de ellas planteamos
el material teórico y dejamos para la segunda, el material práctico.
Este nuevo arreglo le da a la lectura del libro, una nueva fluidez, de
la que carecía. Además se actualizaron los capítulos,
por ejemplo el relativo a la investigación, revisa el material
nuevo aparecido del año 1992 a la fecha de esta edición.
Los otros capítulos han sido también actualizados según
la velocidad con la que progresan los contenidos específicos de
los temas. Se ha ampliado el glosario en consecuencia a los nuevos temas
introducidos.
En esta nueva edición el lector encontrará cuatro capítulos
nuevos: el de aspectos generales de la técnica analítica,
el del proceso terapéutico, el de la psicoterapia padres-bebé
y el de la psicoterapia de grupo. Los dos primeros son nuevos, ya que
los autores que los escribieron decidieron rehacer dichos capítulos,
escritos originalmente por el Dr. Ortega. Los dos últimos son de
nueva aparición en este volumen y representan, por un lado el avance
reciente logrado en las terapias analíticas padres-bebé
y el otro el de psicoterapia de grupo, representa una afortunada adición
al volumen dada su utilidad e importancia.
Estos cuatro nuevos capítulos junto con la nueva distribución
de los mismos le proporciona al lector, un panorama muy amplio, dentro
del campo de las psicoterapias analíticas, lo cual agranda, como
cuando se despliega un abanico, la oportunidad de ensanchar el conocimiento
en esta área.
Ya sea que se trate de un psicoterapeuta en formación, de uno recién
formado, o de uno con amplia experiencia en el campo, la lectura de este
volumen lo podrá enriquecer en algo, tal vez reafirmar sus conocimientos
del tema, o podrá disentir de lo expresado, o encontrará
apoyo y guía para su práctica clínica. Los autores
de este volumen estamos abiertos a sus críticas y sugerencias,
las cuales son bienvenidas, podrán hacerlas enviándolas
al coordinador de este libro, y de un modo puntual y oportuno les daremos
lectura y contestación.
En la primera parte de este libro encontrarán Uds. la teoría
que apoya a nuestro quehacer psicoanalítico. Se empieza por relatar
la historia del movimiento psicoanalítico y psicoterapéutico,
en niños y en adolescentes, su llegada y modo de establecerse en
nuestro país. Se habla de instituciones y de personas que han participado
en dicho movimiento. El capítulo sobre Melanie Klein, nos relata
la vida de esta mujer como hija, madre y esposa, apasionada y tenaz con
sus ideas relacionadas al psicoanálisis de niños. El capítulo
sobre la investigación, nos pone al día en el tema. El capítulo
sobre las diferencias entre el psicoanálisis y la psicoterapia
nos ayudan para hacer un clivaje entre estas dos modalidades terapéuticas.
El capítulo acerca del proceso formativo del especialista nos lleva
de la mano en el camino, para entender la importancia de la formación
personal y académica del futuro terapeuta. Los capítulos
dedicados a la técnica analítica, nos conducen con propiedad
por la historia de la técnica en sí y revisan cuidadosamente
las áreas más importantes para el terapeuta, como pueden
ser: la transferencia, la resistencia, la alianza terapéutica,
la interpretación, el entendimiento de los sueños, entre
muchos otros temas; sobre todo en sus modalidades aplicables en niños
y adolescentes.
La segunda parte del libro nos conduce, de un modo directo, en los quehaceres
diarios de la práctica clínica. De tal modo que se abordan
temas de importancia para la práctica, tales como la importancia
del desarrollo, vinculándolo específicamente a la práctica
de las modalidades terapéuticas. El capítulo tan importante
que es el de la valoración clínica, paso fundamental antes
de iniciar el proceso terapéutico. Se revisa también la
importancia que tienen los padres en el entendimiento y práctica
del proceso analítico en niños y en adolescentes, lo que
constituye otro capítulo. Y finalmente vienen los capítulos
dedicados específicamente a la técnica en niños y
en adolescentes, en grupo y en la modalidad padres-bebé. En el
capítulo dedicado al niño se describen los abordajes al
principio del tratamiento en la parte media y al final del mismo. Se describen
especialmente el manejo de las resistencias en cada una de las fases del
tratamiento. En el de los adolescentes se describe la importancia del
desarrollo normal, la disponibilidad del terapeuta, la aptitud para responder
a las necesidades afectivas del paciente, el manejo de la relación
real, entre otras. En el capítulo dedicado a la psicoterapia padres-bebé,
se describen once diferentes modalidades de abordaje con esta nueva técnica,
cada una de ellas para ser utilizada, dependiendo del cuadro clínico,
presentado por el bebé y sus padres. Finalmente en el capítulo
dedicado a la psicoterapia de grupo se describen las modalidades teóricas
y prácticas divididas según las edades del paciente en:
grupos pre-edípicos y edípicos, grupos de latentes, grupos
de pre y de adolescentes.
Resumiendo, pienso que la lectura de este volumen, redituará con
creces al lector que se aventure en él.
Marcelo Salles
Manuel
Trabajo leído
el 3 de noviembre de 2001, durante el XLI Congreso Nacional de Psicoanálisis
El Psicoanálisis frente a la posmodernidad de la Asociación
Psicoanalítica Mexicana, celebrado en la cd. de Guadalajara, Jal.
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