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La supervivencia del psicoanálisis1 Roberto Azevedo* e-mail: roberto.azevedo@terra.com.br |
| Este tema está
siendo objeto de preocupación no sólo de los psicoanalistas
individualmente, sino también de la propia institución psicoanalítica,
sea ella internacional, sean las instituciones afiliadas a la misma. Las razones de esta preocupación se relacionan fundamentalmente con la decadencia del prestigio del psicoanálisis, a partir de los años 60, en los Estados Unidos; de la década de los 70 en Europa, y a partir de 1980 en que comienza a sentirse en los países de América Latina, creando lo que se puede denominar de un malestar en el psicoanálisis. Ese malestar en el psicoanálisis, además de otras razones, puede considerarse una consecuencia del malestar en la civilización. Colocado de esta manera, es necesario demostrar que el malestar en el psicoanálisis no se debe solamente a cuestiones particulares de las instituciones psicoanalíticas, o de la teoría y práctica del psicoanálisis. El mundo con sus cambios, especialmente en las últimas décadas del siglo XX, cuando esa declinación tuvo lugar, ya se caracterizaba por una disminución internacional de la demanda clínica. Los consultorios psicoanalíticos empezaron a vaciarse. Los pacientes que hasta entonces buscaban tratamiento psicoanalítico, comenzaron a desaparecer. Se hace necesario indagar cuáles factores externos son los factores responsables por este vaciamiento. El primer factor que se indica muchas veces, responsabiliza a las crisis económicas que los países americanos, excepto los Estados Unidos, vienen manifestando. Este argumento pondría la responsabilidad en factores económicos mucho más coyunturales que estructurales, creyéndose ingenuamente que una vez que mejore la situación económica, la demanda por terapia dirigida al psicoanálisis volvería nuevamente. Esta argumentación pasa por alto, la decadencia que el psicoanálisis experimentó en los países donde la economía no fue desestabilizada, como en los países europeos y norte-americanos. Sin embargo, no podemos dejar de lado totalmente la importancia del factor económico, una vez que los precios de las consultas psicoanalíticas alcanzaron en la actualidad un nivel bastante alto, incompatible con el precio de las consultas en el área de servicios médicos, en los países en desarrollo. Otro motivo que puede ser responsable por la disminución de la demanda de los tratamientos psicoanalíticos puede atribuirse al impacto que el psicoanálisis sufrió de la psicofarmacología, de las nuevas técnicas de investigación neurobiológica y de las neurociencias. La difusión de las drogas psicotrópicas, aliada a la multiplicación de exámenes rigurosos sobre las disfunciones cerebrales, pasó a demostrar los recursos psicoanalíticos de investigación y su terapéutica, como insuficientes y poco sustentables a desde un examen crítico más riguroso de las funciones mentales. Asistimos, entonces, a un aumento creciente del prestigio de la psiquiatría, sobretodo, en los Estados Unidos de Norteamérica, en detrimento de las ofertas psicoterápicas del psicoanálisis. En ese sentido, vale recordar que el psicoanálisis, alejándose de la medicina acabó perdiendo el contacto con fuentes importantes de envío de pacientes neuróticos y psicosomáticos que buscan, con mayor frecuencia, especialistas en el área médica. La psicofarmacología se muestra más adecuada a las características de la sociedad contemporánea. Esta, sumergida en la sociedad de consumo, acabó por introducir una exigencia de rapidez en la resolución de los problemas sociales, inclusive en los problemas de conflictos psicoemocionales. Los pacientes buscan soluciones rápidas para sus dificultades, rechazando, con frecuencia, las soluciones que impliquen demora y sufrimiento, como ocurre con el tratamiento psicoanalítico. Los problemas de traslado en las grandes ciudades con tráfico congestionado, implican un mayor consumo de tiempo en la búsqueda de los tratamientos, no solamente de larga duración, sino lo que es más importante, de mayor frecuencia y asiduidad a los consultorios psicoanalíticos. No debemos olvidarnos que los tratamientos psiquiátricos ofrecidos abarcan un número mucho mayor de pacientes, presentándose como un tratamiento masificado, lo que se convierte en una competencia imposible para el psicoanálisis, que en la mayoría de las veces, se olvida que se trata de un trabajo clínico artesanal. El analista exitoso con su clientela está en condiciones, en la mejor de las hipótesis, de atender de diez a doce pacientes en consultas de 45 a 50 minutos. El tratamiento psiquiátrico además de poder prolongarse por ser más barato, a los diversos estratos de la población, puede consumir en la atención del paciente un tiempo considerablemente menor, pues, ignora al sujeto, su subjetividad, su historia y la importancia de los psicodinamismos que caracterizan la individualidad de cada paciente. Casi llegamos a la vieja fórmula que postula que no existen enfermos, sólo existen enfermedades. En ello reside su debilidad e insuficiencia que el tiempo nos mostrará. Sería extremadamente importante que el radicalismo por parte del psicoanálisis con relación a la psiquiatría y de esta última con relación al psicoanálisis, fuesen abandonados y un estado de cooperación madura se estableciese entre esas dos disciplinas. Otra característica importante de la disminución del interés por el psicoanálisis, se relaciona con la desaparición de las ideologías, sobretodo, de las Soterologías (doctrinas de salvación). Entramos en el siglo XXI fuertemente influenciados por el desencanto, desamparo y escepticismo. El marxismo que se presentaba como una importante soterología, acabó desapareciendo en el siglo XXI. Es preciso reconocer que el psicoanálisis, también, emergió en el siglo XX como una soterología; se presentaba como una doctrina revolucionaria, prometiendo una visión modificadora, no sólo de los problemas de la clínica, sino de una nueva visión del mundo. Freud sintió la necesidad de difundir la buena nueva del psicoanálisis para todo el mundo y como un hábil político, acabó organizando modos de difusión del psicoanálisis para todo el mundo, creando la Asociación Internacional de Psicoanálisis (IPA) que debería, como una multinacional, responsabilizarse por la gestión de lo que fuera necesario para la referida difusión. Alguien ya dijo que el psicoanálisis se transformó de una secta, en una iglesia y de una artesanía, en una multinacional con sede en Londres. Con la decadencia del marxismo, del psicoanálisis y de otras ideologías, nuestra sociedad, como ya se mencionó empezó a vivir un mundo de desamparo, desencanto y escepticismo. Como consecuencia, surgió una fuerte reacción expresada por una intensificación de la religiosidad. Las religiones que hoy se multiplican y se diversifican espantosamente, no se preocupan solamente del contacto con lo sagrado, sino que ofrecen propuestas de soluciones para problemas humanos y también de tratamientos de las diversas enfermedades que aquejan a sus fieles. Las dos expectativas desarrolladas por Freud en sus dos libros: Futuro de una ilusión y Análisis lego; no se realizaron. En la correspondencia con el pastor Pfister, sobre el Futuro de la ilusión, Freud creía de forma iluminista en la razón y en la desaparición de la religión; hecho que no ocurrió. Prevaleció el trabajo del pastor que, a su tiempo respondió a Freud con el trabajo: La ilusión de un futuro. El Análisis lego fue visto por muchos historiadores como una tentativa de proteger al psicoanálisis en su relación con los médicos y a la medicina. La religión vista por Freud como ilusión y por Marx como opio de los pueblos, no desapareció ni al final del siglo XX, ni al principio del XXI. El iluminismo freudiano acreditó que el desarrollo de la ciencia sería responsable de la liberación del hombre, en busca de una protección religiosa para su desamparo. El desamparo, la finitud y la incompletud de la condición humana, se muestran más exacerbados en nuestros días, no obstante todo el desarrollo tecnológico y científico al que asistimos. Otro ataque contra el psicoanálisis proviene de la aparición de drogas de diversas naturaleza, promoviendo éxtasis y placeres dionisíacos, creando un nuevo objeto fetiche y una nueva tentativa de lidiar con el desamparo y el desencanto. Aquí podríamos distinguir las drogas ilícitas, de las drogas lícitas, que son aquellas desarrolladas por la psicofarmacología, que muestran aspectos benéficos y perjudiciales. Como si no bastase a todo lo que pasamos revista, el psicoanálisis empezó a sufrir la competencia de tratamientos alternativos como: florales de Bach, regresiones a vidas pasadas, cromoterapia, astrología, grafología, brujería, etc., ofreciendo a las personas soluciones terapéuticas rápidas, indoloras, baratas, mágicas, para las angustias y desamparos de sus adeptos. Otro obstáculo de la sociedad contemporánea en relación al psicoanálisis está representado por la enorme cantidad de libros de autoayuda. En las estanterías de las librerías que se encontraban repletas de libros de psicoanálisis, hoy se encuentran en su lugar, los libros de autoayuda, muchos de los cuales se escriben utilizándose algunas ideas banalizadas y superficiales del psicoanálisis. Las psicoterapias corporales, la neurolingüística, las psicoterapias sistémicas de grupo y familia, cognitivas y los psicodramas también son responsables por la disminución de la demanda de pacientes por el psicoanálisis. La enseñanza del psicoanálisis en facultades y universidades hizo factible las posibilidades de contacto y conocimiento con la teoría psicoanalítica de forma intelectual, sin ser acompañado por un aprendizaje experimental y vivencial proporcionado por la experiencia de análisis personales. La transmisión insuficiente, deficiente e intelectual acabó por contribuir para banalizar y superficializar del psicoanálisis, contribuyendo para su desprestigio social. Todas las consideraciones efectuadas hasta este momento, se refieren a situaciones externas al psicoanálisis y características de nuestra sociedad contemporánea. Pasaremos ahora a examinar problemas existentes en la estructura organizacional de las instituciones psicoanalíticas y a continuación, en la teoría y en la técnica psicoanalítica. En lo que se refiere a la organización de las sociedades de psicoanálisis, la primera consideración a destacar es el hecho de que desde su origen, con algunas excepciones se caracterizó por ser un espacio pertinente regido por una atmósfera no democrática. El autoritarismo, la intolerancia, la rigidez y la incapacidad de contención, constituyeron características sobresalientes de la institución desde su inicio. La justificación era el mantenimiento de la pureza doctrinaria y la defensa contra la famosa resistencia despertada por el aspecto revolucionario de la teoría psico-analítica. La consecuencia fue la aparición de una serie de disidencias, originando otras formas de psicoterapia y otras teorías explicativas del funcionamiento mental. Esas disidencias que acontecieron en el inicio del llamado movimiento psicoanalítico (Jung, Adler, Stekel, Rank y otros) continuaron su existencia, sobretodo, cuando el psicoanálisis inició su gran diáspora debido principalmente a la emergencia del nazismo y del fascismo. En los EUA donde el psicoanálisis recibió una recepción entusiasta, comenzaron a aparecer nuevas disidencias; lo mismo ocurrió en Francia después de terminada la Segunda Guerra Mundial. Sociedades oficiales comenzaron a dividirse, alcanzando las disidencias su mayor intensidad con la aparición de la teoría lacaniana que, posteriormente, fue también fragmentada y constituida bajo el liderazgo de destacados analistas, que se desvincularon del grupo lacaniano organizando nuevos grupos de formación y de enseñanza. En Inglaterra, la Sociedad Británica de Psicoanálisis, también estuvo fuertemente amenazada de escisión que alcanzó su punto crítico, cuando ocurrieron las ya famosas controversias. No obstante, a pesar de continuar unificada, esta sociedad se dividió internamente en tres grupos: freudiano, kleiniano y el grupo intermedio. Estos tres grupos, sin embargo, mantuvieron relaciones cordiales pero nunca dejaron de dar continuidad a críticas bastante severas de unos a otros. Parece que, con la desaparición de los líderes responsables de los antagonismos, el intercambio y aceptación de ideas hasta entonces opuestas, con el tiempo, se tornaron susceptibles de una metabolización más productiva. Las disidencias en los Estados Unidos de Norteamérica fueron mayores que las que ocurrieron en Europa. En América del Norte también hubo un movimiento de no aceptación y prohibición, por parte de las sociedades americanas, del ejercicio del psicoanálisis lego, que sólo mucho más tarde fue permitido. En América Latina el fenómeno de la fragmentación de las sociedades de psicoanálisis, ocurrió, también, sobretodo en el Brasil y en la Argentina. Muchas de estas fragmentaciones no fueron acontecimientos explicables por divergencias ideológicas fundamentales. Obedecieron mucho más a cuestiones emocionales, políticas y burocráticas. Sería importante aprovechar la oportunidad de este encuentro para discutir, entre otras cosas, cuáles son las razones de esas fragmentaciones, teniendo en cuenta que esas sociedades continúan afiliadas a la Asociación Psicoanalítica Internacional. De la misma manera que hablamos del malestar en la cultura y en el psicoanálisis, podríamos hablar más particularmente del malestar en las sociedades de psicoanálisis. Dos veces, en mi trayectoria psicoanalítica, tuve la oportunidad junto con otros colegas de realizar intervenciones dentro de sociedades de psicoanálisis, que se presentaron con algunas de las numerosas patologías que las mismas vienen exhibiendo a lo largo de la historia. La intervención en una de las sociedades psicoanalíticas en Río de Janeiro, se debió a que algunos análisis didácticos estaban siendo conducidos por una persona absolutamente no acreditada científicamente para dirigir la formación de los analistas. Esta intervención fue acogida por la IPA, habiendo sido solucionado el conflicto con la exclusión del referido profesional no capacitado, quien al salir de la asociación, terminó creando otra sociedad alternativa no afiliada a la IPA. Tuvimos noticias de que en la misma sociedad de Río de Janeiro, otro analista didácta fue excluido, después del régimen militar, por irregularidades y encubrimiento de un analizando en formación, que participó de prácticas de tortura de presos políticos. Este acontecimiento terminó siendo objeto de críticas fuera de la institución, ya que se difundió en los periódicos, llegando a conocerse incluso en Francia, donde fue utilizado como crítica y ataque a la Asociación Psicoanalítica Internacional y a su presidente. Todo esto, por supuesto contribuyó a las tentativas de desmoralización y desprestigio del psicoanálisis. Otras situaciones graves, como el involucramiento de analistas didáctas con pacientes, también han sido objeto de conocimiento de forma más reservada y a veces de manera más amplia. Sin embargo, en nuestra opinión estos casos groseros no son los más importante para discutir con respecto a las patologías crónicas existentes dentro de las instituciones psicoanalíticas, que demandan un reexamen en la selección y formación de los analistas didáctas. Nos gustaría presentar como un problema a ser discutido, el del analista didácta vitalicio, quien una vez que alcanza esa posición, se expone muy poco y no presenta más trabajos teóricos y técnicos que muestren su familiaridad con la teoría y la práctica psicoanalíticas. Me parece que estos profesionales, a intervalos de tiempo determinados por la institución, deberían presentar, a través de producción científica, demostraciones que justifiquen su permanencia en la función didáctica. La elección del analista para ejercer funciones didácticas, debería estar condicionada al tiempo de formación, a su producción científica y a un examen público, en el cual pudiese demostrar ante una mesa examinadora, su capacidad para las funciones que deberá asumir. Otro problema dentro de las instituciones que puede ser responsable de un cierto malestar, es la formación de clínicas de candidatos que puedan garantizar al didácta un número suficiente de pacientes permanentes, protegiéndolo del peligro de una situación de diminución de la demanda de pacientes. En esta situación, ese analista no podría experimentar la diminución de la procura de pacientes, como ocurre con los por él analizados. Además el número excesivo de candidatos en análisis, representa un serio perjuicio para el analista didácta, que pierde contacto con otros pacientes, con otras patologías importantes para su trabajo de formación de candidatos. Una de las razones de la intervención realizada en la Sociedad Psicoanalítica de São Paulo fue, entre otras razones, la existencia de didáctas con número excesivo de candidatos, llegando al absurdo de uno de ellos contar con 18 candidatos en análisis. Con la intervención de la IPA, a pedido de miembros de la misma, esa situación fue relativamente solucionada aunque todavía permanece la autorización para que el analista didácta mantenga hasta siete candidatos en formación. Una medida saludable para acabar con grupos de poder dentro de dicha sociedad, fue el aumento del número de didáctas. La Sociedad Británica de Psicoanálisis, en el tiempo en que continué mi formación en Londres, determinaba estatutariamente que solamente era permitido al analista didácta tener tres o cuatro candidatos. De esta manera, el mismo estaría abierto para atender pacientes de patologías variadas, aumentando y perfeccionando continuamente su experiencia clínica, de la cual sus analizandos en formación podrían beneficiarse. Otro problema a ser discutido, se refiere al tiempo (edad) que el analista didácta debe ejercer sus funciones. Algunas sociedades parecen ya determinar que después de los 75 años, el didácta no debe más, iniciar formación de candidatos. Sin embargo, la experiencia acumulada por esos profesionales puede ser utilizada en los trabajos de supervisiones y seminarios teórico-clínicos. Otra dificultad que puede generar malestar dentro de la institución se relaciona con los analistas encargados de la enseñanza de los seminarios teóricos y técnicos. Estos seminarios son impartidos en muchas instituciones por didáctas que no siempre recibieron preparación pedagógica y didáctica para ejercer estas funciones. Son, con frecuencia profesores improvisados. Podría pensarse en la creación de cursos de especialización destinados a los profesores interesados en la transmisión de conocimientos teóricos y prácticos para los candidatos en formación. Un problema de gran importancia para ser examinado, es la formación de sectas dentro de las sociedades de psicoanálisis. Sectas que proclaman ser, cada una de ellas la representante del verdadero psicoanálisis. Estos conflictos internos de sectas llevan, frecuentemente, a un trabajo de desprestigio del psicoanálisis, en la medida que las luchas por la hegemonía teórico-práctica acaban saliendo del interior de las instituciones para crear, fuera de las mismas, en los pacientes, indagaciones y restricciones en la elección de sus analistas, a través de preguntas estereotipadas, tales como: ¿Usted es freudiano, kleiniano, bioniano? ¿Cuál es la línea que usted sigue? Si es freudiano, no me gustaría analizarme con usted. Si es bioniano, escuché decir que entonces usted no debe tener memoria ni deseo, eso me parece un peligro y esa recomendación es buena para viejos que no tienen más ni memoria ni deseo. Gran parte de esas sectas son las responsables de la existencia de verdaderas familias dentro de las instituciones, llevando el proceso de identificación de los candidatos con la ideología de sus analistas, creando así diversos problemas. Podemos destacar el temor y la dependencia que frecuentemente ocurre en los análisis, cuando el candidato manifiesta cualquier interés por otra teoría, que no sea aquella representada por el papá o mamá analíticos. La solución de esa dificultad merece, de nuestra parte una buena discusión con los colegas presentes, a través de la cual podamos llegar a algún consenso. Juzgamos importante que el trabajo analítico teórico o clínico desarrolle esfuerzos en el sentido de verificar las identidades y diferencias sobre las diversas teorías, con el fin de poder establecer síntesis con relación a las mismas e identificar lo que existe realmente de nuevo y lo que es antiguo, aunque necesario y valioso para el trabajo analítico y la constitución de esas síntesis. Con ello se trata de evitar que el psicoanálisis pueda valorizar dentro de la institución, solamente lo que es antiguo o nuevo. Frecuentemente, lo nuevo es lo más valorizado, como si el psicoanálisis fuese una cuestión de moda, como ocurre en las casas de alta costura. Es necesario combatir el misonerísmo o neofiliacionismo que tan frecuentemente invaden las instituciones psicoanalíticas. Debemos asumir una posición permanentemente crítica para verificar lo que existe de actual e importante, desde los trabajos de Freud hasta las contribuciones recientes, más destacadas. Como Popper destacó, después del lenguaje, la función de la crítica (examen) constituye una de las más importantes contribuciones para el desarrollo científico. Juzgamos también importante considerar que las instituciones psicoanalíticas deben permanecer vigilantes, en el sentido de no asumir posiciones omnipotentes, omniscientes, narcisistas e imperialistas en relación a otras disciplinas científicas u a otras formas de psicoterapia. Las instituciones psicoanalíticas deben ser más rigurosas al admitir futuros analistas en formación, privilegiando mucho más la calidad, que la cantidad de los candidatos. Sobretodo, en nuestra sociedad donde la calidad es cada vez más importante. Es necesario distinguir crecimiento, de hinchazón y que abandonemos la fantasía mesiánica de la conquista del mundo por el psicoanálisis. En el ansia de la diseminación del psicoanálisis, no podemos perder de vista que su trabajo clínico es de naturaleza artesanal. La relación del psicoanálisis con la psiquiatría y otras disciplinas, debe ser de reconocimiento de la ayuda y de la cooperación que pueden ofrecer, en un proceso de interacción de las mismas, con el psicoanálisis. Pensamos además, que es importante la discusión del número de sesiones necesarias para la formación analítica del candidato. Anteriormente había una exigencia por la cual el analista en formación debería asistir a cinco sesiones semanales durante un mínimo de cinco años de trabajo analítico. Actualmente, muchas instituciones ya diminuyeron el número de sesiones a cuatro por semana y los franceses, afiliados a IPA, realizan formaciones con tres sesiones semanales. El problema manifestado por los candidatos, fue la dificultad de seguir el mismo modelo de sus análisis, pues no es fácil para los mismos, obtener pacientes que puedan atender cuatro o tres veces por semana como ocurre con sus analistas. ¿Qué hacer frente a esa realidad? Aceptar que los psicoanalistas atiendan pacientes, dos sesiones, una sesión ¿o eso sería poner en peligro la eficacia del psicoanálisis? En caso contrario ¿cómo sobrevivirían los candidatos e inclusive los analistas con carencia de pacientes? La última cuestión que quiero destacar es que las sociedades psicoanalíticas puedan salir de su aislamiento narcisista y romper con las estipulaciones iniciales de Freud, que lo alejaron de un contacto más intenso y estrecho con la medicina, debido a que de la misma puede provenir un número importante de pacientes de diversas especialidades; de esta manera, otros profesionales del área médica, pueden desarrollar información y credibilidad con relación a los procesos terapéuticos analíticos. Con frecuencia, observamos que el psicoanálisis transita mucho más en las áreas de otras disciplinas, tales como filosofía, arte y otras disciplinas de las ciencias humanas o del espíritu. No tenemos certeza de que el psicoanálisis pueda aportar grandes contribuciones a esas disciplinas, diferentemente de lo que podría acontecer con algunas especialidades médicas, sobretodo, si recordamos que el cuerpo pulsional y los trastornos psicosomáticos no deben ser olvidados por el psicoanálisis. En las consideraciones que acabamos de efectuar sobre la institución psicoanalítica, no sólo destacamos problemas existentes en la misma, sino que también propusimos algunas soluciones sujetas a discusión. Dejamos, también, algunos interrogantes sobre los cuales podríamos tal vez, en un trabajo mutuo, encontrar respuestas satisfactorias, que nos ayuden en este trabajo de luchar por la supervivencia de nuestra disciplina. |
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Malestar en la
teoría y en la práctica psicoanalítica Pasaremos ahora, al
tercer malestar en el psicoanálisis, el malestar en la teoría
y en la práctica psicoanalítica, en su confrontación
con las nuevas patologías, que se presentan en la llamada sociedad
posmoderna. Con esto, no pretendemos, como muchos otros colegas que así
también piensan, despreciar las patologías que tiempos atrás,
constituyeron objeto de nuestro trabajo. Muchas de ellas continúan
presentes en nuestros consultorios, a veces con formas de expresión
variadas. Citaremos la patología de la histeria que en su origen
caracterizó tanto al psicoanálisis; la histeria hoy cambió
su patoplastía, ya no presenta los síntomas que de forma
tan grandilocuente la identificaron y le trajeron fama. Las condiciones
sociales y culturales que liberaron el cuerpo erógeno, liberaron
igualmente la sexualidad y sus defensas, que constituían los famosos
síntomas histéricos. |
| Resumen Se menciona que el título del trabajo hace referencia a que esto ha sido objeto de preocupación no sólo de psicoanalistas, sino también de la propia institución psicoanalítica internacional así como de las instituciones afiliadas a la misma. Existe un malestar en el psicoanálisis. El trabajo se divide en tres grandes rubros; el primero hace referencia al malestar en la civilización o situaciones externas al psicoanálisis y características de nuestra sociedad contemporánea; los factores económicos; el avance de las neurociencias y la psiquiatría y su oferta de tratamiento masificado, versus la práctica psicoanalítica que posee un carácter artesanal, así como el alejamiento de los psicoanalistas de la comunidad médica y la desaparición de las soterologías. En lo referente al ambiente interno o el malestar en las sociedades de psicoanálisis, se señala el régimen no democrático que las caracteriza, las disidencias, y algunas otras situaciones anómalas, entre ellas la formación de sectas. El tercer rubro del trabajo, hace referencia al malestar en la teoría y la práctica psicoanalítica en el enfrentamiento de nuevas realidades clínicas o nuevas patologías de la sociedad postmoderna. Se concluye reconociendo que el psicoanálisis posee un vasto arsenal de recursos para lidiar con los conflictos no sólo antiguos, sino actuales. Como teoría que valoriza las actividades inconscientes, también como teoría de los conflictos normales y patológicos, posee en nuestros días recursos técnicos y teóricos para que sobreviva a la crisis que atraviesa actualmente. Palabras clave: Crisis del psicoanálisis, malestar. |
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Summary Recibido12 de julio de 2001, revisión recibida 4 de agosto; aceptado para su publicación 6 de septiembre 2001. |
| 1 Trabajo
presentado durante la XXIII Reunión Científica Anual Aniversario
Sigmund Freud con el tema: La supervivencia del psicoanálisis
en el milenio que empieza, en Conferencia Magistral Sigmund Freud,
el 4 de mayo de 2001. Asociación Psicoanalítica Mexicana,
en Tequesquitengo, Qro. * Miembro de Brazilian Psychoanalytic Society of São Paulo. |
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