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Anorexia: Un caso
clínico
Ana, una adolescente
de l5 años, llegó a tratamiento con anorexia nervosa. Al
iniciar su tratamiento, hace un año y medio, pesaba 28 kilos. Su
apariencia era cadavérica, con grandes dificultades para caminar
y voz silenciosa. Detrás de sus grandes ojos cafés, se percibía
una gran tristeza.
Al inicio del tratamiento fue necesario hospitalizarla un mes debido a
estado de salud tan precario. El médico endocrinólogo, parte
del equipo terapéutico, temía un paro cardíaco. En
estas circunstancias adversas, la analista, la iba a visitar todos los
días. Ana aceptaba su internamiento con una actitud pasiva, sin
embargo, no aceptaba comer pues comentaba que le daba pánico engordar.
La analista se limitaba a sentarse con ella a escucharla cuando quería
hablar, siendo los encuentros sumamente cansados. Era como si Ana estuviera
pidiendo presencia, pero al mismo tiempo existía un gran temor
del contacto. La analista sentía que tenía que ser paciente
y que Ana tenía gran temor de la analista. Cuando la analista le
pregunta: ¿Tienes miedo de que te haga daño? Ana sonríe
y dice: No, claro que no. Después de esta interpretación,
Ana empieza a hablar del temor que tiene de que le dé de comer
como las enfermeras, a lo que le comento: Sí y que la comida
que te dé te haga daño. Efectivamente,
dice Ana, y aquí empieza a hablar de su hermana que siempre había
tenido problemas con su mamá porque se rebelaba y le decía
cosas terribles y la mamá lloraba mucho. Y la analista le comenta:
Sí y tienes miedo que puedas destruir con tus palabras, por
eso no quieres hablar.
Después de empezar a hablar de sus temores, las sesiones fueron
más verbales, me platicaba de su escuela, de los miedos que tenía
de perder el año. Comentaba que su mamá le vigilaba la comida
todos los días y que esto le molestaba. Un día que la analista
tuvo un problema y no llegó a la hora que había quedado,
Ana había hablado ya al consultorio preguntando si iba a ir. Ana
salió del hospital una vez que el endocrinólogo la vio estable,
quedándose en México durante tres meses seguidos. Ana venía
a sesión cuatro y cinco veces por semana.
Ana nació cinco años después de su hermana mayor.
La madre de Ana había perdido una bebé que nació
a los seis meses de embarazo, y había pasado un año de esta
pérdida, cuando ella nace. Un mes antes del nacimiento de Ana,
la madre sufrió un asalto que la puso en un estado de angustia
tal, que le pidió a su marido irse a vivir fuera de la ciudad.
La madre de Ana fue la mayor de tres hermanas, siendo la consentida del
padre por considerarla la más responsable. Es una mujer fría,
distante y muy preocupada por su físico. Sufrió la pérdida
de su padre cuando Ana tenía un año. Al morir el padre,
se tiene que hacer cargo de la madre y ella, junto con sus hermanas deciden
que viva con cada una de ellas por un tiempo. Por otro lado, el padre
de Ana es el mayor de cinco hermanos, todos hombres. Trabajó desde
muy pequeño e inició un negocio con los hermanos el cual
ha sido un negocio muy exitoso. Su madre muere cuando era pequeño
y el padre se convierte en un hombre dependiente de sus hijos. Actualmente,
el padre de Ana trabaja en la ciudad, mientras la familia vive en provincia.
Ya Freud en Totem y tabú (1912-13) habla de duelos impuestos
por la guerra y por las violentas mutaciones sobrevenidas de la civilización.
Asimismo, distingue entre la trasmisión por identificación,
la obtenida por modelos parentales y la genérica, constituida por
huellas mnémicas de generaciones anteriores. La primera se relaciona
con la historia y la segunda con la prehistoria. En la prehistoria se
trasmiten objetos perdidos de los antecesores los cuales son trasmitidos
parcialmente en los duelos. También se trasmiten los significados
congelados, enigmáticos y brutos sobre los cuales no se ha podido
hacer un trabajo de simbolización.
El sujeto de la herencia está dividido como el sujeto del inconsciente,
donde existe una doble necesidad: de ser para sí mismo su propio
fin y de ser el eslabón de la cadena a la que está sujeto
sin que participe su voluntad.
En cuanto a objeto transgeneracional es importante mencionar a Käes
(1997) quien afirma que es un ancestro, antepasado o pariente directo
que evoca fantasías e interviene en la constitución de instancias
psíquicas en uno o varios miembros de la familia. La representación
de objeto transgeneracional se inscribe en el inconsciente a través
de la representación de palabra y cosa. La cosa se remite a la
imagen visual; la palabra posee un papel organizador que se remite a los
sentidos y permite fantasías y asociación de ideas. La falta
de representación tiene que ver con el vacío, el hueco y
la desinvestidura materna, es decir, la falta de interés de la
madre que produce en el niño un espacio de no-representación.
La interacción madre-hija va a constituir la base del anclaje somático
del amor. Tanto el placer como el sufrimiento van a anticipar la presencia
de un yo futuro en la hija y la manera como la madre se relaciona con
ésta, estará marcando tanto su relación con el esposo
como su historia generacional. La hija va a percibir de una manera inconsciente
lo que se le proyecta en el cuerpo, lo cual va a influir sobre el espacio
relacional. El sufrimiento físico va a constituir un papel decisivo
en el cuerpo de la hija y puede provocar que se convierta en la única
de comunicarse del sujeto, para demandar cuidados psíquicos. Cuando
la hija crece, ésta recurrirá al cuerpo como transmisor
de mensajes. El cuerpo que sufre, hará que el yo mantenga un vínculo
con su cuerpo, el cual reproduce la relación que se tuvó
con la madre. En casos de depresión materna, esta se transmitirá
a la hija en quien se proyectan los duelos como conflictos no resueltos.
Es en el caso de Ana que observamos que la madre no había elaborado
el duelo de la hija muerta cuando nace ella. Al año de nacida,
muere el padre, de quien ella era consentida. Esto nunca lo habla la mamá
con Ana y ella se viene enterando por una tía. En una sesión,
Ana menciona que ella no sabía qué pasaba, pero que veía
a su mamá triste y que ella creía que tenía la culpa.
Relaciona la anorexia con culpa diciendo:
P. Me siento mal cuando mi mamá me da de comer y yo no me
lo puedo comer, me acuerdo cuando era chiquita que ella lloraba y yo no
sabía porqué... una tía me contó que mi hermanita
nació muerta cuando tenía seis meses de embarazo y yo me
sentí muy mal.
A. ¿Por qué crees?
P. Porque siento que mi mamá piensa que soy una lata, que
no me compongo.
A. Como si no merecieras estar viva.
P. (queda pensativa) Tarda bastante en reaccionar... Es que mi hermana
a cada rato me dice que mi mamá sufre y que yo soy una egoísta,
que ya se está hartando de mí.
A. ¿Sientes que yo me estoy hartando de ti?
P. No, no creo... bueno, sí me da miedo que te hartes.
A. Y estás tratando de decirme que vas a hacer lo posible
para que yo me harte y así sentir que se cumple lo que te dice
tu hermana.
Ana transfiere la desconfianza a la analista. Estos sentimientos los puede
manifestar una vez que ésta pudo tener la paciencia de estar con
ella y pasar sesiones en donde existía una sensación terrible
de aburrimiento, que detrás estaba el gran vacío como el
temor de no existir.
Ana viene a sus sesiones y después de tres meses de tratamiento,
la madre empieza entrometerse y a querer boicotearlo. Se sugiere un tratamiento
individual para la madre y una psicoterapia familiar. El padre se rehúsa
y la madre va a tratamiento, pero el tratamiento dura muy poco ya que
ésta lo aborta.
Este es un momento en donde la analista se siente sin apoyo y con gran
temor de que no le permitieran a Ana continuar con su tratamiento. El
espacio psicoanalítico que se empezaba a lograr, se veía
amenazado. Era como si el equilibrio familiar se viese amenazado y a la
familia le costase mucho trabajo que Ana se curara.
Los padres de Ana tienen poca comunicación y ha sido a través
de la enfermedad de Ana como han podido establecer una relación
más cercana. Ana comentó en una ocasión que su mamá
se enojaba con el papá porque sentía que a él le
interesaba más su familia que ella, y que en algunas ocasiones
él había tomado demasiado y a ella le había molestado
mucho.
La anorexia de Ana se presenta cuando su hermana mayor se va a estudiar
a la ciudad y Ana se queda con la madre. Por otro lado, la hermana de
Ana tiene muchas confrontaciones con la madre y Ana se asusta mucho, comentando
que no quiere ser como ella. Cuando Ana nació, ha comentado Ana,
que su hermana tuvo muchos celos de ella. Ana comenta que es la consentida
del papá.
Las relaciones de Ana con el padre eran de mucho distanciamiento. Al principio
del tratamiento el papá casi no hablaba con su hija, sintiéndose
acuerdo con la visión de la madre, el padre no se interesaba en
la familia.
Ana se regresa a su casa y la madre tenía temor de traerla a su
tratamiento debido a la debilidad física de la hija ya que se fatigaba
bastante cuando venía a la ciudad de México a ver al endocrinólogo
y conmigo. Sin embargo, ella insistía en venir a su análisis.
La familia comentó que no podía traerla más que dos
veces a la semana. En este momento sentía que Ana empezaba a investirme
con un modelo ideal por lo que tenía que estar muy alerta de dejarme
atrapar en este narcisismo. Ana trataba de utilizar el problema de la
comida para que yo la persiguiera de la misma manera que lo hacía
su madre. A veces se sentía desesperada que la relación
comida-persecución no terminaba y que el venir a sus sesiones no
le estaba sirviendo de nada. Se empezó a manifestar una transferencia
negativa donde yo era vista como la madre que no le servía, que
no le ayudaba para nada. Sus sesiones tenían el mismo contenido:
P. Sigo igual... no me da hambre... me cuesta mucho trabajo comer,
me da mucho miedo... tengo miedo a engordar... mi mamá está
cuidándome todo el tiempo me lleva al colegio, me recoge temprano
porque dice que no tengo energía... pero no sé... no puedo
comer, no sé, me desespero mucho, ella también.
A. Fíjate cómo me traes el problema de la comida para
que yo también te insista al igual que ella y me convierta en tu
perseguidora.
P. Es que siento que no cambio, que no puedo cambiar.
A. Parece que estás muy enojada conmigo porque sientes que
no te ayudo lo suficiente y no te digo qué hacer.
P. Se queda pensativa... no me dice nada, es que no sé que me pasa...
A. Qué trabajo te cuesta hablarme de tu enojo, ¿porqué
será?
P. Cuando mi hermana se ha enojado con mi mamá, mi mamá
se pone muy mal, luego llora todo el tiempo.
A. Te da miedo que yo no tolere tus enojos y tienes miedo que te
rechace.
P. Se ríe... no dice nada y se me queda observando.
Al permitirle expresar estos sentimientos, Ana empieza a faltar y la madre
se colude a la resistencia de Ana. Empieza a hablarme y a comentarme que
Ana sigue con problemas, que tiene un problema en la pierna, que no puede
caminar bien. Me comenta que ella dejó su tratamiento porque el
psicoanalista no le cayó bien. El padre insiste que la hija tome
un curso de superación personal para que le ayude en este problema.
La familia empieza a boicotear el tratamiento de Ana cuando ella empieza
a hablar por ella misma y a expresar sentimientos. Esto lo trabajo con
Ana y ella empieza a pelear por su tratamiento. Se niega a entrar a este
curso y aunque el padre se molesta, Ana siente que por primera vez se
atreve a acercarse al padre aunque sea para pelear por sus derechos.
Ha sido a través del trabajo analítico que Ana ha podido
acercarse al padre y platicar con él. El padre no la presiona en
cuestión de la comida, lo cual le permite a Ana comentar con él
lo difícil que se ha convertido estar con su mamá. El padre
decide acercarse a su hija y llevársela a manejar en coche, situación
que le agrada muchísimo a Ana. Cuando Ana iba a cumplir 15 años,
le pide a su papá una fiesta a lo que él acepta gustoso.
La madre y la hermana se oponen a la fiesta comentando que tiene un físico
muy desagradable para comprarse un vestido. Este acto lo siente Ana como
una aceptación del padre, pero al mismo tiempo le produce una gran
ambivalencia con la madre. Después de la fiesta, empieza a ver
a los niños de su escuela. Empieza a sacar su coraje con la hermana
a la que empieza a confrontar.
En una sesión Ana comenta:
P. Fíjate que mi hermana está muy enojada conmigo
porque mi papá me va a comprar coche... le va a dar a ella un coche
más grande y a mí me va a dar el de ella, pero a ella no
le gusta, le da mucho coraje que me den su coche..., tampoco mi mamá
está muy convencida.
A.Parece que les está costando mucho trabajo que crezcas,
¿porqué será?
P. Es que yo siempre estaba con mi mamá y la acompañaba
a todos lados. Mi hermana siempre se iba y me dejaba con ella.
A. Y tú para estar con ella te has enfermado... como si con
esto le dieras una razón para vivir.
P. Se me queda observando... Sí, pero ya me estoy cuidando...
ya como mejor, ya mi mamá no me revisa mi comida... y pues sí
está de malas.
A. Qué difícil debe de ser para ti crecer sin sentir
que el hecho de que crezcas le afecta a los demás.
P. Sí... pero me siento mejor.
A. ¿Qué te imaginas que siento yo?
P. Yo creo que te da gusto que me sienta mejor... pero siento que
a veces me falta mucho, que todavía me da mucho miedo.
A. Miedo de relacionar tus emociones con tu cuerpo.
P. No sé (queda pensativa). Es que me da miedo
de no poder controlar la comida.
A. ¿La comida o tu sexualidad?
(El deshacer la represión a través de entender el significado
del síntoma, empieza a abrir los canales psíquicos normales
en cuanto a la expresión de la libido)
P. A lo mejor...
El acercamiento con el padre le produce placer, pero a la vez una gran
culpa. El irse con el padre de vacaciones al extranjero fue una situación
que molestó tanto a la madre como a la hermana. Aquí se
empieza a observar lo difícil que es para la madre y la hermana
que Ana se acerque al padre.
En la cura, no es extraño que el descubrimiento del síntoma
de Ana empieza a ser vivido como una revelación de la violencia.
Su auto-mutilación como su auto-castigo ha sido una manera de cargar
con la violencia transgeneracional.
P. Mi mamá está enojada... está de un humor
espantoso, no la aguanto... yo creo que le cae gordo que mi papá
me invitó de viaje con él, vamos a ir con un tío
y sus hijos y yo voy a ser la única mujer.
A. Como si te diera gusto que tu papá te lleve y que tu mamá
se enoje.
P. Es que siempre me tuvo cerca de ella y nunca me dejaba acercarme
a él. Yo creo que ella es bien celosa.
A. ¿Celosa?
P. Es que ella fue la consentida de su papá. Y yo creo que
está celosa de que mi papá me invite.
A. Como si estuvieras peleando por papá, ¿no?
P. Se sonríe ...es que mi hermana siempre estuvo con él
y ahora sí siento que extraño a mi papá, que sí
me da gusto platicar con él.
A. Como si sintieras que tu papá te empieza a ver.
Ana empieza a aceptar su sexualidad, siente que es atractiva para el papá
y está dispuesta a pelearse por el amor del padre.
Actualmente Ana ha subido doce kilos, está luchando con la anorexia,
su expresión corporal la ha reprimido en los años de transición
de la infancia a la adolescencia. El silenciamiento de su cuerpo se había
mantenido y ha sido a través de la anorexia como una manera de
suspender su cuerpo. Ana sigue viniendo a análisis, empieza a percatarse
de sus deseos reprimidos. Su cuerpo físico ha sido renegado y sustituido
por un cuerpo idealizado: En esta sesión llega sonriente y sus
ojos tienen otra mirada, una mirada pícara...
P. Fui a los quince años de mi prima y un niño de
mi escuela estuvo bailando conmigo toda la noche, me sentí rara...
A. ¿Que es para ti rara?
P. No sé, como que mi cuerpo no me gusta, no me gusta...
A. Como que lo que no te gusta es sentirlo y empezarte a sentir
mujer.
P. Es que acabo de ir con el endocrinólogo, ya me empezó
a bajar... y sí es difícil, me gustaba más ser niña.
A. Sí... tal vez negando que siendo mujer tienes deseos,
¿no?
P. Es que fíjate que ahora siento a mi mamá rara,
como muy seria conmigo, fíjate que mi papá se vino a vivir
toda la semana con mi hermana que porque mi hermana hacía lo que
quería y mi mamá le pidió que se quedara mi papá
con ella en las noches y se va para mi casa los fines de semana.
A. Como si sintieras que cuando tu papá te mira y se acerca
a ti, tu mamá te lo aleja.
P. Pues sí, ahora lo extraño y lo extraño mucho.
¿Te acuerdas que antes no quería saber nada de él?
A. Sí, y es como si quisieras aplacar a tu mamá volviéndote
otra vez niña y enfermarte otra vez.
P. Sí... pero ya decidí que terminando la prepa me
vengo a México. Yo sé que mi mamá como que no está
muy bien con mi papá, pero ya le dije que tome cursos en las mañanas...
yo ya empecé a salir con mis amigos y la verdad me duele, pero
no quiero volver a lo de antes.
En este momento, cuando Ana empieza a individuarse y a sentirse mujer,
sé que tenemos un largo camino que recorrer... va a ser un camino
difícil que tendremos que recorrer las dos... el camino de convertirse
en una mujer completa, no escindida.
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Tratamiento
Para estos casos se
sugiere un análisis de tipo clásico. Es importante preguntarnos
la conveniencia del diván. En algunos casos, la contención
es más urgente y se sugiere posponer el uso del diván: el
número de sesiones a la semana que se propone es de dos, pero de
preferencia tres para conseguir el nivel regresivo lo antes posible y
poder desempeñar una función correctiva.
En la primera fase es importante controlar los aspectos de contención,
para después desplazar al espacio de motivaciones inconscientes.
Es importante que estas pacientes se sientan escuchadas como atendidas
en otras partes de su personalidad. En cierta fase del tratamiento hay
efectos de la identificación proyectiva que tienden a ser paralizantes,
ya que el placer sádico del triunfo de estas pacientes hace que
se reproduzca el escenario familiar.
Los procesos preedípicos son lentos y la lucha de estas pacientes
por su cuerpo hace que éstas transiten por la confrontación
reaccionando como depredadoras. El narcisismo de estas pacientes puede
arrastrarnos, por lo que si nos dejamos investir por ese modelo ideal
que depara mutua satisfacción, nos encarcela en un modelo imposible
de abandonar.
El trabajo transferencial va a suceder dentro de esta problemática
narcisista; después tendrá cabida lo objetal. Existe en
estas pacientes una búsqueda de objeto que colme mágicamente
la falta.
La rigidez de los mecanismos defensivos conlleva inestabilidad, por lo
que no puede haber nuevas investiduras sin que las pacientes se desprendan
de conflictos anteriores. Los límites corporales empiezan a cobrar
otra dimensión en la cual las pacientes empiezan a sentir la necesidad
de tener una identidad que les permita estar en un mundo adulto sin que
sus límites se diluyan. Se pretende que expandan su realidad, que
tomen responsabilidad por sus necesidades, que integren sus partes auténticas
y que no busquen víctimas... más que nada que recuperen
su cuerpo, el que fue poseído por la madre.
En el caso de Ana, observamos en su anorexia una manera de expresar un
duelo no elaborado por sus padres. Ana no ha podido gozar de un pensamiento
maduro y libre como de una afectividad sexuada. Se ha mutilado y se ha
auto castigado como una manera de cargar con la violencia transgeneracional
y ha sido su cuerpo el lugar donde se han albergado las fantasías
transgeneracionales.
Esto se observa claramente en un sueño que trae a sesión
en el que se le acerca un muchacho guapo que ella cree que es bueno, pero
cuando se le acerca la quiere dañar y comenta que ha pensado mucho
qué habría pasado cuando su mamá la estaba esperando
y la asaltan. Este asalto ha sido manejado en secreto, pero ella ha escuchado
que cuando la asaltaron a la madre los asaltantes la desnudaron al igual
que al jardinero y a la sirvienta y que le pusieron una pistola en el
estómago. Ella cree que hubo una violación, de la cual nunca
se ha hablado y ella cree que ni se hablará, pero que después
de este incidente cuando ella era pequeñita, la mamá perdió
otra hija. Es en este momento cuando ella empieza a hablar de sus temores
y cómo siente que su cuerpo ha estado paralizado.
En este momento de su análisis, Ana empieza a hacerse consciente
de sus necesidades, de sus grandes temores, temores a vivir. Sus patrones
rígidos de conducta han disminuido. Ya puede permitirse ciertos
gustos en la comida como en su vida emocional. Su superyó tan rígido
ha disminuido y ya puede expresar con palabras y no a través de
su cuerpo, su sentimientos tanto sexuales como agresivos. Sin embargo,
aunque la menstruación ha regresado, Ana se resiste a curarse y
la preocupación por el peso no disminuye y va a tardar en cambiar.
La recuperación va a llevar un tiempo largo, pero creo que mientras
las dos tengamos este espacio analítico podemos continuar en este
arduo trabajo.
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(1995). El psiquismo ante la prueba de generaciones. Buenos Aires:
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1 Trabajo presentado
en durante la XXIII Reunión Científica Anual Aniversario
Sigmund Freud con el tema: La supervivencia del psicoanálisis
en el milenio que empieza, el 5 de mayo de 2001. Asociación
Psicoanalítica Mexicana, en Tequesquitengo, Qro.; y en el Segundo
Coloquio Franco-Mexicano de París el 19 de julio de 2001.
Dra. en Psicología (UNAM); Psicoterapeuta Psicoanalítica
(AMPP); Psicoterapeuta Familiar y de Pareja (IFAC); Psicoterapeuta de
Grupo (CEP-APM); Psicoanalista Titular (APM).
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