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Análisis del carácter del analista en formación y la técnica psicoanalítica1 Mireya Zapata Tarragona* e-mail: rexfermir@mexis.com |
| Para iniciar este cambio
de opiniones quiero felicitar a mis compañeros de PSIMEF
del Instituto de Psicoanálisis de la APM por
el acierto en el cambio de nominación de candidato a psicoanalista,
por el del psicoanalista en formación y agradecerles la oportunidad
de presentar esta comunicación que forma parte del marco conceptual
del trabajo final o terminal o tesis o como se le quiera nombrar, que es
condición presentar, si es aprobado, para dejar de ser analista en
formación y ser analista a secas. Una serie de reflexiones anteceden este escrito sobre las que creo cada vez de una manera más firme que deben socializarse, ¿Qué es necesario que suceda para que uno se convierta en analista? ¿Tiene esto algo que ver con la presentación de un caso? ¿Si esto es así cómo tiene que ser la presentación de este caso especial? ¿De qué manera interviene esta categoría de caso especial en nuestro desempeño con el paciente? ¿Dónde y cómo se hace un analista? ¿Qué representa, en realidad, este trabajo terminal? ¿Tiene sentido? A pesar de la importancia de estas preguntas, no pretendo dar una respuesta a ellas en este escrito. Sin embargo, es necesario reflexionar sobre los llamados trabajos terminales, en la medida que ellos ofrecen la posibilidad legal de pertenecer a la agrupación gremial en la que uno se ha formado y, por eso, también tiene una carga evaluatoria para ambas partes; para el que presenta y se presenta en el trabajo y, para la institución formadora. De tal manera que me respondí a una de estas preguntas: si, si tiene caso presentar este trabajo y poner a discusión entre colegas nuestro quehacer. Sin embargo, se presenta otra dificultad: ¿es esto posible? ¿hasta dónde se puede transmitir la experiencia analítica? La comunicación de este extraño lugar donde se cruza la experiencia personal con la académica-profesional tiene sus dificultades, pero si se cumplen ciertos requisitos de seriedad psicoanalítica pueden ser de una gran riqueza y salud para todos; uno presenta un trabajo de esta índole para mostrar cual es el desempeño que como analista ha construido hasta el momento de la presentación del trabajo. Asumiendo esta dificultad, me propongo en este escrito establecer algunos puntos de vinculación entre el análisis del carácter del analista en formación y su relación con la técnica, con la propuesta de que se incluya en el diseño curricular de los seminarios en el tema pertinente. Parto de que los fundamentos del carácter se encuentran en Freud, y en posteriores analistas que forman parte de nuestro bagaje: Reich, Fenichel, Ferenzci para nombrar sólo algunos; no voy a desarrollar sus plantemientos. Me referiré a Freud y básicamente a los estudios de F. Braudy sobre el carácter del analista. El carácter es ese grupo estable y típico de rasgos y actitudes mediante los cuales podemos identificar a una persona. El carácter como concepto es fundamental, por el hecho de que al existir estos rasgos recurrentes con un cierto grado de consistencia, se sugieren algunos principios que gobiernan esta selección, ordenamiento y relación de los rasgos entre sí. La teoría psicoanalítica explica porque ciertos atributos caracterológicos son seleccionados y por medio de que mecanismo mental. No olvidemos que el origen de este concepto se encuentra en el fundamental escrito de Proyecto para una psicología científica de 1895 y que las bases para estudiar analíticamente el carácter se encuentran a lo largo de toda la obra freudiana, ya sea en textos específicamente referidos a esta construcción psíquica como: Carácter y erotismo anal (1908); Un tipo especial de elección de objeto en el hombre (1910); Algunos tipos de carácter dilucidados por el psicoanálisis (1916), y en otros en los que hay una referencia implícita. Todos sabemos que la neurosis obsesiva es el crisol del que Freud se nutre para acercarse al carácter; de tal suerte que el estudio del carácter anal se convierte en paradigmático para el psicoanálisis. El carácter es el resultado de las funciones sintéticas e integrativas del yo, es un concepto puente entre lo observable y lo estuctural, en un nivel clínico hace referencia directa al rasgo y en un más teórico tiene que ver con la organización general del mismo. Pero ya sea entendido como rasgo o como estructura, el carácter nos ofrece la posibilidad de vincular las relaciones objetales y las fantasías; en su relación con el síntoma y la neurosis nos permite acercarnos a la función sintética del yo y su relación con las pulsiones; cuando pensamos en el rasgo de carácter, que requiere un mínimo de inferencia nos es útil para observar el desarrollo de las identificaciones y las relaciones objetales en el contexto de la adaptación, al mismo tiempo que el rasgo de carácter sirve como signo de resistencia a la situación analítica y su alteración es tomando como un indicador del progreso terapéutico. En 1935 Balint escribió: El carácter del analista es un factor integral de la situación analítica que no puede ser eliminado (citado por Braudy, 1991). La personalidad del analista tiene un impacto enorme en el curso del tratamiento, incluso podemos decir que buena parte del análisis llamado didáctico tiene que ver con el análisis del carácter. Sin embargo el estudio del carácter del analista con relación a su trabajo ha sido poco estudiado. El carácter del analista está en relación directa con la generación de un estilo analítico propio, con el análisis personal y sin duda con la figura del analista didáctico, fuente de identificaciones, por eso aunque el carácter del analista en formación esté poco estudiado (Braudy, 1991) es importante aproximarse a él como un componente en la técnica analítica. Por el carácter del analista se entiende aquella compleja organización de rasgos estables y recurrentes, es una construcción mental egosintónica organizada y organizativa que interviene desde la percepción del analista y que permea su visión del mund. Las respuestas que podríamos catalogar como caracterológicas hunden sus raíces en contenidos inconscientes y tiene la característica de ser automáticas, son reacciones emocionales y cognitivas, dentro de estas reacciones está la predisposición a ciertas respuestas e incluso cierta sensibilidad ante pacientes específicos. En el ámbito analítico se habla del estilo del analista como una forma de hablar del carácter del mismo, sin hacer referencia a su carácter y sin incorporar este concepto en su nivel más abstracto; en cambio, hablamos de estilo, lo que nos coloca en un nivel descriptivo del desempeño de un analista. El colocarnos fuera del lenguaje de nuestra disciplina nos permite hablar de un analista sin hacer referencias genéticas, diagnósticas o incluso de una estructura caracterológica específica, lo cual parece una manera adecuada de enfrentar el problema. El estilo da cuenta de los aspectos conductuales de la identidad del analista (Braudy, 1991). Es probable que el problema del carácter del analista se encuentre relacionado a una experiencia única e individual, y que, por ello no se incorpore de una manera más precisa como un componente de la técnica y quede relegado al área del arte del oficio analítico, como un componente intuitivo dentro de la práctica clínica. Me parece que hacer esta división, sin soslayar su condición de experiencia única, no hace más que sostener ese conjunto de falsas dicotomías entre ciencia-arte, teoría-técnica, que hunde sus raíces en la discusión de orden epistémico del Psicoanálisis. Asumiendo este orden epistémico como telón de fondo de este problema, es muy importante estudiar el carácter del analista con relación al análisis didáctico, las supervisiones, y la estructura curricular de los seminarios, en suma con la formación del analista. Elementos como valores, competencia profesional, rango de educación, ideales, lenguaje y actitudes frente a la vida influyen en el desempeño del psicoanalista, es decir en su técnica. Las actitudes y creencias egosintónicas que constituyen al analista como persona y como profesional, por ejemplo: el pesimismo-optimismo; el grado de permisibilidad; la actividad-pasividad; calidez-distancia; rigidez-tolerancia; tendencias autoritarias; el sentido del humor y el uso de la ironía influyen en la técnica (Ticho 1966, citado por Braudy 1991). La calidez, la forma en que se muestra interés por el paciente, la fundamental tolerancia a los afectos, la franqueza y la honestidad, la capacidad de entusiasmo y de sorpresa, así como la tendencia a contenidos y actitudes autoritarios forman un agregado al proceso transferencial (Day 1988, citado por Braudy 1991). Si bien es cierto que el carácter de ambos participantes intervienen en la relación analítica, es indispensable pensar cómo y en qué forma el carácter del analista interviene en el desarrollo de la neurosis de transferencia. Hay evidencias reportadas en la literatura de que las características del analista ejercen una mayor influencia en pacientes más regresivos (Ticho 1966, citado por Braudy 1991). Identificar el carácter del analista depende en gran medida de las características del paciente, sin embargo este rublo abre la puerta para pensar la polémica sobre la pareja terapéutica planteada y criticada por Etchegoyen (1990). Se podría pensar que el principio de neutralidad es una salvaguarda de la intromisión del analista; sin embargo, Ticho ( Braudy, 1991) ha encontrado que el carácter del analista es un factor importante en aquellas situaciones ambiguas en las que no hay una forma clara y obvia de proceder, que son a mi parecer, las más de las ocasiones. Otro aspecto poco estudiado pero que interviene en la técnica, es el componente narcisista del analista. La omnipotencia terapéutica para rescatar a los pacientes, una sobre actividad en las sesiones o el deseo de influir en la vida de los pacientes, son fenómenos que tradicionalmente han sido adjudicados a los analistas jóvenes que tiene la necesidad narcisista de probar que son buenos terapeutas. Cuando esta circunstancia es percibida por el paciente, este puede tener una reacción retaliativa y tratar de defraudar al analista que está tratando de demostrar que cada día es mejor. El problema aquí no tiene su origen en el analista joven, sino a quien tiene que demostrarle la cura de su paciente, es a la institución a la que le habla el analista en formación, a su concepción de cura y al manejo que del narcisismo se transmite veladamente en ella. Lo mismo sucede con los componentes de índole autoritarios y competitivos no explicitados y por lo tanto no pensados que intervienen creando una dificultad mayor para la transmisión del manejo transferencial en su conjunto. Otro aspecto vinculado con lo anterior es el problema de la interpretación, Coderch (1995) dice y con razón que: |
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| Nuevamente estamos
en el campo de la episteme psicoanalítica, pero con relación
al carácter del analista hay varios niveles para abordarlo. En una
primera y superficial aproximación la interpretación tiene
que ver con eso que llamamos estilo: la entonación y el humor son
variables que forman parte del estilo, que se corresponden a componentes
de los pacientes. Aquí se abren dos vertientes, ya no tan superficiales,
de un mismo proceso. La generación de un estilo propio tiene que ver con procesos de identificación en el análisis personal, las supervisiones, las teorías, las técnicas y las ideologías, siempre en relación con la dinámica institucional. El gran peligro es que no se analicen estos procesos y se traduzcan en procesos identificatorios imitativos cuyo resultado es sin duda desastroso. La otra vertiente es con relación a la transferencia-contratransferencia con el paciente. No hay campo más idóneo para probar el carácter y la sensibilidad del analista que el manejo clínico de la neurosis de transferencia. Los rasgos de carácter del analista sirven como marco dentro del cual los pacientes colocan sus transferencias, es fundamental que el analista esté en contacto con sus reacciones para poder monitorear sus contribuciones y ver cómo el paciente hace uso de ellas. Una línea similar es explorada por Sandler (citado por Braudy, 1991) que estudia la forma en que ciertos rasgos pueden ser mejor entendidos al visualizar la manera particular que éstos tienen de evocar una respuesta en otros: |
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| La reacción
caracterológica es una solución a algún aspecto de
la situación analítica. La determinación de introducir
cambios en el encuadre que implican que el analista se coloque en otro lugar
que no es el de la escucha analítica, puede obedecer a condiciones
del paciente que no pueden ser manejados por el método de interpretación
y abstinencia. Y otro bien diferente es cuando el encuadre es atacado, donde
es mucho mayor la posibilidad de que los rasgos defensivos del analista
entren en acción de manera automática. Según Green (citado por Braudy 1991) es nuestro propio narcisismo lo que nos obliga a decir que un caso no es analizable, en lugar de reconocer que no es analizable con cierto analista. Agrega que si bien hay casos inanalizables, en otros se trata de una díada que no puede trabajar junta porque existe una dificultad en el manejo de la transferencia; en este caso interviene el carácter del analista del que por definición es muy difícil ser consciente, situación que se complica si en la formación del analista no se incorpora esto a su técnica. El análisis del deseo de ser analista, por medio del cual se troquela la escucha analítica, tiene que ver con momentos de profunda angustia infantil (Agustín Palacios, comunicación personal), con relación a aspectos de nuestras pulsiones parciales infantiles en los que nos jugábamos la vida, y ante las cuales generamos un estilo caracterológico específico, y que estamos obligados a intentar entender en el desempeño de nuestro trabajo. |
| Resumen La teoría sobre el carácter ha jugado una decisiva influencia en el psicoanálisis. Sin embargo el carácter del analista y sus técnicas no ha recibido la misma atención. El carácter del analista es la organización de los rasgos estables, conductas y actitudes del analista: Ética, valores, educación, problemas con los límites o autoritarismo son características del carácter en relación con la técnica. La capacidad para trabajar con la transferencia y la neutralidad tiene una relación con el estilo y los rasgos de carácter del analista. Palabras clave: Analista, carácter, técnica psicoanalítica. |
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Summary Recibido 8 de agosto de 2001, revisión recibida 4 de septiembre; aceptado para su publicación el 30 de noviembre 2001. |
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Bibliografía BRAUDY, F. (1983).
The evolution of the concept of Character in Freud´s writing. En
J. Amer. Psychoanal. Assn; 31: 3-31. 1 Trabajo presentado
durante la XXIII Reunión Científica Anual Aniversario
Sigmund Freud con el tema: La supervivencia del psicoanálisis
en el milenio que empieza, el 3 de mayo de 2001. Asociación
Psicoanalítica Mexicana, en Tequesquitengo, Qro. |
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