El mito personal en la contratransferencia1

Antonio Santamaría Fernández*

e-mail: asantamaria1930@hotmail.com

Los analistas deben de estar alertas al proceso de imponer sobre el material del paciente la mitología de sus propias tendencias personales o aquellas de sus otros analizandos. Pero este riesgo, el cual es independiente del modelo que se utilice, no debe constreñir nuestro uso de la riqueza que el “mito personal” nos ofrece para la expresión de nuestras formulaciones. (Graham, 1991, p. 386).
Así como Kris (1956) delineó un “mito personal”, desafiando la condición de colectividad y de no autoría que debería de caracterizar a todo mito (Green, 1991); “mito personal” que en tratándose de la situación psicoanalítica se despliega en la transferencia del paciente, según se abundó en el Primer Simposio Psicoanalítico de Delfos, Grecia 1984; aquí en Monterrey, México tengo a bien proponer que en interacción con el mito personal transferencial del paciente opera otro mito también personal, el cual es el mito del analista, el que se manifiesta en su contratransferencia (cotransferencia). Me fundamento en la observación de Stolorow de que no puede existir la mente individual aislada, que la mente aislada es un mito (Stolorow y Atwood, 1994). De aquí que en la actualidad se conciba al psicoanálisis como la ciencia de lo intersubjetivo. Es decir, que no puede haber transferencia sin contratransferencia (cotratransferencia) y que el observador (el analista) siempre está implícito en lo observado (el paciente). Obviamente, es el punto de vista de la psicología del self sobre la contratransferencia el que en mi opinión más puede iluminarnos para entender el poder organizador del mito personal en dicha contratransferencia (contransferencia) Mi finalidad es contribuir, desde la teorización, a un mejor uso de la contratransferencia en la praxis profesional, aprovechando su dimensión mítica.
Para mis fines voy a dividir mi comunicación en estos breves tópicos: El “mito personal” en la transferencia; el “mito personal” desde la psicología psicoanalítica del self; la contratransferencia desde la perspectiva de la psicología del self, el “mito personal” en la contratransferencia propiamente dicho; y epílogo.

El “Mito Personal” en la transferencia

Este tópico lo voy a dividir en dos partes: 1) El concepto de “mito personal”, de Kris; y: 2) el “mito personal” término acuñado en el Primer Simposium Psicoanalítico Internacional de Delfos.

1) Kris (1956) generó el concepto de mito personal a raíz de sus esfuerzos por entender el proceso de la memoria, tanto en niños en análisis como en niños en observación investigativa, así como en adultos neuróticos-obsesivos que ya había analizado. En todos ellos fue donde Kris observó que la imagen autobiográfica de cada paciente era férreamente defendida, por ejemplo, a manera de “resistencia” en el campo psicoanalítico, como si fuera su incuestionable verdad. Es a dicha imagen autobiográfica que Kris denominó, dadas las características que acabo de mencionar, el “mito personal” de cada quien. Esto llevó a Kris a suponer que el mito personal constituía el núcleo de todo un modelo de vida y que desde la psicología del yo funciona como una transacción pulsión-defensas y a la vez con expresiones revelatorias, constituyendo el self representacional del que cada individuo tiene su propia versión más o menos original.

2) El Mito Personal en Delfos
En el Simposio Psicoanalítico Internacional de Delfos, en Grecia celebrado en 1984, se discutió el mito personal como tema oficial, esperando vanamente que sirviera de puente entre las tres corrientes psicoanalíticas contemporáneas que ahí se confrontaron (las psicologías del yo, la objetal y la del self).
Las ideas de Kris fueron allá en Delfos transcendidas, extendiéndose dentro de lo clínico más allá de las neurosis obsesivas y luego de lo clínico a lo social; la filosofía, la historia y la mitología. El “mito personal” quedó así por consiguiente como patrimonio de todo ser humano. Wallerstein (1991) escribió al respecto: “Todos mantenemos una historia de vida, una línea histórica, una autobiografía mediante la cual nos explicamos y nos justificamos a nosotros mismos. Quiénes somos y de dónde venimos; cómo nos desarrollamos, qué clase de caracteres somos, qué clase de neurosis y cuáles son sus causas. Cuando nosotros ocurrimos a análisis llevando nuestro mito personal, reescribirmos nuestra autobiografía, revisamos nuestro mito personal” Hasta aquí Wallerstein.

El Mito Personal desde la Psicología Psicoanalítica del Self

Ernest Wolf (1991) representó en Delfos a la psicología del self. En su ponencia se consagró a discutir la relación del mito con la realidad, la realidad psíquica (subjetiva) y la realidad exterior (objetiva). Ninguna de las dos puede ser unánimemente falsa o verdadera. Existen tantas realidades como observadores, según las perspectivas de cada quien. Para el observador externo, la realidad psíquica (fantasías, imaginaciones, etc) es una ilusión y es a esta realidad –la psíquica ilusoria– a la que corresponde el mito personal (imagen autobiográfica). Freud prefirió la realidad del observador exterior como criterio de verdad (Freud, 1899, p.322) . Desde la psicología del self, en cambio dice Wolf (1991), debemos de creer en las percepciones y creencias del analizando como ciertas, aun cuando sepamos que están diseñadas por sus propias experiencias inconfiables, así como por toda clase de motivaciones conscientes e inconscientes. Es muy difícil obtener del self nuclear, aun por la propia vía de la introspección vicariante, los detalles que satisfagan el criterio de verdad del observador exterior; pero la falta de pruebas no significa falsedad.
Su majestad el self “su majestad el bebé” (Freud 1914, p. 91), es una realidad psíquica, es la imagen autobiográfica, el mito personal gracias al cual, desde la infancia y en coparticipación unitaria con la madre-selfobject, fue posible el desarrollo y la consolidación del self nuclear. Self que con el tiempo y maduración mediante, pudo ir dando lugar a que se fuese diferenciado cada vez más la realidad como entidad exterior de, la ilusión como contenido psíquico, sin que las cosas visibles y tangibles exteriores, por supuesto, dejasen de funcionar como selfobjects que siempre las hacen parte de nosotros mismos. Finalmente Wolf (1991, p. 106), termina su aportación con estas palabras:

Dudo que podamos hacer justicia a nuestros analizandos si creemos que sus imágenes autobiográficas sólo estén al servicio de ocultar la sexualidad y la agresión y que por lo tanto nada más las veamos como falsificaciones y duplicidades. Los mitos personales, que nuestros pacientes nos revelan deben ser tratados con el respeto y la gentileza que requieren los “selves” frágiles de los cuales dichos mitos son una expresión.

La Contratransferencia desde la perspectiva de la Psicología del Self

Actualmente y desde la psicología del self existen dos tipos de contratransferencias: 1) La contratransferencia interferente o en su sentido estrecho; y 2) la contratransferencia comprehensiva o en su sentido inclusivo. A la primera se han referido desde luego Freud (1910), el creador del psicoanálisis, y Kohut (1971, 1984), el creador de la psicología psicoanalítica del self. Freud por supuesto que puntualizó las limitaciones del analista en general; sus “propios complejos y resistencias internas” (pp. 144-145) que le impedían trabajar. Y Kohut por su parte aludió a los remanentes narcisistas “que en el analista lo incapacitan para responder óptimamente a las transferencias selfobjects (Kohut, 1971, p. 138).
La contratransferencia en su sentido comprehensivo-inclusivo ha sido preconizada por Stolorow, Brandchaft y Atwood (1987) en su teoría intersubjetiva. En efecto para ellos el proceso psicoanalítico surge del interjuego entre dos subjetividades diferentemente organizadas, la del analista y la del paciente, que juntas forman un sistema psicológico indisoluble, incluyendo la contratransferencia y la transferencia que de esa manera se influyen mutua y recíprocamente. Consecuentemente desde dicha intersubjetividad se define a la contratransferencia como “la manifestación de las estructuras psicológicas del analista y de su actividad organizadora” (p. 42). Se destaca así la influencia organizadora del analista observador sobre lo observado (el paciente).
Más recientemente Orange (1993) relaciona la contratransferencia comprehensiva con la empatía, el círculo hermenéutico y la unidad terapéutica kohutiana (comprensión / explicación interpretativa). Por principio Orange sugiere que el termino cotransferencia reemplace a la voz contratransferencia a fin de referirse, la cotransferencia, a su sentido comprehensivo-inclusivo, no adversarial; no en contra sino con el paciente; y que a su vez se preserve el tradicional vocablo contratransferencia para aludir a los recuerdos emocionales del analista que interfieren su comprehensión empática y sus respuestas óptimas.
La contransferencia es condición necesaria aun cuando no suficiente para la empatía. Esta, la empatía (introspección vicariante; descentramiento) es básica para que se dé la comunicación en el realismo dialógico, el cual, mediante la empatía precisamente se transforma en dialogo empático. Este diálogo a su vez es indispensable para que se de la comprensión empática en el proceso analítico, la que por su parte se traduce en reconocimiento de las perspectivas previas y en la creación de nuevas perspectivas; todo a partir del interjuego de las subjetividades diferentemente organizadas del analista y del paciente.
La cotransferencia y la contratransferencia brotan de la subjetividad del analista. Esto nos lleva al enfoque de su personalidad, su historia, sus teorías, etc. Es en este camino introspectivo del analista que nos encontramos inevitablemente según Gadamer (1976) con, los prejuicios; entendiendo a éstos en su connotación positiva, o sea como condiciones previas para vivenciar algo. Los prejuicios estan ligados a la historicidad o sea a la historia personal/relacional del analista. Son, dichos prejuicios, unos de los principios organizadores de nuestra actividad psíquica.
En mi opinión los mitos son constructos derivados de dichos prejuicios o principios organizadores de la actividad psíquica. Desde luego que hay que comprobar dichos prejuicios pero no bajo el criterio empirista que sólo indaga sus atributos de distorsión sino, a la luz de los horizontes filosóficos desde donde uno está. Lo más amplio y lo más profundo en hermenéutica filosófica depende del conocimiento y del reconocimiento de nuestra historicidad con sus prejuicios; y yo aquí añadiría: y con sus mitos.
En psicoanálisis entonces, según estas elucubraciones, la cotransferencia y la contratransferencia son expresiones directas de los mitos personales del analista; dichos mitos derivan de los prejuicios o principios organizadores de sus experiencias psicológicas; y estas a su vez se enraízan en la historia del desarrollo personal/relacional del propio analista. A su vez, como ya antes indiqué, es la cotransferencia-contratransferencia la base, aun cuando no la única, de la empatía.
El viejo concepto filosófico de círculo hermenéutico nos sirve también para entender la cotransferencia (contratransferencia). En efecto la comprensión es inevitablemente circular. Para comprender se requiere la interacción del “aquí y ahora” con la historia y el desarrollo; la dialéctica del todo con la parte y de la parte con el todo; del tiempo presente con el pasado y hasta del futuro.
Gadamer (1976) dice que la vía para lograr la comprensión es el arriesgue y la comprobación de prejuicios (principios organizadores) en el “encuentro dialógico”. Sólo se llega a comprender lo que ya se ha comprendido. La actitud hermenéutica consiste en psicoanálisis, en que los analistas, hagamos conciencia de nuestras opiniones y prejuicios sólo como tales; a fin de que en esas condiciones los pacientes tengan la oportunidad de revelar su autenticidad y veracidad por encima y aun en contra de nuestras nociones preconcebidas. Sólo así es posible evitar que el círculo hermenéutico se torne círculo vicioso.

El Mito Personal en la Contratransferencia propiamente dicho

Aun cuando el propio Kris (1956), al formular su hipótesis sobre el “Mito Personal” se refirió al paciente, también aclaró que podemos conceptualizar la mitopoiesis tanto en la transferencia como en la contratransferencia (p.7). Wallerstein (1991) sin embargo no concuerda con el hecho de que el encuentro del paciente con el analista sea a la vez un encuentro entre los mitos personales de ambos. Es mejor pensar continúa Wallerstein- que los analistas recibamos al mito personal del paciente con la comprensión que resulta de la inmersión empática que dicta nuestra teoría y que puede ser expresada en metáforas relacionadas con el mito personal pero, sin confundir mitos con metáforas.
Es obvio que en la transferencia el paciente mitifique a su analista desde su propio mito personal pero, ¿acaso no es obvio también que el analista mitifique recíprocamente al paciente desde su propio mito personal? Desde luego que si consideramos al mito personal como expresión ilusoria del self nuclear, siguiendo a Wolf (1991) y si nos adherimos al concepto intersubjetivo de cotransferencia y de contratransferencia (Orange, 1993) que ya antes he revisado en esta misma comunicación, entonces sí, nos resulta claro que el psicoanálisis es un trabajo con importantes dimensiones míticas de ambas partes (el analista y el paciente), ya que los mitos precisamente pertenecen al dominio de lo subjetivo. Mas esto no es nada nuevo y al respecto Grossman (1982) nos recuerda que Freud “vio todas las producciones mentales como teorías en algún sentido... y ( que) para Freud los mitos son teorías y las teorías son mitos”. En este sentido él (Freud) habló de las pulsiones como “nuestra mitología”. Y es a este respecto que aquí resulta oportuno mencionar que en el susodicho Simposium de Delfos, la ponencia más idónea al tema del mito personal en la contratransferencia fue la de Schneider (1991), que precisamente intituló “El Mito de Edipo como Mito Personal de Freud” A continuación voy aquí a extractar dicha ponencia y a aprovecharla para proponer también al Mito de Edipo como Mito Personal paradigmático del Padre del Psicoanálisis.
“Iluminación y ceguera”, son las palabras con que Schneider inicia su artículo, tratando así de relacionar a Freud con Edipo, en el sentido de que por una parte Freud elevó a Edipo a paradigma del destino humano en tanto que por otro lado lo malentendió y mal utilizó, reteniendo sólo dos aspectos de la aventura edípica: incesto y parricidio. Esta reducción de Freud por supesto que afectó la demarcación del campo psicoanalítico y, la visión freudiana de la división sexual.
A la edad de dos años seis meses Freud sufrió una lesión de mandíbula por caída, que fue atendida por un médico de un solo ojo, el Dr. Pur. Del susodicho trauma mandibular de Freud han quedado dos ejes en la escena analítica, a través del mito de Edipo. Ellos son : 1) Dos dimensiones del espacio analítico: a) el agujero obscuro (¿una prefiguración del “continente obscuro”?) y, la inefable mirada, b) la relación con lo femenino. Con Edipo como con Freud, la exhibición de una herida sangrante –la de los ojos o la de la boca– nos conduce a la reconstrucción de una feminidad cicatrizada. Cuando Freud caracteriza lo femenino como la ausencia del pene, sin mencionar la apertura vaginal, la cual regularmente sangra, ¿acaso no él, a la manera de Pur, ha suturado los genitales femeninos? A estos genitales se les borra de la misma manera que Freud mantuvo oculto lo de su mandíbula. Sin embargo la sangre reaparecerá después en Freud, en el cáncer de su boca. De manera similar, Edipo monopoliza el derrame de sangre; él sangra como si lo hiciera en vez de Yocasta quién, al ahorcarse muere sin sangrar. Otra coincidencia al respecto la encontramos en el Nuevo Testamento, bajo el tema de la Pasión. Ahí se habla de un Jesús cubierto de sangre y de una mujer, la Virgen María, a quien no le escurren más que lágrimas. Precisamente, así como la Iglesia Cristiana se dice que nació de las heridas de Cristo ¿acaso no podemos también decir, prudentemente, que fue de las heridas de Edipo y de Freud que nació la iglesia psicoanalítica? Según dichas construcciones no es de sorprenderse que a la femineidad sólo se le caracterice en términos de ausencia. Podríamos pensar que la negación de lo femenino, de la sangre materna; negación que se acompaña de la apropiación masculina; tiene una especie de virtud instigadora... Hasta aquí Schneider.

2) Desde la psicología del self yo me explico de esta manera la mitopoiesis edípica de Freud. El, al leer “Edipo Rey” de Sófocles, vivenció una experiencia selfobject. Internalizó de la obra literaria sólo los elementos selectivos que necesitaba para construir su self nuclear analítico. En esa línea internalizó o creó dentro de sí mismo al Edipo triunfador; al que adivinaba enigmas y al que se apasionaba por la verdad. Es decir, al “Edipo” que sobrevivió al decreto parental de infanticidio; contra él; al que huyó de los padres adaptadores de Corinto para evitar con ellos el incesto y parricidio oraculares; al efebo que se batió victoriosamente en duelo mortal contra Laio, el Rey de Tebas y contra su séquito militar. Al Edipo que venció con su sabiduría a la esfinge tebana, la madre (padre) que se suicida cuando el hijo los trasciende; al que fue coronado Rey de Tebas por sus méritos personales; al que se casó con “la viuda de palacio”, Yocasta, la ya “primera dama” de Tebas. Al Edipo que salvó a Tebas al asumir concienzudamente la verdad de Tiresias que lo acusaba de parricida e incestuoso sin saberlo y por ende como culpable de la desgracia tebana. Al Edipo que ante tamaña herida narcisista no se suicidó, como sí lo hizo Yocasta, sino que sólo se auto-castigó sacándose los ojos, por sentimiento de vergüenza trágica, más que por culpa delictiva; al que se adaptó a sus hijas como báculo de su senescencia invidente. Y al final, al Edipo que murió dignamente. Todo eso supongo que internalizó Freud, como se internaliza un selfobject cultural; a la vez que ya antes había internalizado a su propio padre Don Jacobo; a Bruce, Charcott, Breuer, Fliess, etc. Con lo que seleccionó de cada uno de ellos, Freud substanció su autoimagen analítica creativa, a través de su polo sélfico de metas idealizadas, construyendo así un edipo “freudizado”, o un Freud-Edipo, que es su propio mito personal. Y fue con este mito, el primer mito personal del psicoanálisis, con el que Freud emprendió, contando con la mediación de Fliess, su propio auto-análisis –el primer análisis didáctico de la historia–, a fin de hacer conscientes y de elaborar las propias pulsiones parricida e incestuosas que, el otro aspecto de Edipo, el equivalente parricida-incestuoso sin saberlo, había activado en él, en el Padre (Madre) del psicoanálisis. ¿Y como elaborarlo? ¿bajo qué principios organizadores (prejuicios)? En el caso de Edipo podemos inquirir: ¿acaso de veras Laio y Yocasta eran padres de Edipo nada más porque lo habían concebido biológicamente? ¿lo habían criado? ¿lo conocían algo siquiera? ¿qué clase de vínculos había entre ellos? en su contra. ¿No acaso el parricidio fue una justa contrapartida de Edipo a la amenaza de infanticidio anterior y de efobicio actual?. Y a nivel de lo inconsciente: ¿no será que la culpa infanticida de Layo lo expuso a ser vengado? ¿No será que Yocasta se casó con Edipo por compensación a su insuficiencia como madre; a su anempatía materna?
Estas y muchas otras reflexiones debe de haberse estado haciendo Freud durante su autoanálisis prototípico, en el que él fue el primer paciente y el primer analista de sí mismo, a nivel subjetivo. Por supuesto que con el correr del tiempo y ante los nuevos enigmas de salud mental, ha cobrado vigencia lo intersubjetivo, la experiencia selfobject, la indisoluble unidad que forman el observador y lo que se observa; el diálogo empático y la unidad terapéutica básica que constituyen la comprensión y la explicación interpretativa. Esto al menos dentro de la psicología del self; otras corrientes psicoanalíticas también están ofreciendo nuevas terminologías.
En cada interacción humana, como lo es la díada psicoanalítica, lo más conveniente es que se confronten constantemente los principios organizadores (prejuicios) del analista y del paciente; y también los mitos personales que codeterminan respectivamente la contratransferencia y la transferencia de ambos; y su correspondiente ballet. El ballet analista-paciente sólo se da al compás de la empatía y quien lo inicia y lo regula es el analista. Su empatía se apoya como ya antes indiqué, en la co- (contra) transferencia y ésta, a su vez se asienta en el mito personal que deriva de los prejuicios (principios) que organizan las vivencias psíquicas del analista para construir su propia imagen autobiográfica, en términos de un personaje mítico. En Freud este personaje fue en un principio Edipo; después asumió también a Narciso; y finalmente pienso que Freud más bien se centró en Moisés. En la actualidad Kohut nos legó a Odiseo; y yo soy de los que a veces lo invoco para trabajar, junto con Quetzalcóatl.

Epílogo

Quiero concluir mi comunicación con mi respuesta personal a estas tres preguntas nada más. Por lo que acabo de discernir en mis breves tópicos 1) ¿será entonces que las contratransferencias de los analistas que trabajan sólo freudianamente se caracterizan por la personificación del Edipo triunfador en la cotransferencia y del Edipo inconscientemente parricida-incestuoso en la contratransferencia? 2) ¿Es entonces también cierto que el analista que trabaja con psicología del self se despliega en la contratransferencia como Odiseo cuando es empático y en la contratransferencia como Narciso cuando es anempático? 3) ¿Es por cierto el mito personal el principio o prejuicio fundamental, aunque no el único, que organiza la transferencia, la contratransferencia y la cotraferencia? Mi respuesta por supuesto que es SÍ.

Resumen
En cuatro breves tópicos, una introducción y el epílogo, el autor se propone sostener teóricamente la tesis de que así como el “mito personal” de Kris se despliega en la transferencia, también opera recíprocamente el “mito personal” del analista en su contratransferencia y en su cotransferencia. La finalidad es contribuir al mejoramiento del trabajo clínico psicoanalítico. Para el efecto se discute en los cuatro tópicos lo siguiente: En primer lugar el concepto de “mito personal” transferencial, incluyendo el concepto original de Kris y la discusión que del mismo se realizó en Delfos. En segundo lugar el enfoque del mito personal desde la psicología del self, de acuerdo con las ideas de Wolf. En tercer lugar se aborda la contratransferencia desde la psicología del self, particularmente su enfoque intersubjetivo y la teoría del círculo hermenéutico. Se introduce el término de cotransferencia como alternativa del de contratransferencia. Aquí es donde el autor explica la mitopoiesis del mito personal que se despliega en la cotransferencia y en la contratransferencia. Y finalmente en el epílogo el autor termina contestando con un categórico SÍ, a las tres preguntas que en la presente comunicación se plantea así mismo.
Palabras clave: Mitos personales, contratransferencia.

Summary
In four brief topics, an introduction and the epilogue, the author intends to sustain theoretically the thesis that as well as the “personal myth” of Kris spreads in the transference, it also operates reciprocally the “personal myth” of the analyst in his countertransference and in his cotransference. The purpose is to contribute to the improvement of the psychoanalytical clinical work. For the effect the following is discussed in the four topics: In first place the concept of transferential “personal myth”, including the original concept of Kris and the discussion that of itself was carried out in Delfos. In second place the focus of the personal myth from the psychology of the self, in agreement with the ideas of Wolf. In third place the countertransference is approached from the psychology of the self, particularly its intersubjetive focus and the theory of the hermeneutic circle. The cotransference term is introduced as an alternative of that of countertransference. Here the author explains the “mitopoiesis” of the personal myth that spreads in the cotransference and in the countertransference. And finally in the epilogue the author finishes answering with a categorical YES, to the three questions of the present communication.
Key words: Personal myths, countertransference.

Recibido 7 de marzo de 2001, revisión recibida 31 de mayo; aceptado para su publicación 20 de junio de 2001.

Bibliografía

FREUD, S. (1910). The future prospects of psychoanalytic therapy, Sandard Edition, 2: 144-45.
FREUD, S (1914). On Narcissim. Standard Edition, 14: 69-102.
FREUD, S. (1899) Screen memories. Standard Edition 3: 301-322, Hogart Press, 1957.
GADAMER, H. (1976). Philosophical Hermeneutics. In Interpretive Social Science, ed. Rabinow, P. & Sullivan. Berkeley: University of California Press, pp. 103-60.
GRAHAM, D. I. (1991). Edipilogue. In The Personal Myth in Psychoanalytic Theory ed. Hartocollis, P. & Granam, I. D. Madison; E. U.: Int. Univ. Press. pp. 386.
GREEN, A. (1991). On the Constituents of the Personal Myth. In The Personal Myth in Psychoanalytic Theory... (supra), pp. 63-88.
GROSSMAN, W. I. (1982). The Self as fanthasy. J. of the Amer- Psychoanal. Ass, 30: 919-37.
KOHUT, H. (1982). Introspection, Empathy and semi-circle of Mental Health. In Int. J. of Psycho-Anal., 63(4): 395-407.
KOHUT, H. (1971). The Analysis of the Self, Int. Univ. Press; NY.
KOHUT, H. (1984). How Does Analysis Cure?, ed. A. Goldberg & P. Stepansky: Univ. of Chicago Press.
KRIS, E. (1956). The personal myth. J. of the Amer. Psychoanal. Ass., 4: 653-81.
ORANGE, D. (1992). Subjetivism, relativism, and realism in psychoanalysis. In Progress in Self Psychology, ed. A. Goldberg. The Analytic Press, 8: 189-97.
SCHNEIDER, Mayo. (1991). The Oedipus Myth as Freud’s Personal Myth: In The Personal Myth in Psycoanalytic Theory ...(supra), pp. 149; 158-59.
STOLOROS, R., BRANDCHAFT, B., & ATWOOD, G. (1987). Psychoanalytic treatmente: and Intersubjective Approach. New York, E. U.: The Analytic Press.
STOLOROW, R., & Atwood, E. G. (1994). The Myth of the Isolated Mind. In Progress in Self Psychology, ed. A. Goldberg. New York, E. U.: The Analytic Press.
WALLERSTEIN, R. (1991). Observations on the Personal Myth and on theoretical Perspectives in Psychoanalysis. In The Personal Myth in Psychoanalytic Theory. Madison, E. U.: (supra), pp. 357-72.
WOLF, S.E. (1991). The Personal Myth and the History of the Self. In The Personal Myth in Psychoanalytic Theory … (supra), pp. 89-110.

1 Ponencia leída en el panel “Los Mitos en el Campo Psicoanalítico” del XXI Congreso Latinoamericano de Psicoanálisis, celebrado en Monterrey, N. L., en julio de 1996.
• Coordinador de IPA STANDING CONFERENCE ON MYTHS. Psicoanalista Miembro Vitalicio, didáctico y expresidente de Asociación Psicoanalítica Mexicana, tel. 5520 31 36

Back