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El
mito personal en la contratransferencia1
Antonio
Santamaría Fernández*
e-mail:
asantamaria1930@hotmail.com
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Los analistas
deben de estar alertas al proceso de imponer sobre el material del paciente
la mitología de sus propias tendencias personales o aquellas de sus
otros analizandos. Pero este riesgo, el cual es independiente del modelo
que se utilice, no debe constreñir nuestro uso de la riqueza que
el mito personal nos ofrece para la expresión de nuestras
formulaciones. (Graham, 1991, p. 386).
Así como Kris (1956) delineó un mito personal,
desafiando la condición de colectividad y de no autoría que
debería de caracterizar a todo mito (Green, 1991); mito personal
que en tratándose de la situación psicoanalítica se
despliega en la transferencia del paciente, según se abundó
en el Primer Simposio Psicoanalítico de Delfos, Grecia 1984;
aquí en Monterrey, México tengo a bien proponer que en interacción
con el mito personal transferencial del paciente opera otro mito también
personal, el cual es el mito del analista, el que se manifiesta en su contratransferencia
(cotransferencia). Me fundamento en la observación de Stolorow de
que no puede existir la mente individual aislada, que la mente aislada es
un mito (Stolorow y Atwood, 1994). De aquí que en la actualidad se
conciba al psicoanálisis como la ciencia de lo intersubjetivo. Es
decir, que no puede haber transferencia sin contratransferencia (cotratransferencia)
y que el observador (el analista) siempre está implícito en
lo observado (el paciente). Obviamente, es el punto de vista de la psicología
del self sobre la contratransferencia el que en mi opinión
más puede iluminarnos para entender el poder organizador del mito
personal en dicha contratransferencia (contransferencia) Mi finalidad es
contribuir, desde la teorización, a un mejor uso de la contratransferencia
en la praxis profesional, aprovechando su dimensión mítica.
Para mis fines voy a dividir mi comunicación en estos breves tópicos:
El mito personal en la transferencia; el mito personal
desde la psicología psicoanalítica del self; la contratransferencia
desde la perspectiva de la psicología del self, el mito
personal en la contratransferencia propiamente dicho; y epílogo. |
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El Mito Personal
en la transferencia
Este tópico
lo voy a dividir en dos partes: 1) El concepto de mito personal,
de Kris; y: 2) el mito personal término acuñado
en el Primer Simposium Psicoanalítico Internacional de Delfos.
1) Kris (1956) generó
el concepto de mito personal a raíz de sus esfuerzos por entender
el proceso de la memoria, tanto en niños en análisis como
en niños en observación investigativa, así como en
adultos neuróticos-obsesivos que ya había analizado. En
todos ellos fue donde Kris observó que la imagen autobiográfica
de cada paciente era férreamente defendida, por ejemplo, a manera
de resistencia en el campo psicoanalítico, como si
fuera su incuestionable verdad. Es a dicha imagen autobiográfica
que Kris denominó, dadas las características que acabo de
mencionar, el mito personal de cada quien. Esto llevó
a Kris a suponer que el mito personal constituía el núcleo
de todo un modelo de vida y que desde la psicología del yo funciona
como una transacción pulsión-defensas y a la vez con expresiones
revelatorias, constituyendo el self representacional del que cada
individuo tiene su propia versión más o menos original.
2) El Mito Personal
en Delfos
En el Simposio Psicoanalítico Internacional de Delfos, en
Grecia celebrado en 1984, se discutió el mito personal como tema
oficial, esperando vanamente que sirviera de puente entre las tres corrientes
psicoanalíticas contemporáneas que ahí se confrontaron
(las psicologías del yo, la objetal y la del self).
Las ideas de Kris fueron allá en Delfos transcendidas, extendiéndose
dentro de lo clínico más allá de las neurosis obsesivas
y luego de lo clínico a lo social; la filosofía, la historia
y la mitología. El mito personal quedó así
por consiguiente como patrimonio de todo ser humano. Wallerstein (1991)
escribió al respecto: Todos mantenemos una historia de vida,
una línea histórica, una autobiografía mediante la
cual nos explicamos y nos justificamos a nosotros mismos. Quiénes
somos y de dónde venimos; cómo nos desarrollamos, qué
clase de caracteres somos, qué clase de neurosis y cuáles
son sus causas. Cuando nosotros ocurrimos a análisis llevando nuestro
mito personal, reescribirmos nuestra autobiografía, revisamos nuestro
mito personal Hasta aquí Wallerstein.
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El Mito Personal
desde la Psicología Psicoanalítica del Self
Ernest Wolf (1991)
representó en Delfos a la psicología del self.
En su ponencia se consagró a discutir la relación del mito
con la realidad, la realidad psíquica (subjetiva) y la realidad
exterior (objetiva). Ninguna de las dos puede ser unánimemente
falsa o verdadera. Existen tantas realidades como observadores, según
las perspectivas de cada quien. Para el observador externo, la realidad
psíquica (fantasías, imaginaciones, etc) es una ilusión
y es a esta realidad la psíquica ilusoria a la que
corresponde el mito personal (imagen autobiográfica). Freud prefirió
la realidad del observador exterior como criterio de verdad (Freud, 1899,
p.322) . Desde la psicología del self, en cambio dice Wolf
(1991), debemos de creer en las percepciones y creencias del analizando
como ciertas, aun cuando sepamos que están diseñadas por
sus propias experiencias inconfiables, así como por toda clase
de motivaciones conscientes e inconscientes. Es muy difícil obtener
del self nuclear, aun por la propia vía de la introspección
vicariante, los detalles que satisfagan el criterio de verdad del observador
exterior; pero la falta de pruebas no significa falsedad.
Su majestad el self su majestad el bebé (Freud
1914, p. 91), es una realidad psíquica, es la imagen autobiográfica,
el mito personal gracias al cual, desde la infancia y en coparticipación
unitaria con la madre-selfobject, fue posible el desarrollo y la
consolidación del self nuclear. Self que con el tiempo y
maduración mediante, pudo ir dando lugar a que se fuese diferenciado
cada vez más la realidad como entidad exterior de, la ilusión
como contenido psíquico, sin que las cosas visibles y tangibles
exteriores, por supuesto, dejasen de funcionar como selfobjects que
siempre las hacen parte de nosotros mismos. Finalmente Wolf (1991, p.
106), termina su aportación con estas palabras:
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Dudo que podamos
hacer justicia a nuestros analizandos si creemos que sus imágenes
autobiográficas sólo estén al servicio de ocultar
la sexualidad y la agresión y que por lo tanto nada más
las veamos como falsificaciones y duplicidades. Los mitos personales,
que nuestros pacientes nos revelan deben ser tratados con el respeto
y la gentileza que requieren los selves frágiles
de los cuales dichos mitos son una expresión.
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La Contratransferencia
desde la perspectiva de la Psicología del Self
Actualmente y desde
la psicología del self existen dos tipos de contratransferencias:
1) La contratransferencia interferente o en su sentido estrecho; y 2)
la contratransferencia comprehensiva o en su sentido inclusivo. A la primera
se han referido desde luego Freud (1910), el creador del psicoanálisis,
y Kohut (1971, 1984), el creador de la psicología psicoanalítica
del self. Freud por supuesto que puntualizó las limitaciones
del analista en general; sus propios complejos y resistencias internas
(pp. 144-145) que le impedían trabajar. Y Kohut por su parte aludió
a los remanentes narcisistas que en el analista lo incapacitan para
responder óptimamente a las transferencias selfobjects (Kohut,
1971, p. 138).
La contratransferencia en su sentido comprehensivo-inclusivo ha sido preconizada
por Stolorow, Brandchaft y Atwood (1987) en su teoría intersubjetiva.
En efecto para ellos el proceso psicoanalítico surge del interjuego
entre dos subjetividades diferentemente organizadas, la del analista y
la del paciente, que juntas forman un sistema psicológico indisoluble,
incluyendo la contratransferencia y la transferencia que de esa manera
se influyen mutua y recíprocamente. Consecuentemente desde dicha
intersubjetividad se define a la contratransferencia como la manifestación
de las estructuras psicológicas del analista y de su actividad
organizadora (p. 42). Se destaca así la influencia organizadora
del analista observador sobre lo observado (el paciente).
Más recientemente Orange (1993) relaciona la contratransferencia
comprehensiva con la empatía, el círculo hermenéutico
y la unidad terapéutica kohutiana (comprensión / explicación
interpretativa). Por principio Orange sugiere que el termino cotransferencia
reemplace a la voz contratransferencia a fin de referirse, la cotransferencia,
a su sentido comprehensivo-inclusivo, no adversarial; no en contra
sino con el paciente; y que a su vez se preserve el tradicional
vocablo contratransferencia para aludir a los recuerdos emocionales
del analista que interfieren su comprehensión empática y
sus respuestas óptimas.
La contransferencia es condición necesaria aun cuando no suficiente
para la empatía. Esta, la empatía (introspección
vicariante; descentramiento) es básica para que se dé la
comunicación en el realismo dialógico, el cual, mediante
la empatía precisamente se transforma en dialogo empático.
Este diálogo a su vez es indispensable para que se de la comprensión
empática en el proceso analítico, la que por su parte se
traduce en reconocimiento de las perspectivas previas y en la creación
de nuevas perspectivas; todo a partir del interjuego de las subjetividades
diferentemente organizadas del analista y del paciente.
La cotransferencia y la contratransferencia brotan de la subjetividad
del analista. Esto nos lleva al enfoque de su personalidad, su historia,
sus teorías, etc. Es en este camino introspectivo del analista
que nos encontramos inevitablemente según Gadamer (1976) con, los
prejuicios; entendiendo a éstos en su connotación
positiva, o sea como condiciones previas para vivenciar algo. Los prejuicios
estan ligados a la historicidad o sea a la historia personal/relacional
del analista. Son, dichos prejuicios, unos de los principios organizadores
de nuestra actividad psíquica.
En mi opinión los mitos son constructos derivados de dichos prejuicios
o principios organizadores de la actividad psíquica. Desde luego
que hay que comprobar dichos prejuicios pero no bajo el criterio empirista
que sólo indaga sus atributos de distorsión sino, a la luz
de los horizontes filosóficos desde donde uno está. Lo más
amplio y lo más profundo en hermenéutica filosófica
depende del conocimiento y del reconocimiento de nuestra historicidad
con sus prejuicios; y yo aquí añadiría: y con sus
mitos.
En psicoanálisis entonces, según estas elucubraciones, la
cotransferencia y la contratransferencia son expresiones directas de los
mitos personales del analista; dichos mitos derivan de los prejuicios
o principios organizadores de sus experiencias psicológicas; y
estas a su vez se enraízan en la historia del desarrollo personal/relacional
del propio analista. A su vez, como ya antes indiqué, es la cotransferencia-contratransferencia
la base, aun cuando no la única, de la empatía.
El viejo concepto filosófico de círculo hermenéutico
nos sirve también para entender la cotransferencia (contratransferencia).
En efecto la comprensión es inevitablemente circular. Para comprender
se requiere la interacción del aquí y ahora
con la historia y el desarrollo; la dialéctica del todo con la
parte y de la parte con el todo; del tiempo presente con el pasado y hasta
del futuro.
Gadamer (1976) dice que la vía para lograr la comprensión
es el arriesgue y la comprobación de prejuicios (principios organizadores)
en el encuentro dialógico. Sólo se llega a comprender
lo que ya se ha comprendido. La actitud hermenéutica consiste en
psicoanálisis, en que los analistas, hagamos conciencia de nuestras
opiniones y prejuicios sólo como tales; a fin de que en esas condiciones
los pacientes tengan la oportunidad de revelar su autenticidad y veracidad
por encima y aun en contra de nuestras nociones preconcebidas. Sólo
así es posible evitar que el círculo hermenéutico
se torne círculo vicioso.
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El Mito Personal
en la Contratransferencia propiamente dicho
Aun cuando el propio
Kris (1956), al formular su hipótesis sobre el Mito Personal
se refirió al paciente, también aclaró que podemos
conceptualizar la mitopoiesis tanto en la transferencia como en la contratransferencia
(p.7). Wallerstein (1991) sin embargo no concuerda con el hecho de que
el encuentro del paciente con el analista sea a la vez un encuentro entre
los mitos personales de ambos. Es mejor pensar continúa Wallerstein-
que los analistas recibamos al mito personal del paciente con la comprensión
que resulta de la inmersión empática que dicta nuestra teoría
y que puede ser expresada en metáforas relacionadas con el mito
personal pero, sin confundir mitos con metáforas.
Es obvio que en la transferencia el paciente mitifique a su analista desde
su propio mito personal pero, ¿acaso no es obvio también
que el analista mitifique recíprocamente al paciente desde su propio
mito personal? Desde luego que si consideramos al mito personal como expresión
ilusoria del self nuclear, siguiendo a Wolf (1991) y si nos adherimos
al concepto intersubjetivo de cotransferencia y de contratransferencia
(Orange, 1993) que ya antes he revisado en esta misma comunicación,
entonces sí, nos resulta claro que el psicoanálisis es un
trabajo con importantes dimensiones míticas de ambas partes (el
analista y el paciente), ya que los mitos precisamente pertenecen al dominio
de lo subjetivo. Mas esto no es nada nuevo y al respecto Grossman (1982)
nos recuerda que Freud vio todas las producciones mentales como
teorías en algún sentido... y ( que) para Freud los mitos
son teorías y las teorías son mitos. En este sentido
él (Freud) habló de las pulsiones como nuestra mitología.
Y es a este respecto que aquí resulta oportuno mencionar que en
el susodicho Simposium de Delfos, la ponencia más idónea
al tema del mito personal en la contratransferencia fue la de Schneider
(1991), que precisamente intituló El Mito de Edipo como Mito
Personal de Freud A continuación voy aquí a extractar
dicha ponencia y a aprovecharla para proponer también al Mito de
Edipo como Mito Personal paradigmático del Padre del Psicoanálisis.
Iluminación y ceguera, son las palabras con que Schneider
inicia su artículo, tratando así de relacionar a Freud con
Edipo, en el sentido de que por una parte Freud elevó a Edipo a
paradigma del destino humano en tanto que por otro lado lo malentendió
y mal utilizó, reteniendo sólo dos aspectos de la aventura
edípica: incesto y parricidio. Esta reducción de Freud por
supesto que afectó la demarcación del campo psicoanalítico
y, la visión freudiana de la división sexual.
A la edad de dos años seis meses Freud sufrió una lesión
de mandíbula por caída, que fue atendida por un médico
de un solo ojo, el Dr. Pur. Del susodicho trauma mandibular de Freud han
quedado dos ejes en la escena analítica, a través del mito
de Edipo. Ellos son : 1) Dos dimensiones del espacio analítico:
a) el agujero obscuro (¿una prefiguración del continente
obscuro?) y, la inefable mirada, b) la relación con lo femenino.
Con Edipo como con Freud, la exhibición de una herida sangrante
la de los ojos o la de la boca nos conduce a la reconstrucción
de una feminidad cicatrizada. Cuando Freud caracteriza lo femenino como
la ausencia del pene, sin mencionar la apertura vaginal, la cual regularmente
sangra, ¿acaso no él, a la manera de Pur, ha suturado los
genitales femeninos? A estos genitales se les borra de la misma manera
que Freud mantuvo oculto lo de su mandíbula. Sin embargo la sangre
reaparecerá después en Freud, en el cáncer de su
boca. De manera similar, Edipo monopoliza el derrame de sangre; él
sangra como si lo hiciera en vez de Yocasta quién, al ahorcarse
muere sin sangrar. Otra coincidencia al respecto la encontramos en el
Nuevo Testamento, bajo el tema de la Pasión. Ahí se habla
de un Jesús cubierto de sangre y de una mujer, la Virgen María,
a quien no le escurren más que lágrimas. Precisamente, así
como la Iglesia Cristiana se dice que nació de las heridas de Cristo
¿acaso no podemos también decir, prudentemente, que fue
de las heridas de Edipo y de Freud que nació la iglesia psicoanalítica?
Según dichas construcciones no es de sorprenderse que a la femineidad
sólo se le caracterice en términos de ausencia. Podríamos
pensar que la negación de lo femenino, de la sangre materna; negación
que se acompaña de la apropiación masculina; tiene una especie
de virtud instigadora... Hasta aquí Schneider.
2) Desde la psicología
del self yo me explico de esta manera la mitopoiesis edípica
de Freud. El, al leer Edipo Rey de Sófocles, vivenció
una experiencia selfobject. Internalizó de la obra literaria
sólo los elementos selectivos que necesitaba para construir su
self nuclear analítico. En esa línea internalizó
o creó dentro de sí mismo al Edipo triunfador; al que adivinaba
enigmas y al que se apasionaba por la verdad. Es decir, al Edipo
que sobrevivió al decreto parental de infanticidio; contra él;
al que huyó de los padres adaptadores de Corinto para evitar con
ellos el incesto y parricidio oraculares; al efebo que se batió
victoriosamente en duelo mortal contra Laio, el Rey de Tebas y contra
su séquito militar. Al Edipo que venció con su sabiduría
a la esfinge tebana, la madre (padre) que se suicida cuando el hijo los
trasciende; al que fue coronado Rey de Tebas por sus méritos personales;
al que se casó con la viuda de palacio, Yocasta, la
ya primera dama de Tebas. Al Edipo que salvó a Tebas
al asumir concienzudamente la verdad de Tiresias que lo acusaba de parricida
e incestuoso sin saberlo y por ende como culpable de la desgracia tebana.
Al Edipo que ante tamaña herida narcisista no se suicidó,
como sí lo hizo Yocasta, sino que sólo se auto-castigó
sacándose los ojos, por sentimiento de vergüenza trágica,
más que por culpa delictiva; al que se adaptó a sus hijas
como báculo de su senescencia invidente. Y al final, al Edipo que
murió dignamente. Todo eso supongo que internalizó Freud,
como se internaliza un selfobject cultural; a la vez que ya antes
había internalizado a su propio padre Don Jacobo; a Bruce, Charcott,
Breuer, Fliess, etc. Con lo que seleccionó de cada uno de ellos,
Freud substanció su autoimagen analítica creativa, a través
de su polo sélfico de metas idealizadas, construyendo así
un edipo freudizado, o un Freud-Edipo, que es su propio mito
personal. Y fue con este mito, el primer mito personal del psicoanálisis,
con el que Freud emprendió, contando con la mediación de
Fliess, su propio auto-análisis el primer análisis
didáctico de la historia, a fin de hacer conscientes y de
elaborar las propias pulsiones parricida e incestuosas que, el otro aspecto
de Edipo, el equivalente parricida-incestuoso sin saberlo, había
activado en él, en el Padre (Madre) del psicoanálisis. ¿Y
como elaborarlo? ¿bajo qué principios organizadores (prejuicios)?
En el caso de Edipo podemos inquirir: ¿acaso de veras Laio y Yocasta
eran padres de Edipo nada más porque lo habían concebido
biológicamente? ¿lo habían criado? ¿lo conocían
algo siquiera? ¿qué clase de vínculos había
entre ellos? en su contra. ¿No acaso el parricidio fue una justa
contrapartida de Edipo a la amenaza de infanticidio anterior y de efobicio
actual?. Y a nivel de lo inconsciente: ¿no será que la culpa
infanticida de Layo lo expuso a ser vengado? ¿No será que
Yocasta se casó con Edipo por compensación a su insuficiencia
como madre; a su anempatía materna?
Estas y muchas otras reflexiones debe de haberse estado haciendo Freud
durante su autoanálisis prototípico, en el que él
fue el primer paciente y el primer analista de sí mismo, a nivel
subjetivo. Por supuesto que con el correr del tiempo y ante los nuevos
enigmas de salud mental, ha cobrado vigencia lo intersubjetivo, la experiencia
selfobject, la indisoluble unidad que forman el observador y lo que
se observa; el diálogo empático y la unidad terapéutica
básica que constituyen la comprensión y la explicación
interpretativa. Esto al menos dentro de la psicología del self;
otras corrientes psicoanalíticas también están ofreciendo
nuevas terminologías.
En cada interacción humana, como lo es la díada psicoanalítica,
lo más conveniente es que se confronten constantemente los principios
organizadores (prejuicios) del analista y del paciente; y también
los mitos personales que codeterminan respectivamente la contratransferencia
y la transferencia de ambos; y su correspondiente ballet. El ballet
analista-paciente sólo se da al compás de la empatía
y quien lo inicia y lo regula es el analista. Su empatía se apoya
como ya antes indiqué, en la co- (contra) transferencia y ésta,
a su vez se asienta en el mito personal que deriva de los prejuicios (principios)
que organizan las vivencias psíquicas del analista para construir
su propia imagen autobiográfica, en términos de un personaje
mítico. En Freud este personaje fue en un principio Edipo; después
asumió también a Narciso; y finalmente pienso que Freud
más bien se centró en Moisés. En la actualidad Kohut
nos legó a Odiseo; y yo soy de los que a veces lo invoco para trabajar,
junto con Quetzalcóatl.
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Epílogo
Quiero concluir mi
comunicación con mi respuesta personal a estas tres preguntas nada
más. Por lo que acabo de discernir en mis breves tópicos
1) ¿será entonces que las contratransferencias de los analistas
que trabajan sólo freudianamente se caracterizan por la personificación
del Edipo triunfador en la cotransferencia y del Edipo inconscientemente
parricida-incestuoso en la contratransferencia? 2) ¿Es entonces
también cierto que el analista que trabaja con psicología
del self se despliega en la contratransferencia como Odiseo cuando
es empático y en la contratransferencia como Narciso cuando es
anempático? 3) ¿Es por cierto el mito personal el principio
o prejuicio fundamental, aunque no el único, que organiza la transferencia,
la contratransferencia y la cotraferencia? Mi respuesta por supuesto que
es SÍ.
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Resumen
En cuatro breves tópicos, una introducción y el epílogo,
el autor se propone sostener teóricamente la tesis de que así
como el mito personal de Kris se despliega en la transferencia,
también opera recíprocamente el mito personal
del analista en su contratransferencia y en su cotransferencia. La finalidad
es contribuir al mejoramiento del trabajo clínico psicoanalítico.
Para el efecto se discute en los cuatro tópicos lo siguiente: En
primer lugar el concepto de mito personal transferencial, incluyendo
el concepto original de Kris y la discusión que del mismo se realizó
en Delfos. En segundo lugar el enfoque del mito personal desde la
psicología del self, de acuerdo con las ideas de Wolf. En
tercer lugar se aborda la contratransferencia desde la psicología
del self, particularmente su enfoque intersubjetivo y la teoría
del círculo hermenéutico. Se introduce el término de
cotransferencia como alternativa del de contratransferencia. Aquí
es donde el autor explica la mitopoiesis del mito personal que se despliega
en la cotransferencia y en la contratransferencia. Y finalmente en el epílogo
el autor termina contestando con un categórico SÍ, a las tres
preguntas que en la presente comunicación se plantea así mismo.
Palabras clave: Mitos personales, contratransferencia. |
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Summary
In four brief topics, an introduction and the epilogue, the author intends
to sustain theoretically the thesis that as well as the personal
myth of Kris spreads in the transference, it also operates reciprocally
the personal myth of the analyst in his countertransference
and in his cotransference. The purpose is to contribute to the improvement
of the psychoanalytical clinical work. For the effect the following is
discussed in the four topics: In first place the concept of transferential
personal myth, including the original concept of Kris and
the discussion that of itself was carried out in Delfos. In second
place the focus of the personal myth from the psychology of the self,
in agreement with the ideas of Wolf. In third place the countertransference
is approached from the psychology of the self, particularly its
intersubjetive focus and the theory of the hermeneutic circle. The cotransference
term is introduced as an alternative of that of countertransference. Here
the author explains the mitopoiesis of the personal myth that
spreads in the cotransference and in the countertransference. And finally
in the epilogue the author finishes answering with a categorical YES,
to the three questions of the present communication.
Key words: Personal myths, countertransference.
Recibido 7 de marzo
de 2001, revisión recibida 31 de mayo; aceptado para su publicación
20 de junio de 2001.
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(supra), pp. 89-110.
1 Ponencia leída
en el panel Los Mitos en el Campo Psicoanalítico del
XXI Congreso Latinoamericano de Psicoanálisis, celebrado en Monterrey,
N. L., en julio de 1996.
Coordinador de IPA STANDING CONFERENCE ON MYTHS. Psicoanalista
Miembro Vitalicio, didáctico y expresidente de Asociación
Psicoanalítica Mexicana, tel. 5520 31 36
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