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De la pulsión sexual a la pulsión de vida (Eros) en la obra de Freud1 Juan Vives Rocabert* e-mail: jvives@data.net.mx |
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| Junto
con el concepto del inconsciente y la teoría del conflicto psíquico,
la doctrina de las pulsiones tiene una trascendencia nuclear dentro de la
metapsicología. De ahí la importancia de su sistematización,
ya que su teorización pasa por tres momentos bien definidos dentro
de la obra freudiana, cambios en los que se opera una transformación
radical no sólo del concepto mismo de pulsión, sino que estos
cambios conmueven radicalmente los postulados de la propia teoría
metapsicológica. Hablamos de tres momentos ya que consideramos que
entre la primera (pulsiones sexuales y pulsiones del yo) y la segunda doctrina
(pusiones de vida y pulsiones de muerte), las modificaciones introducidas
en su estudio sobre el narcisismo (libido yóica y libido objetal)
se corresponden con aspectos teóricos que van más allá
de la descripción de las distintas depositaciones de la libido. Como
veremos, el que la libido catectice al yo o los objetos es el primer cuestionamiento
acerca del destino de descarga postulado por el punto de vista económico
de la metapsicología observaciones adelantadas, es verdad,
desde mucho antes (El Proyecto... y La interpretación de los sueños),
donde ya se concibe al deseo como investidura libidinal de la representación
psíquica de la experiencia de satisfacción. Asumimos al término pulsión como una buena aproximación al vocablo alemán Trieb, que ha sido traducido al castellano indistintamente por instinto, pulsión, pulsión instintiva e impulso instintivo, y al inglés como drive, instinct y urge en la Standard Edition de J. Strachey. Aunque Freud usó tanto Trieb como Instinkt, el segundo término fue escasamente empleado o estuvo referido a comportamientos fijos y heredados. Una de las características centrales del psicoanálisis es que nos ofrece una teoría de las pulsiones como explicación de la actividad psíquica y como fuerza estructuradora del aparato psíquico. Sin pulsión nos quedaríamos sin el elemento energético para explicar tanto el funcionamiento mental como la vida misma, por lo tanto es un concepto en el que se sostiene la metapsicología. Son los impulsos instintivos en interjuego dialéctico constante con los objetos, los que van formando el aparato mental del sujeto. |
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| Definición
de pulsión Si atendemos a la definición ofrecida por Laplanche y Pontalis (1968, p. 337) entendemos a la pulsión como un proceso dinámico consistente en un impulso (carga energética, factor de motilidad) que hace tender al organismo hacia un fin. Según Freud, una pulsión tiene su origen en una excitación corporal (estado de tensión); su fin es suprimir el estado de tensión que reina en la fuente pulsional; gracias al objeto, la pulsión puede alcanzar su fin. |
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| Desarrollo
del concepto de pulsión en Freud A pesar de que Laplanche y Pontalis mencionan que el término pulsión no aparece en la obra de Freud antes de 1905, y emerge un tanto tardíamente en los Tres ensayos... de ese año, el hecho es que encontramos el uso de este concepto a partir de 1894 en las cartas y Manuscritos que Freud anexaba en sus cartas a Fliess, en el Proyecto... de 1895 y en La interpretación de los sueños de 1900. Concretamente, la primera mención aparece en el Manuscrito G, dedicado a la melancolía; aunque los precursores del término aparecen en distintos lugares de la correspondencia, donde se hace referencia a los afectos sexuales y a las excitaciones endógenas. De esta manera nos encontramos con la carta del 21 de mayo de 1894 en la que aparece un Freud entusiasmado por tener la sensación de haber tocado uno de los grandes misterios de la Naturaleza,2 es decir, por haber atisbado sobre la etiología de las neurosis y su relación con los llamados afectos sexuales. En estos momentos puede reconocer tres mecanismos: 1) la transformación del afecto (histeria de conversión); 2) el desplazamiento del afecto (ideas obsesivas); 3) el trueque de los afectos (neurosis de angustia y melancolía). En todos estos casos sería la excitación sexual la que experimenta tales transmutaciones.3 Es claro que Freud concibe a las neurosis como derivadas etiológicamente de una desafortunada vicisitud de los afectos sexuales. Un poco más adelante, en este mismo escrito, nos aclara que el término afecto sexual debe comprenderse, naturalmente, en su sentido más amplio, como una excitación de cantidad definida.4 El Manuscrito D,5 probablemente un anexo de la carta anterior, nos muestra una clasificación de las neurosis y un esbozo teórico sobre su etiología, donde se hace mención tanto de una teoría de la constancia, como de una teoría de la sustancia sexual. Muy poco tiempo después, en el Manuscrito E que versa sobre la angustia, aborda directamente el problema de las neurosis como resultado de un incremento de las excitaciones endógenas término que utilizará posteriormente en el Proyecto... y que desemboca en el concepto de pulsión cuya fuente reside en el propio cuerpo (hambre, sed, instinto sexual).6 En este documento distingue, además, entre tensión endógena física y tensión endógena psíquica, con lo que establece por un lado el territorio de las neurosis actuales, derivadas de la acumulación de la primera (como es el caso de la neurosis de angustia), y por el otro el área de las psiconeurosis aunque en este momento el cuadro clínico mencionado es el de la melancolía, producida por un gran incremento en el anhelo de amor, que ha quedado insatisfecho. Otro aspecto fundamental apenas iniciado en este Manuscrito E se refiere al hecho de que la tensión endógena puede crecer en forma continua o discontinua, pero tanto en uno como en el otro caso, solo puede ser percibida, es decir, llegar a la conciencia, una vez ha alcanzado cierto umbral, o sea, cierta acumulación cuantitativa. Sólo por encima de dicho umbral es elaborada psíquicamente y entra en relación con determinados grupos de ideas, que organizan entonces la reacción específica. En otros términos: una vez que ha alcanzado cierta magnitud, la tensión sexual física despierta la libido psíquica, que desde allí conduce al coito, etc.7 Se trata, entonces, de una de las primeras descripciones de la pulsión aún bajo la denominación de excitación endógena como límite entre lo físico y lo psíquico, y de que dicha fuerza es el motor del psiquismo y de toda posibilidad de acción futura. Incidentalmente mencionaremos también que en este manuscrito aparece el problema de la tensión física acumulada que no puede formar afectos sexuales por existir una insuficiencia en las funciones psíquicas y, consecuentemente, no poder ser ligada psíquicamente, dando lugar a la angustia. Aunque Freud relaciona este estado de cosas con la neurosis de angustia, de hecho está rozando el fundamental problema de los padecimientos llamados psicosomáticos, caracterizados, justamente, por esa incapacidad del aparato mental de dar una forma simbólica psíquica a ciertos contenidos afectivos, es decir, a determinados derivados pulsionales. En el Manuscrito G es interesante hacer notar que Freud comienza a hablar ya directamente de la pulsión en un área que, justamente, está referida a un tipo de cuadro clínico la melancolía que se caracteriza por una depleción o carencia pulsional. De hecho, Freud se refiere a este cuadro diciendo que en la melancolía probablemente se trate de alguna perdida: una perdida en la vida instintiva del propio sujeto.8 Lamentablemente, la muy cuestionable traducción al castellano de José Luis Etcheverry quien cada vez traduce peor nos habla primero de una pérdida, producida dentro de la vida pulsional9 en su versión de las Obras completas, y luego se rectifica a sí mismo para ofrecérnoslo como una pérdida en la vida querencial10 en su traducción a las Cartas a Wilhelm Fliess; esta última versión no hace justicia al término Triebleben que puede entenderse mejor y con ventaja como vida instintiva como lo hace López Ballesteros. Por su parte, Strachey lo traduce como a loss in instinctual life,11 texto que se repite en forma idéntica en la traducción que J.M. Masson hizo más adelante a la versión completa de la correspondencia Freud-Fliess.12 Dado que la melancolía está provocada por una pérdida de la vida pulsional, no nos extraña que con frecuencia se manifieste clínicamente como una anestesia y que, dado que se trata de una pérdida, el afecto dominante en este tipo de cuadros sea el de duelo. La melancolía consistiría en el duelo por la pérdida de la libido.13 Más adelante, al escribir los Tres ensayos..., Freud plasmará la definición de libido como la energía psíquica específica de las pulsiones sexuales. Cuando esta energía psíquica cesa o falta, el sujeto se deprime, cae en un cuadro melancólico y puede terminar suicidándose; en otras palabras, desde este primer escrito, la pulsión está caracterizada por aquello que energiza al psiquismo, lo que le mueve y motiva, como algo sin lo cual la vida deja de tener sentido y valor. Otro aspecto conectado con el anterior es la relación de la pérdida de la vida pulsional y la aparición de dolor. En este Manustrito G, Freud establece que la melancolía ocurre gracias a una inhibición psíquica con empobrecimiento instintual, y el dolor consiguiente.14 Etcheverry traduce este texto como una inhibición psíquica con empobrecimiento [pulsional15] querencial y dolor por ello.16 Más adelante Freud nos explica, en una terminología muy cercana a la del Proyecto..., que cuando un grupo sexual psíquico sufre una pérdida muy considerable en la magnitud de su excitación, ello lleve a una especie de invaginación en lo psíquico [una contracción en lo psíquico, traduce Etcheverry17] que ejercerá un efecto de succión sobre las magnitudes de excitación vecinas.18 Es casi inevitable no remitirnos a pensar en la semejanza entre lo mencionado por Freud y algunos conceptos de la física moderna, ya que lo descrito en este Manuscrito G es un auténtico agujero negro de lo psíquico. Las neuronas asociadas dice Freud se ven precisadas a ceder su excitación, lo cual produce dolor. Y agrega que la disolución de asociaciones siempre es dolorosa. Como si fuera por hemorragia interna, prodúcese un empobrecimiento del caudal de excitación es decir, de la reserva libre que se hace sentir en los demás instintos [otras querencias, dice Etcheverry] y funciones. Este proceso de invaginación tiene acción inhibidora y actúa como una herida, de manera análoga al dolor (véase la teoría del dolor físico [en el Proyecto...]).19 Un poco más delante de este mismo Manuscrito G, Freud nos deja saber que encuentra semejanzas entre este proceso y la neurastenia donde se produce un empobrecimiento muy análogo, debido a que la excitación se derrama [escurre], en cierto modo, como por un orificio, pero es este caso es derramada la tensión sexual somática, mientras que en la melancolía el drenaje se produce en lo psíquico.20 Como podemos ver hay en lo anterior al menos tres puntos a destacar: a) la existencia de una energía la libido de la pulsión sexual; b) esta energía se explica en su comportamiento dinámico siguiendo un modelo hidráulico; y c) se establecen algunas de las vicisitudes de esta energía, tratada conceptualmente como si de un fluido se tratase: vicisitudes hidráulicas que en el caso de la melancolía transitan por lo psíquico, mientras que en la neurastenia lo hacen en el terreno de lo físico. Pensamos que Freud no podía sustraerse ni permanecer ajeno a las fantasías de su tiempo, mitos populares que ponían en las sustancias sexuales en el semen, concretamente la fuerza vital que en el caso de ser desperdiciada por la masturbación excesiva, debilita al sujeto que, de esta suerte, queda empobrecido y debilitado. Lo mismo seguirá impregnando el pensamiento de Freud aún en épocas tan avanzadas de sus desarrollos psicoanalíticos como en Introducción al narcisismo de 1914, cuando describe el drenaje de libido que ocurre cuando ésta catectiza a un objeto externo, con el empobrecimiento yóico consecutivo; en contraposición con lo que ocurre cuando la libido narcisista catectiza al propio Yo. La clínica cotidiana, sin embargo, nos ofrece una y otra vez, ejemplos de lo contrario, pues la capacidad de amar y de dar es lo que provoca la mayor sensación de riqueza interna en los sujetos, mientras que la imposibilidad de dar y de amar hacen que el sujeto se viva vacío y empobrecido, por lo que con frecuencia es un estado que da pie al sentimiento de envidia. Pero siguiendo con las metáforas hidráulicas de Freud en su tratamiento del concepto de pulsión y de libido (como fuerza específica de la pulsión sexual), entendemos que los conceptos de orifico o agujero por el que se derrama o escurre la sustancia libidinal, como si de un líquido se tratara, enfatizan una metáfora que luego tendrá que ser corregida o tamizada cuando elabore la segunda tópica y la segunda doctrina de las pulsiones. El que un concepto energético como la libido sea tratado originalmente desde una metáfora que tiene que ver con el territorio conceptual de lo fluido, lo hidráulico, nos remite al concepto del liquido seminal que es en donde se apoya esa abstracción teórica denominada libido término para designar la energía de la pulsión sexual. Resulta lógico que Freud redactara su tan controvertido Proyecto de una psicología para neurólogos, anclado conceptualmente en una pretensión positivista de fundar la comprensión del aparato mental en términos neurofisiológicos. Con términos casi idénticos a los que ya habíamos visto en algunos manuscritos y cartas anteriores, Freud se refiere a los estímulos endógenos, también necesitados de ser descargados. Estos se originan en las células del organismo y dan lugar a las grandes necesidades: hambre, respiración, sexualidad. El organismo no puede sustraérseles, como lo hace frente a los estímulos exteriores21 y sólo pueden cesar bajo las condiciones de una acción específica. Estos estímulos endógenos constituyen la fuerza que provoca ese apremio de la vida al que se encuentra sometido el individuo, como se desprende de lo escrito en relación a las barreras de contacto que son más altas en el sistema de las neuronas psi que las barreras de las vías endógenas de conducción, por lo que hay un incremento constante de la cantidad que se almacena. Desde el momento en que la vía de conducción alcanza su nivel de saturación, dicha acumulación no tiene límite alguno. Aquí, psi se encuentra a merced de la cantidad, y de tal modo surge en el interior del sistema el impulso que sustenta toda actividad psíquica. Conocemos en esta fuerza de la voluntad, el derivado de los instintos [Trieb, en el original alemán].22 Pero, ¿cuál es la naturaleza de estas excitaciones endógenas que parten de las células del organismo? No hay duda nos dice Freud de que se trata de que los estímulos endógenos estarían constituidos en ambos casos por productos químicos cuyo número y variedad bien puede ser considerable.23 James Strachey nos recuerda que Freud persiguió durante toda su vida la posibilidad de encontrar una posible fundamentación química de su teoría de las pulsiones, particularmente en lo tocante a las pulsiones sexuales. De hecho, existen claras referencias al tema en el Manuscrito D y en la famosa carta 52 del 6 de diciembre de 1896.24 De cualquier manera, conviene recordar cuando abordemos el problema de la pulsión de muerte que los conceptos de Q endógena y de estímulos endógenos del Proyecto... son claros precursores del ulterior concepto de pulsión y están referidos a un origen corporal, biológico, que al ingresar al psiquismo lo hace a través de su representante-representación. En La interpretación de los sueños de 1900 hay una sola breve mención referida a la vida pulsional. En el capítulo VI consagrado a la elaboración onírica, al referirse a la representación simbólica de los sueños donde Freud nos ofrece nuevos ejemplos de sueños típicos, en un apartado nos advierte que ningún instinto [pulsión] ha tenido que soportar, desde la infancia, tantas represiones como el instinto sexual [la pulsión sexual] en todos sus numerosos componentes, y de ningún otro perduran tantos y tan intensos deseos inconscientes, que actúan luego durante el estado de reposo provocando sueños.25 Casi inmediatamente después de esta cita, reconoce que muchos sueños son bisexuales y gratifican tendencias homosexuales latentes del soñante. Esta observación es importante porque ratifica el hecho de que, para Freud, la pulsión sexual está formada por numerosos componentes lo que más tarde denominará pulsiones parciales. |
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Primera teoría
pulsional. La introducción
oficial del concepto de pulsión aparece en 1905, en
los Tres ensayos para una teoría sexual. En este trabajo
encontramos la primera definición formalizada de pulsión
como concepto límite entre lo biológico y lo psíquico:
Bajo el concepto de instinto [pulsión] no comprendemos
primero más que la representación psíquica [la agencia
representante, traduce Etcheverry26] de una fuente
de excitación, continuamente corriente o intrasomática,
a diferencia del estímulo producido por excitaciones
aisladas procedentes del exterior. Instinto [pulsión] es, pues,
uno de los conceptos límites entre lo psíquico y lo físico,27
para agregar más adelante que lo que diferencia a los instintos
[pulsiones] unos de otros y les da sus cualidades específicas es
su relación con las fuentes somáticas y sus fines.
La fuente del instinto [de la pulsión] es un proceso excitante
en un órgano, y su fin más próximo está en
hacer cesar la excitación de dicho órgano.28
Estos instintos o pulsiones dice Freud tienen una raíz
innata, aunque pueden sufrir vicisitudes que las dirijan hacia manifestaciones
perversas, hacia una neurosis o hacia la normalidad. |
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